lunes, 15 de abril de 2019

La Barrosa en Abril.


La nieve en las montañas justo cuando comienzan las floraciones de los frutales.

Uno no tiene más remedio que ir acostumbrándose a estos cambios climáticos repentinos tan comunes en estos últimos años, aunque es probable que la memoria nos mienta y “el tiempo” siempre han sido así. A un mes de Febrero cálido y seco siguió un Marzo inestable y frío, una vuelta atrás que dejó las floraciones de los cerezos a medio camino, y la nieve volvió cubrir las laderas de las montañas y a bajar considerablemente la temperatura en la Barrosa. Las cabezas de los narcisos tan abundantes y vistosas otros años esta vez han sido más escasas y poco productivas. En los últimos años he ido comprando diferentes variedades de esos narcisos de flor doble, tan elegantes y floríferos, pero creo que ha sido un error. Las lluvias y el viento tumban a menudo los tallos que no pueden soportar el peso de las flores dobles, demasiado grandes para ellos. La conclusión es que lucen poco y la mayor parte de las veces con las flores por el suelo. Por otra parte, uno no puede evitar la tendencia a cortar las ramas antes de tiempo –para dejar espacio a las plantas Vivaces-  con lo cual los bulbos no han acumulado la suficiente energía para las floraciones del año siguiente. Sí, los bulbos de narcisos y tulipanes siguen siendo un problema de difícil solución en los parterres mixtos, y no es fácil su combinación con otras plantas perennes. En los grandes jardines lo solucionan plantando nuevos bulbos cada año y eliminando los que ya han florecido, pero para el jardinero de casa eso no es viable ni económicamente ni a nivel de trabajo y esfuerzo.


Narciso de flor doble "Replete"

Las primeras Aguileñas en flor.
 El año pasado cultivé de semilla unas cuantas plantas de Aguileñas (Aquilegia vulgaris) y este año deberían florecer, ya que se ven fuertes y con muchos brotes, pero con el frío se han retrasado. Creo que es una perenne que se adapta bastante bien a este espacio y, tras la floración, las ramas mantienen una presencia bastante digna durante el resto del año, especialmente en lugares con algo de sombra. En la Barrosa cada vez hay más sombra y ese es uno de los principales problemas de los jardines cuando alcanzan la madurez. Mantener el equilibrio entre los árboles base que ya tiene una cierta envergadura y los parterres de Vivaces es algo que requiere mucho conocimiento y yo no lo tengo, así que uno va dando tumbos entré ensayo y error. Ningún espacio del jardín es igual a otro y las plantas no crecen igual en todas partes. Mantener plantas de flor a la sombra es un auténtico quebradero de cabeza, no solo por la sombra en si, sino por las condiciones de humedad que varían en cada lugar del jardín. Si a eso añadimos unos veranos con temperaturas cada vez más extremas, y con escasez de agua, el problema se incrementa. Y la solución tampoco son las plantas de tipo mediterráneo que aquí crecen descoyuntadas y deformes, cuando no se mueren durante el invierno.


El lugar de un manzano arrancado por la nieve luce ahora un pequeño Acer plamatum.

De los destrozos de la nevada a destiempo del pasado Noviembre ya queda poco rastro. Hemos plantado algunos frutales nuevos y he injertado una docena de árboles rotos o con ramas quebradas. En algunos casos he realizado alguna cirugía a base tornillos en los troncos más grandes. Espero que sobrevivan. También han dejado espacio para otros árboles ornamentales y cuatro nuevos arces japoneses criados de semilla han ocupado el lugar de algunos frutales. En unos pocos años llenarán de color rojo carmín el otoño amarillo de los manzanos. Eso será un buen contraste, espero.
Aquí os dejo unas fotos de la Barrosa de estas últimas semanas.



Magnolio Liliflora "Nigra"

Peral en flor en medio del parterre central.

Mahonía aquifolia en flor.

Las Forsithyas llevan un buen tiempo en flor.



Círculo con brezos y Narcisos.
 
Mi única Camelia, escondida entre arbustos. Nunca se me han dado bien, pero esta parece haber encontrado su lugar.

Comienza la floración de la Glicinia. En mediod e un cuadrado de boje un Acer palmatum Dissectum "Green Globe"

Cerezos en flor con las montañas nevadas al fondo.

Cerezos en flor y en primer término Malus "John Downie"




Las floración del manzano ornamental "John Downie" es una de las más hermosas y duraderas.
Un rincón de la Barrosa.

Narcisus "Thalia"

Narcisus doble "White Marvel"

Mis primeros bulbos de Erythronium "Pagoda"

Ajuga reptans atropurpurea 
Cornus controversa variegata, Spiraea y un solo tulipan rojo.

Aucuba japónica con bayas rojas.

Potinia, Narcisos y Heuchera "Caramel".

La coloración primaveral de las hojas del  Acer palmatum "Uno yama" se ilumina con el mínimo rayo de sol.



Los Sedum aún tienen la coloración rojiza del invierno.

 Hojas del Acer palmatum "Umo yama".
Esta semana la Glicinia está en su mejor momento.


Pequeña plantación de arándanos "Vaccinium" en el huerto.

Mi compra de bulbos para el verano. No puedo evitar comprar colores cálidos. Proviene de una tienda online llamada Fitoagrícola".

martes, 9 de abril de 2019

La Selva amable.



Cordyline y Megakesparma añaden un exótico tono rojo a la exuberante vegetación del parque Gandoka-Manzanillo. Ambas son plantas invasoras de origen ornamental.
Con este título quiero referirme a esos paisajes de selva tocados o modificados ligeramente por la mano del hombre, dejando en su lugar los árboles más viejos o de mayores proporciones. Es sin duda una selva más amable, en la cual se puede transitar y a menudo apreciar las verdaderas proporciones y formas de los “grandes árboles”. Obviamente no es un paisaje natural puro, pero la naturaleza tiene una gran “resiliencia” y animales y plantas suelen adaptarse al nuevo paisaje y, muchas veces, prosperar en él con mayor eficacia que en el bosque primigenio, aquel que no ha sido tocado todavía por la mano del hombre.  
Un tipo de Ananas salvaje relacionado con la piña
cultivada.
 
Este tipo de paisaje es bastante común en la costa del pacífico de Costa Rica y Panamá. A veces son zonas reconvertidas en parque que antes fueron mínimamente ocupadas por el hombre. Los parques nacionales de Cahuita y Gandoka-Manzanillo en Costa Rica son un buen ejemplo de ello. Otras son fincas privadas cuyos propietarios han decidido dejar, en el entorno de la casa, un espacio semisalvaje, con pequeñas modificaciones o alteraciones. Otras son zonas de propiedad municipal cercanas a los pueblos o playas y que se han convertido en zona de paso o tránsito,  como en los alrededores de la ciudad de Puerto Viejo y Manzanillo.

En todos estos casos la “selva amable” incluye senderos o caminos por los cuales transitar y, algunas plantas de jardinería, o importadas de otros países, han crecido de manera natural entre la vegetación. Tal es el caso de los Hibiscus, Cordyline, Heliconias y Zingiberaceas. Las plantas rastreras como Monsteras, Philodendrum o Passifloras cubren a menudo los troncos de los árboles y en el subsuelo crecen todo tipo de Spathiphyllum y otras plantas similares. El resultado es un paisaje muy atractivo, con algo de color que rompe la monotonía del verde que impera casi siempre en el paisaje natural de selva

Pasarela en el parque nacional de Cahuita que permite observar la vegetación de cerca.
Mientras, las copas de los grandes árboles sirven a menudo de refugio y comida a muchos animales y aves que comen sus frutos o flores. Abajo en el subsuelo proliferan los insectos que necesitan algo de luz para transitar y polinizar. La conclusión es que a mí me encanta este tipo de paisaje y uno puede sentirse a sus anchas caminando entre esta naturaleza desmesurada y que crece con un vigor inusitado para los ojos de un occidental acostumbrado a una naturaleza más restringida.

Aquí os dejo algunas fotos de este tipo de paisaje. Recordad que no es la selva propiamente dicha sino un espacio ligeramente modificado por la mano del hombre.
Arboles cubiertos de Philodendrum scandens cerca de Playa Negra, Cahuita.

Philodendrum y Monstera trepan por los troncos de los árboles mientras en el subsuelo crecen Spathiphyllum y otras plantas herbáceas en este trozo de selva amable, cerca de Puerto Viejo.



Sendero cercano al mar en Puerto Viejo.


Un mono aullador (Alouatta) se toma un descanso en la selva amable.


Un perezoso dormita agarrado a la barandilla de la pasarela  en el parque nacional de Cahuita.


Las raíces de los Ficus se extienden como tentáculos a lo largo del suelo.



Imagen clásica de selva amable. Las flores rojas de los Hibiscus, aquí una planta invasora, dan un toque de color a la prolija exuberancia del sotobosque.


La araña del banano (Phoneutria nigriventer) es una araña de gran tamaño, muy común en las selvas de Centro américa. Mide unos cinco cm. y su mordedura es bastante dolorosa.


Helechos tropicales de gran tamaño entre palmerales en el parque nacional de Cahuita





Las flores rojas del Costus spicatus (un tipo de jengibre) crecen en los senderos del parque de Cahuita.



Sendero bordeado de Costus spicatus y palmeras cerca del mar.


Un mono cariblanco (Cebus capucinus) dormita en la rama de un árbol.


Las flores blancas de una Monstera a punto de abrirse.



Hymenocallis caribaea (lirio araña) creciendo en el sotobosque cerca del mar.





Una gigantesca Monstera trepa por una palmera.


Passiflora alata, en el parque nacional de Cahuita.


Esta planta de grandes hojas triangulares creo que es un tipo de Arisaema, pero no estoy muy seguro. Si alguien la identifica que por favor lo comunique.


Esta Psychotria alata o labios de mujer, crece en un sendero del parque de Cahuita.



Bocaracá o crótalo cornudo, una serpiente muy venenosa pero poco agresiva, muy común en las selva o bosque semitropical del Caribe.




Estos Cordyline originarios de Nueva Zelanda crecen en los bosques de algunos parques nacionales (probablemente por haber formado parte, con anterioridad, de fincas privadas). Añaden un exótico toque de color a este paisaje de  semi-selva.


Cordylines en el Parque nacional Gandoka-Manzanillo (Costa Rica)





Heliconias creciendo en el sotobosque.


Mariposa del genero Heliconius, muy común en estos bosques semi-selváticos.


Esta ranita de punta de flecha roja (Oophaga pumilio) apenas mide un par de centímetros.