domingo, 16 de septiembre de 2018

Isla de Sulawesi, Indonesia. 2012. Caminando por el territorio de los “Tana Toraja”


Muestra del carácter artístico de los Tana Toraja en la decoración de una casa tradicional.

Los Tana Toraja son una de las culturas más interesantes de todo el continente asiático. Asentados desde tiempo inmemorial en el centro montañoso de la isla de Sulawesi, muy lejos de la costa, construyen casas con enormes tejados que semejan barcos y que para muchos son la muestra de su lejano origen en alguna otra isla de la que debieron huir. Lo cierto es que nadie sabe de donde provienen y parece que, según excavaciones arqueológicas, llevan bastante más de mil años asentados en estas montañas. Son, además una de las pocas culturas con creencias animistas que quedan en Asia y, a pesar de que los misioneros cristianos han convertido a muchos de ellos, siguen manteniendo y transmitiendo sus costumbres ancestrales de generación en generación, entre ellas sus creencias y ceremonias relacionados con el paso de la vida a la muerte, unas de las más complejas de todo el planeta.
 
Campos de arroz y cultivos en terrazas.
 
Se podría decir que los Tana Toraja son una de los pocos grupos culturales animistas que mantienen una enorme pujanza en el mundo actual, con cerca de medio millón de personas viviendo en Sulawesi y tal vez otros tantos o más en países extranjeros. Parte de este éxito se debe a las fuertes conexiones familiares así como al factor redistributivo relacionado con los gastos de los funerales. Cuando muere uno de los miembros de la familia, esta debe gastar una enorme cantidad de dinero en los búfalos, cerdos y otros animales que se matan de forma honorífica para que acompañen al difunto a la otra vida, así como para los banquetes y rituales que tienen lugar durante los funerales, y que pueden durar varios días. Cuanto más rica sea una familia, mayor debe ser este gasto. Puesto que los animales son criados por los propios Tana Toraja, y alcanzan precios en dinero muy altos (de 2 a 10 mil euros por un búfalo), al final, los funerales contribuyen a redistribuir la riqueza entre toda la comunidad. Eso sin contar con  el dinero que aportan los que trabajan en otros países y que en muchos casos lo hacen para pagar los funerales de sus familiares. (Pondré una entrada más adelante sobre uno de estos funerales).
Las cornamentas de búfalos en la fachada de una casa muestran los animales sacrificados en el funeral de algún antepasado.
 

Pero esta entrada no va de funerales, sino de la belleza del paisaje en el que viven los Tana Toraja, de la que pude disfrutar, caminando con un guía, durante unos días, por sus pueblos, durmiendo en sus casas y visitando sus campos de arroz y sus mercados. No solo son una gente extremadamente amable y aparentemente feliz, sino que poseen un enorme sentido artístico y plástico tanto para la pintura como para la escultura. Sus casas y graneros son auténticas obras de arte y sus tallas de madera se exhiben en muchos museos del mundo.  Desde los 80 han aceptado también el mundo del turismo como una forma de obtener un dinero extra y de dar a conocer su cultura. Cuando yo los visité, el turismo todavía no era excesivamente intrusivo y en las aldeas te recibían con sonrisas y con mucha amabilidad, pero esto puede cambiar en el futuro si se masifica. La irrupción del mundo moderno está cambiando algo la fisonomía de las construcciones: los tejados ya se cubren con chapas de metal y no con paja como antes. Hay luz eléctrica en la mayor parte de las aldeas, y coches y motocicletas en algunos de ellos. También comienzan a verse iglesias anglicanas en algunos pueblos, pero aún queda mucho de su antigua cultura. Sus campos de arroz en terrazas son de una enorme belleza y las tareas agrícolas diarias siguen el mismo ritmo desde hace decenas de años. Aquí os dejo una muestra de ese paisaje.
 
Inicio del camino por diminutas carreteras y caminos. El terreno es fértil y luminoso.

Preparativos para un funeral en un pequeño poblado. Todo se hace de forma comunal.

Una iglesia cristiana destaca en el paisaje verde de campos de arroz.

Cementerio Tana Toraja en una pared de granito. Las tumbas se excavan en la misma roca.

En los balcones excavados en las rocas se exponen los "Tau-tau", figuras de piedra o madera vestidas que muestran los rasgos de los difuntos.

Un amplia colección de Tau-tau, algunos bastante recientes.

Vistas de uno de los valles.

En los pueblos más cercanos a la capital Rantepao, comienzan a aparecer construcciones no-tradicionales.

En esta casa vamos a pasar la primera noche, en la casita con corredor. La familia fue extremadamente amable.

Al atardecer caminamos por los campos de arroz de los alrededores del pueblo.

Mujer recogiendo espigas.

Vida diaria en un poblado tradicional.


Familias y niños bien alimentados y vestidos.


Una pequeña aldea con las casas tradicionales en forma de barco y los tejados ya de latón.

Gigantesca roca de granito con tumbas. En algunas ya se ven símbolos cristianos.

Campos de arroz y aldea tradicional al atardecer.


 
 
Un muchacho con su gallo de pelea. Como todos los indonesios criar este tipo de gallos es una afición muy común.
Niños comiendo dulces de arroz.

Al atardecer los campos de arroz son de una gran belleza.



Yo preparado para el camino.



 Mi guía conversando con unas mujeres en el camino.


Las motocicletas transportan casi todo en estas zonas.



 Otro poblado tradicional donde ya comienzan a aparecer casas de tipo cuadrado, más prácticas y fáciles de construir.


Construcción de una nueva casa tradicional. Una tarea difícil y supongo que muy costosa.


En este poblado de aspecto muy antiguo, por sus tejados de paja,  pasamos otra noche.


Mujer preparando el arroz para introducir en el granero.


Una niña colocando arroz en un granero decorado con motivos geométricos.

 

Una mujer tejiendo.


 Aquí encontramos otro par de turistas que van a pasar la noche en el poblado.


Mi habitación en una de esas casas tradicionales. Parece la sala familiar con todos esas fotografías y recuerdos.


Visita a un pujante mercado donde se venden cientos de búfalos y cerdos para los funerales.


Esos cerdos no están muertos sino dormidos . Se atan así para transportarlos pacíficamente, o al menos así parece.


A los Tana Toraja les gusta comprar vivo casi todo lo que comen.





 Un cerdo dormido para su transporte.


Este muchacho sujeta un búfalo albino todavía joven. Los de ojos azules pueden llegar a alcanzar un precio de 20.000 euros o más. Una cifra astronómica que solo muy pocos pueden pagar.


 Las proteínas pueden venir de cualquier parte. ese muchacho vende murciélagos para poner a la parrilla.


 Muy lejos del mar también hay pescado, para que nada falte.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Jardin Botánico Tweechol en Chiang Mai, uno de los mejores jardines privados de Asia.

Paisaje de Tweechol: animales en topiaria, palmáceas, y el rojo contundente de la Salvia Splendens
 
Chiang Mai, llamada la “Rosa del Norte”  de Tailandia, es una de esas ciudades donde uno se encuentra a gusto de inmediato. Su pasado histórico como capital del reino “Lanna” hasta el siglo XIX y su agradable clima, la convierten, al menos para mí, en la ciudad más interesante de todo el país. Chiang Mai conserva decenas de monasterios, templos y edificios históricos y, en sus alrededores, algunos de los paisajes de montaña más hermosos que uno pueda ver en toda Asia. Cerca de la ciudad está el “Jardín Botánico Reina Sirikit” el mayor centro de investigación botánica del país y del que hablaré en otra ocasión, pero mi sorpresa fue encontrar, casi por casualidad, en la carretera hacia Doi Saket, este “Jardín Botánico Tweechol”, un jardín privado, poco conocido, y que me impresionó por ser la labor casi en exclusiva del Sr. Tweesackdi Sesaweech y su mujer Chalarng. A veces los sueños de dos personas valen más que todo el poder del estado, el que sea.

El Sr. Tweesackdi, un funcionario jubilado del ministerio de Agricultura, comenzó con una granja de vacas lecheras y poco a poco, siguiendo su pasión por la jardinería, terminó convirtiéndola en un jardín de considerables dimensiones (46 hectáreas) con una de las mejores colecciones  de plantas del país. El jardín, abierto al público desde 1997, cuenta además con varios pequeños museos, viveros para la exportación de plantas, un pequeño zoológico, plantaciones de agricultura bilógica, un hotel y restaurante de bajo impacto medioambiental, instalaciones deportivas y, siguiendo su incansable labor, está construyendo en estos momentos un Museo etnológico de la cultura Lanna. Imposible pedir más.
Interior de una de las esferas geodésicas.
Como todos los jardines asiáticos, llama la atención el gusto un poco excesivo por la “jardinería topiaria”, y aquí está representada por todo tipo de animales  que vuelan, nadan o caminan entre la vegetación. También los colores fuertemente contrastados en las plantaciones de flores. La abundancia de “Palmáceas” con más de 150 especies de todo el mundo. Tampoco pueden faltar los jardines de Orquídeas, Cactáceas, Bromelias y otras plantas que crecen en el trópico. El agua juega un papel fundamental en estos jardines también, con abundantes lagos y cascadas. Unas esferas geodésicas, muy ingeniosas y de bajo coste, guardan en su interior auténticos ecosistemas tropicales. Quizás lo más interesante sean sus gigantescos viveros de todo tipo de plantas tropicales, incluidas las orquídeas: el olor del  perfume de las plantas tropicales llega a ser tan fuerte que puede incluso marearte. La mano del Sr Tweesackdi está detrás de cada plantación y de cada piedra que mandó traer de lugares lejanos para su decoración. Se nota además el interés didáctico de todo el conjunto, y en mi paseo me encuentro con varios grupos de alumnos que parecen pasárselo en grande. Hay incluso un camping para que puedan alojarse los que vienen de lugares lejanos. También se pueden utilizar bicicletas para recorrer el jardín. En conjunto, este jardín supera con mucho a jardines botánicos de renombre con grandes presupuestos a cargo de países o instituciones.
Orquídea.
 
 
 
Un equipo de 58 jardineros mantiene todo en perfecto estado. Si a esto añadimos el resto de empleados en el hotel, restaurantes, zoológico, granja, etc. estamos hablando de una gran empresa creada en apenas 20 años y que, además, supongo, debe producir beneficios, ya que la actividad parece constante en todos los lugares del conjunto. Uno puede pasarse todo el día recorriendo el jardín y empapándose de la botánica tropical, con una tranquilidad y un relajo absoluto, ya que, al menos hoy,  hay pocos visitantes. Sin duda un lugar sorprendente para recomendar a cualquiera que tenga interés por la jardinería y la botánica. Espero que os gusten estas fotos.
Macizo de Zingiber zerumbet.


En los jardines se utilizan piedras naturales de grandes dimensiones entre los macizos y topiaria.



Fuente y arbustos recortados.
Esfera geodésica en el jardín tropical, helechos y bromelias.

Bromelias y Alocasias.

Interior de una de las esferas con cascadas, peces y un equilibrado ecosistema tropical.



Interior con Helechos, Bromelias y Begonias.
 
Jardín de cactus y plantas crasas bajo una carpa metálica.

La perfección y cuidado de las plantas es asombroso.

Jardines y viveros de orquídeas de dimensiones gigantescas.

Las orquídeas cuelgan de cestillos simulando su ambiente natural
Orquídea de gran tamaño

Vivero de bromelias.

Viveros con plantas para la venta: Begonias, Anturios, Bromelias, etc.



Entrada a los viveros de plantas decorativas.

 
Jardín de Palmáceas.

Dos rinocerontes se dirigen a beber en el lago. En general los animales de topiaria está tan integrados en la vegetación del jardín que no resultan intrusivos.

Isla y puente oriental. Al fondo se pueden ver animales prehistóricos en topiaria.

Pirámide metálica en medio del jardín de Cactáceas.

Arbustos de Clerodendrum al lado de llamativas palmeras.

Entrada a uno de los museos con arbustos recortados e Impatiens en flor.

Centro etnológico de la cultura Lanna. Hall en forma de templo.

Poblado típico del norte de Tailandia con casas de madera de teka.

 
En torno al gran lago: animales de todo tipo y arbustos recortados de Ixora.

Una muestra del zoológico.