lunes, 9 de diciembre de 2019

Últimos destellos de color y tareas de otoño en la Barrosa.


La "Nadina domestica" don sus bayas de color rojo son un destello de color durante todo el invierno.
 
Noviembre se ha convertido en uno de los meses más lluviosos del año aquí en el norte y ciertamente el agua ha sido una bendición para arroyos y fuentes, y también para el jardín de la Barrosa. A pocos kilómetros de aquí, arriba en las montañas, la temporada de esquí ha comenzado a tiempo, por primera vez desde hace bastantes años, lo que ha acarreado un montón de beneficios para los negocios de la zona. Me alegro por ellos y porque es un destello de vida para los pequeños pueblos de esta zona. Justo cuando se celebra en Madrid las Jornadas sobre el temible cambio climático, aquí parece “engañosamente” que el clima nunca ha sido tan “normal” como el de estas últimas semanas: frío, lluvias y nieve. Lo normal en la época que estamos.
 
La niebla transforma el paisaje de otoño con sus capas de gasas envolventes.
Cuando la lluvia me da un respiro, persigo con mi cámara los últimos destellos de color en el jardín. Me gusta este jardín de invierno casi tanto como el de verano. Los colores son mucho más sutiles mientras la niebla juega a crear nubes ligeras  sobre los prados y los bosques. La caída de las hojas permite contemplar el pueblo un poco más abajo, los tejados de color rosado viejo sobresalen entre las ramas de los árboles y, a lo lejos, los bosques tienen todos los matices del ocre viejo y un poco de dorado. El agua de la lluvia forma burbujas translucidas que se quedan pegadas a los frutos carmín de la Nadina y cuelga de las ramas de los arces como un barniz invisible. Algunas hojas amarillas aún perduran en los arbustos, en la Parrotia pérsica o en las hayas. Las cabezas de las Hortensias tienen un gran interés, así como las ramas desnudas y cubiertas de líquenes de muchos de los frutales. Hay mucho más color del que uno imagina en un jardín de invierno.
La "Parrotia pérsica" es el último árbol en dejar caer sus hojas.
 

Es hora de ponerse a trabajar y dejarse de tanta contemplación.
Mis tareas de otoño:
Algunos destellos de color de los arbustos.
1.       Montañas de hojas caídas: una parte importante las voy colocando sobre los parterres y  alrededor de los arbustos, o cubriendo las matas de plantas Vivaces y protegiendo las plantas bulbosas, incluidas las Dalias, de las heladas. Otra parte importante irá al compostador. Cuando hay demasiadas y están secas, las trituro con los cortacéspedes y es un buen alimento para el césped.
 
2.        Plantación de Bulbos. Siempre añado algunos bulbos nuevos en esta época, especialmente Tulipanes, Allium y  Narcisos. Es el mejor momento para plantar los bulbos de primavera. Los de verano pueden esperar.
 
 
3.       Esquejado y protección de plantas que no soportan las heladas. Es hora de guardar en el invernadero algunas de las plantas que no soportan las heladas. La mayoría, plantas en macetas: cítricos, algunas plantas crasas, geranios, salvias, etc. Hace unas semanas planté esquejes de algunas salvias (Farinácea, Amistad, etc.)  que algunas veces sobreviven al invierno y otras no. También es buen momento para plantar esquejes de arbustos y rosales. En una semana plantaré algunas semillas de plantas Vivaces que necesitan el frío para germinar. Si las pones al exterior es importante cubrir bien con una capa de gravilla para que la lluvia o los pájaros no las remuevan.
 
 
4.       Retirar los platos de todas las plantas en macetas sino se pudrirán durante el invierno. Lavarlos y colocarlos en un lugar seco. Durarán muchos más años.
 
Las cabezas secas de las Hortensias mantienen todo su atractivo durante el resto del invierno.
 
5.       Poda: la poda es una tarea que me lleva bastante tiempo y que suelo comenzar antes de navidad y luego concluir a principios de primavera. En esta época suelo podar todos los arbustos de hoja perenne o los recortados en forma de topiaria con el fin de que la nieve no los destroce (entre ellos los Magnolios de hoja perenne o los de la familia del Laurel). También suelo hacer una pre-poda de algunos Arces japoneses jóvenes, con el fin de eliminar parte de las ramas y evitar la rotura o desgajo por la nieve. De la misma manera suelo eliminar algunas ramas de arbustos y árboles de floración primaveral para concluir  la poda después de la floración. También elimino las ramas de las Dalias y algunas otras vivaces de ramas débiles con el fin de cubrirlas con hojas de cara a las heladas.
 
6.       Retirada de palos y estructuras de sujeción de plantas Vivaces. Colocación de cuerdas de cáñamo o yute en torno a algunos arces o arbustos de ramas frágiles de cara al invierno.
 
7.       También es el mejor momento para cambiar arbustos de sitio o eliminarlos, árboles de tamaño pequeño o algunas plantas Vivaces (Hemerocallis, Agapantos, Hostas, Iris, etc). También para plantar  árboles o arbustos nuevos.
 
Recoger las hojas caídas es una tarea placentera y muy productiva.
Creo que estas son algunas de las tareas más comunes en el jardín estos días. Está claro que cuidar de un jardín implica un trabajo casi permanente durante unas pocas horas al día o el fin de semana. Ciertamente es una buena forma de hacer ejercicio físico en contacto con la naturaleza y, a la mayor parte de las personas que nos gusta la jardinería,  no nos resulta molesto sino todo contrario.  Es nuestra forma de crear belleza y contribuir al mantenimiento del único lugar que conocemos donde podemos vivir y prosperar.
La caída de las hojas deja ver las casas el pueblo con sus chimeneas humeantes.



Las hojas secas cubren las plantas Vivaces en los parterres.

Los arbustos de hoja perenne mantienen la estructura del jardín en invierno y añaden color y textura.



El estanque es un amasijo de hojas de Bergenias y otras plantas que sirven de refugio a los peces.


Estas plantas Herbáceas mantienen su interés especialmente ahora en invierno

Abajo se puede ver el pueblo que hasta ahora parecía oculto.

Gotas de lluvia en las bayas de la Nandina.





Las bolas granate de los Berberis contrastan bien con los Acebos ornamentales y Evonimus
Las bayas del Cotoneaster tan solo duran hasta que las descubran los pájaros.

Los troncos desnudos de nogales y abedules destacan ahora en la luz invernal.



 En el huerto aún no he comenzado el trabajo de limpieza.





Algunas hojas doradas y los troncos de los árboles ocupan ahora el lugar de las flores.





Ilex Aquifolium "Ferox Argentea", es uno de los mejores acebos para llenar de color y estructura un rincón de invierno.







Es hora de trasladar al invernadero algunas plantas, y ya está a rebosar.


Ese helecho es una Cyathea cooperi, un helecho arborescente. Lo traje este verano de Madeira y medía apenas cinco centímetros.


También vino de Madeira este "Geranium maderense" y era diminuto.  Espero que florezca la próxima primavera y entonces podré mostrároslo.
 
 

lunes, 2 de diciembre de 2019

Otoño tardío en el bosque de Peloño.


Hayas (Fagus sylvatica) en el bosque de Peloño.
 

Hacía varias semanas que teníamos planificado visitar el bosque de Peloño para contemplar el paisaje de otoño en toda su intensidad, pero las continuas lluvias y nevadas de estas últimas días retrasaron esta decisión hasta la pasada semana y, cuando al fin pudimos acercarnos, ya era un poco tarde, y la nieve cubría gran parte del paisaje, haciendo muy difícil caminar los doce kilómetros del recorrido y regresar de nuevo. Tuvimos que contentarnos con caminar unos pocos kilómetros entre la nieve y volver por donde habíamos venido. Aun así  creo que mereció la pena, ya que la nieve añade una nueva dimensión a las pocas hojas doradas que aún permanecen en las ramas de los árboles.

Numerosos arroyos cruzan el bosque.
 
El bosque de Peloño es uno de los mayores hayedos que aún quedan en Europa. Situado en el concejo de Ponga, cerca de la población de San Juan Beleño, su capital, es una reserva natural poco conocida y visitada ya que se encuentra  fuera de los circuitos clásicos en torno a Covadonga y Picos de Europa, y tal vez sea mejor así. Se calcula que unas 200 mil hayas conviven en un espacio natural de unos 15 kilómetros cuadrados, junto a robles, acebos y muchos otros arbustos típicos de la montaña asturiana. Situado a una altura media de unos 1.200 metros, es el hogar ideal de gran parte de la fauna común en estos lugares: oso pardo, lobo, urogallos, corzo, venado, paloma torcaz, etc. y si, también forman parte de la reserva un buen número de prados y pastizales que mantienen una buena cabaña ganadera. En Asturias, inevitablemente, el ganado tiene que convivir con los animales salvajes y, algunas veces, sobrevivir a ellos.

 

La visita a este bosque es relativamente fácil y se suele hacer a través de un antiguo camino carretero amplio y con poco desnivel. La ruta completa son unos 13 km. y hay que regresar por el mismo camino (otros 13 km de vuelta). Antes se podía hacer en un vehículo todo terreno pero ahora ya no, -muchos concejos de Asturias están tomando estas decisiones con respecto a pistas forestales y ganaderas para evitar la masificación de vehículos turísticos y de recreo- así que hay que caminar todo el trayecto. Está bien marcado y es casi imposible perderse. En la visita veremos gigantescas hayas cubiertas de líquenes que retiene la humedad, numerosas arroyos y cascadas, un sotobosque de acebos que a veces se convierten en verdadero bosque, prados y pastizales con algunas cabañas ganaderas y, dependiendo de la época, un buen número de vacas y caballos. Cuando la niebla lo permite veremos al fondo el gran macizo occidental de los Picos de Europa con Peña Santa de Enol de 2.476 m. de altura sobresaliendo sobre los demás. En el recorrido también se puede ver uno de los mayores robles vivos del país: el roblón de los Bustiellos, catalogado como monumento natural. Esta vez no llegamos hasta allí, pero prometo hacer otra visita a inicios de verano para ver la vegetación y floraciones de cerca.

Un pequeña aldea antes de llegar a Beleño.
 
De camino hacia Beleño se pueden ver numerosos pueblos y aldeas asentados sobre las fértiles laderas. Es asombroso ver lo bien que se conservan aún, y la belleza de sus casa de piedra en contraste con el verde intenso de los prados y el ocre dorado de los bosques. Aquí os dejo unas fotos para que disfrutéis de este paisaje.

Los colores del bosque ya comienzan a decaer.

Carretera hacia Beleño, la capital del concejo de Ponga

Casería con ganado en el concejo de Ponga.



Las montañas nevadas asoman sus cabezas detrás del bosque.


Aldeas entre campos de cultivo y prados, aún relativamente bien conservados.





Una vista de Beleño la capital del concejo.
Acebos en la subida hacia el bosque de Peloño.

Primeros prados en la entrada al bosque de Peloño. Al fondo el macizo occidental de los Picos de Europa.


A 1200 metros la nieve cubre los prados y caserías.
Un amplio camino carretero cruza el bosque durante la mayor parte del trayecto.




Muchos árboles están cubiertos de líquenes, debido a la humedad y son el mejor símbolo de que el bosque tiene buena salud.



Bosques de acebos.

El agua fluye constantemente por todas partes.


Algunas hayas aún mantienen la coloración otoñal de las hojas.

El contraste entre los líquenes y las hojas dorados es muy hermoso.

Majada a 1300 metros. Aquí la nieve ya es muy abundante y decidimos regresar.




A la vuelta, los Picos de Europa nevados se ven algo mejor.


De regreso, paramos a hacer unas fotos a las aguas del río Dobra que bajan de un verde esmeralda.



Puente medieval sobre el río Dobra, un afluente del Cares que baja de las montañas de Ponga.




La pureza de la aguas del deshielo y la coloración verde son un gran atractivo para este río.