lunes, 26 de julio de 2021

Viajes en el pasado: “Highlights” de un viaje a la India en 1994. Primera parte.

 



Un hombre conduce un camello en la avenida principal de la ciudad de Jaipur cuyo palacio es uno de los más hermosos del país.

En el verano del 94 el centro de la India era una espantosa caldera de humedad y calor. El taxi que me conducía en medio de la noche del aeropuerto al hotel, dejaba entrever oscuras avenidas atestadas de gente que dormían en la misma calle o en las medianas, entre arbustos requemados, vacas y basura. Nada de lo que había leído o imaginado se parecía a la realidad que me rodeaba. Todo era infinitamente peor. Tras deambular unos días por Deli intentando visitar algunos de los grandes monumentos de la ciudad y sudando a mares, no pude soportarlo más y me fui a una agencia de viajes para que me buscase un lugar más fresco donde aclimatarme antes de continuar con el viaje de dos meses que había planificado. El dueño de la agencia, muy avispado, me envió sin miramientos a Srinagar, Cachemira, en el avión del día siguiente. “Allí van siempre los ingleses para huir del monzón, me dijo. Es un lugar muy hermoso en medio de un lago. Te he buscado alojamiento en un barco de lujo durante tres días en el mismo lago”. Se le olvidó decirme que Cachemira estaban en estado de sitio y el lugar era extremadamente peligroso, pero la India siempre negó la larvada guerra de Cachemira. Simplemente no existía. El avión iba lleno de soldados y otros dos turistas tan despistados como yo. Un jeep del ejercito nos llevó hasta nuestros respectivos barcos anclados en el lago, donde quedamos encerrados durante tres días, hasta que conseguí salir con un muchacho coreano en un autobús rumbo a la región tibetana de Laddak.



Un shadu o hombre santo en la ciudad de Pushkar.
Así comenzó mi viaje iniciático a la India, uno de los más duros y difíciles que haya hecho nunca. Suele decirse que la India o la odias o te quedas enganchado para siempre. Yo la odié a muerte, si eso puede decirse de un país. Aun así, terminé mi viaje tal como lo había planificado y visité casi todos los sitios que tenía en mente visitar. No soy de los que dejan las cosas a medias. Hice todo lo que tenía que hacer e incluso estuve enfermo con una espantosa diarrea durante una semana, como casi todos los occidentales que viajábamos por el país en esa época. Regresé el último día de Agosto, agotado, con casi diez kilos de menos y la sabia determinación de no volver a poner los pies nunca jamás en ese país. Eso no lo he cumplido. El tiempo lo cura todo y he viajado a la India un par de veces en estos últimos años, pero la India del 2020 se parece muy poco a aquella de mi primer viaje. Muchos lugares de la India han mejorado exponencialmente desde entonces y, aunque aún hay mucha pobreza, la India es un país mucho más amable, limpio y atractivo que entonces. Incluso me he convertido en un fan de esa comida picante y llena de especies que odié con todas mis fuerzas en mi primer viaje. Hoy, con la distancia que da el tiempo, tengo que reconocer que el viaje estuvo lleno de experiencias magníficas e irrepetibles. Algunos de los lugares que fotografié entonces han cambiado para mejor, pero otros han desaparecido irremediablemente. El mundo cambia tan deprisa que ya nada es igual. Aquél viaje sirvió para aumentar mi resiliencia y mi capacidad para enfrentarme a situaciones difíciles y sobre todo para continuar mi experiencia y mi amor por los viajes visitando otros países y lugares del mundo hasta que el coronavirus nos dejó atados a nuestros lugares de residencia. Aún espero poder seguir viajando unos años más. Esa es mi gran ilusión en esta etapa de mi vida.

 


Un muchacho rema en una barca por el río Ganges cerca en la ciudad de Benarés.

Abajo. Mujeres dirigiéndose a un templo en Pushkar.




No voy a contar todo aquél largo viaje. A veces unas pocas imágenes pueden ayudar a visualizar las experiencias de un viaje mucho más que miles de palabras. La India es un país con una gran cultura y está lleno de imponentes monumentos de todas las épocas de la historia. Algunos son igual de magníficos o incluso mejores que cualquiera de los que podemos ver en Europa. A esto hay que añadir el enorme colorido de las ropas y lugares, así que todos coinciden que la India es uno de los mejores países para hacer fotos de este planeta. Los que veis son escaneados de diapositivas, así que la calidad no es muy buena. Además, he debido perder algunas, ya que no he visto fotos de algunos lugares que todavía recuerdo. Aun así, creo que merece la pena viajar, a través de estas imágenes, a la India de hace casi 30 años. Espero que os gusten.

Benarés, la ciudad de los muertos.



La ciudad de Benarés es la más sagrada de la India. Situada lado del Ganges, miles de personas esperan a la muerte cada días con el fin de ser cremadas en algunos de sus ghats y sus cenizas depositadas en el río sagrado.



Montañas de madera se almacenan cerca del río para las cremaciones. El olor a carne quemada impregna la ciudad y las orillas del río.


En aquella época lo extranjeros no podíamos visitar los lugares de las cremaciones y solíamos hacerlo desde barcas en el río.


Aquí conviven las vacas y la gente que realiza abluciones en el agua sagrada.


El transporte de leña para los crematorios es una tarea esencial para la ciudad.


Una barca con dos remeros me transporta río arriba en la fuerte corriente.




Gente realizando abluciones en el río.


Puerta de una de las miles de residencias donde miles de ancianos esperan la muerte.


Jaipur y Amber, la ciudad rosa.


Jaipur, la cuidad de piedra rosa, capital del Rajastan.





El palacio de los marajás de Jaipur es uno de los más conocidos del país.





Edificios e instrumentos de astronomía del marajá Jah Singh II dentro del palacio.


Vendedor de especies en el mercado.


Escena de mercado


Imagen característica de la India de entonces en el mercado de Jaipur. Desperdicios y vacas.



Los "rickshaw" de tracción animal o humana era el medio de transporte más común entonces. Hoy día casi todos están motorizados.



Fortaleza de Amber.


Interior de la fortaleza.


Está situada en las montañas, no lejos de Jaipur. Aquí pudieron resistir las incursiones de los sultanes mongoles de Deli.






Udaipur, en azul y blanco.


Palacio Jahg Madir en medio del lago Pichola.


El gigantesco palacio de la familia real de Udaipur está considerado el mayor de toda India.





Alrededores del lago Pichola cerca del palacio de Udaipur.



El palacio Jagh Madir construido en mármol blanco parece flotar sobre el agua. Fue construido como palacio de verano y lugar de recreo de la familia real de Udaipur.



Agra, la belleza del Taj Mahal.


El Taj Mahal, construido por el emperador Sha Jahan como tumba para su esposa preferida es sin duda el edificio más hermoso del mundo. 



El mausoleo está en medio de un enorme jardín y rodeado de una muralla con majestuosas puertas de entrada en piedra roja y mármol blanco. El conjunto es espectacular y grandioso. 


Alrededor de todo el conjunto se extienden parques y lagos bastante abandonados entonces. El recinto es tan grande que el mausoleo llega a parecer una perla flotando en medio del espacio.



Desde este balcón en el fuerte de Agra el emperador pasó sus últimos años contemplando el mausoleo de sus esposa. Uno de sus hijos, Aurengzeb, le encerró aquí hasta su muerte.



Interior del fuerte de Agra.


Una pareja de bueyes arrastra una segadora manual en frente del Tah Mahal.


Jodhpur, la puerta del desierto del Thar.


La fortaleza de Jodhpur es espectacular.



Interior de la fortaleza.


La ciudad se extiende a los pies de la fortaleza. Las casas pintadas de azul pertenecen a la casta Brahmin.








Al fondo se contempla el nuevo palacio del maraha, construido a principios del siglo XX.




El palacio se ha transformado en la actualidad en uno de los hoteles más lujosos de la India. 




Mausoleo Jaswant Thada construido en memoria de este marajá por su hijo en mármol blanco.


Mausoleos de alguna de sus esposas que probablemente practicaron el "Sati" la inmolación ritual en la pira funeraria del esposo.

Pushkar, la lágrima de Brhama.


Situada a orillas del lago del mismo nombre es una de las ciudades más sagradas de la India.


Peregrinos entrando en un templo.



Procesión ritual.
 


Escena del mercado.


Paisaje alrededor de la pequeña ciudad.



En las afueras de la ciudad de Puskar.