martes, 7 de mayo de 2024

Senderismo en el Puerto de la Cruz. Tenerife. Ruta por el paisaje protegido de la Rambla de Castro.

 


Bosque de palmeras con la Casona de los Castro al fondo.

Muchos de los turistas que visitan el Puerto de la Cruz durante una semana, rara vez tiene tiempo para caminar por los alrededores pero para aquellos que se quedan durante algo más de tiempo, el senderismo se está convirtiendo en uno de los grandes atractivos de las islas Canarias, vayas donde vayas. Este invierno me sorprendió ver la gran cantidad de turistas extranjeros y nacionales que pateaban por los caminos de las islas visitando montañas, barrancos y playas lejanas. No hay mejor forma de conocer la belleza del paisaje de las islas, sin duda. Hoy os presento esta fácil excursión de un día completo desde el Puerto de la Cruz. Lejos del bullicio de la ciudad, esta ruta recorre un trozo de la escarpada costa de Tenerife por un camino bien señalizado y adecuado para todo tipo de caminantes. Son aproximadamente unos ocho kilómetros para ir y otros tantos para volver, así que lleva su tiempo y la mejor forma es hacerla despacio, disfrutando del paisaje y de las vistas del mar. La ruta recorre además un paisaje protegido con una flora muy variada, incluyendo uno de los palmerales más grandes de Tenerife. Tiene también otros puntos de interés como veréis en las fotos, entre ellos una finca de gran importancia histórica llamada La Casona, lugar de nacimiento de algunos personajes de relevancia de estas islas.

 


Vista en la ruta de la Rambla de Castro.



Desde el Mirador de los Roques.

La ruta comienza al oeste de la ciudad y se dirige a lo largo de la costa hasta el Mirador de los Roques, aunque puedes terminarla un poco antes, en la Casona, y hacer desde allí  el camino de regreso. Yo recomiendo la primera opción, ya que al lado de este mirador hay un buen bar donde puedes comer y refrescarte, de cara al camino de vuelta. El  sendero cruza al principio un par de urbanizaciones para continuar después por una zona rural bastante escarpada con numerosas subidas y bajadas hasta terminar en los terrenos de la hacienda “La Casona de los Castro” que desde principios del siglo XVI fue propiedad de Hernando de Castro, un comerciante portugués que participó en la conquista de la isla y al que la corona premió con tierras en esta parte de la isla. Durante varios siglos la haciendo siguió en manos de esta familia quienes se dedicaron al cultivo de la caña de azúcar, plátanos, vides y muchos otros productos, dado el disfrute de un importante manantial que suministraba agua todo el año. La finca tuvo varios molinos, bodegas y numerosos estanques, Sus habitantes disfrutaban de extensos jardines, miradores y albercas. Cerca se encontraba un pequeño fortín con varios cañones para su defensa. Por la finca pasaron varios intelectuales conocidos como Jules Leclercq, José Viera y Clavijo, Jean Mascart, etc. quienes describieron la hacienda como un lugar paradisíaco con preciosos jardines que se extendían hasta el mar. Así la describe el viajero galo Adolphe Coquet que la visitó en dos ocasiones: "En un rincón del terreno que desciende hacia el mar descubrimos una estancia deliciosa: la Rambla de Castro. Es un quinta completamente rodeada de palmeras y cuyos jardines, regados por las fuentes que manan de los bosques vecinos, siguen las mil vueltas de las cavidades en las que están en alguna manera suspendidos. Las terrazas unidas por desfiladeros estrechos que bordean los contornos del acantilado, dominan el precipicio; los manantiales brotan por todas partes, uniendo su dulce murmullo al ruido de las olas que vienen a morir a nuestros pies.”  

La casa pertenece en la actualidad al Cabildo de Tenerife y aunque se ha restaurado, poco quedan de aquellos famosos jardines paseos y miradores, pero el lugar rezuma naturaleza con una espesa vegetación de palmeras, dragos y tabaibas. Un poco más arriba de la Casona está la Ermita de los Roques y el mirador del mismo nombre. Hay buenas vistas del valle desde arriba.

 


Palmeral de la Casona.

Otro edificio de interés en esta caminata es el "Elevador de Agua de Gordejuela", un gran edificio abandonado, al lado del mar, que en 1903  construyó  la compañía Hamilton y en cuyo interior se instaló la primera máquina de vapor de Tenerife. El fin de la máquina era elevar el agua que existía en esta zona, procedente de los nacientes o manantiales cercanos, y elevarlos a más de 200 metros de altitud, para poder repartirlo entre las distintas fincas plataneras de la zona. La instalación, no duró muchos años en activo, pero impresiona ver la gran obra de ingeniería que supuso esta construcción. Os animo a hacer esta ruta si un día os encontráis en el Puerto y no tenéis otra cosa mejor que hacer. Espero que os gusten estas fotos.



Comienzo de la ruta. Playa de los Roques.


El principio de la ruta está al lado del gran hotel azul del fondo.


Hay que cruzar esta urbanización para seguir la ruta.


Pequeñas urbanizaciones y huertos al lado del mar.



Casas colgadas del barranco en el camino.



Cardonales cerca del camino.


Edificaciones del Elevador de agua de Gordejuela.


Un momento del camino.





Entrando en las tierras de la Hacienda de Castro, al fondo.


La Casona de los Castro entre palmerales.


Edificio de la Casona de los Hernández de Castro.





Del jardín de la casona apenas queda nada aunque se están restaurando algunas partes


La finca tenía un gran manantial y numerosas albercas para regar los cultivos.


Una de las nacientes de agua.


Palmerales en los alrededores de la casa.


Camino de la Hacienda hacia San Roque.


Un gran baniano en el camino de la hacienda.


Desde el Mirador de los Roques vista de otras haciendas entre cultivos de plataneras.


Parte de las fincas de la antigua Hacienda de los Castro.


Camino de regreso desde el mirador de los Roques.


Bosques de palmeras canarias en el camino de regreso.




De vuelta al Puerto de la Cruz.


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