lunes, 30 de diciembre de 2019

Cambios estacionales en la Barrosa y una reflexión de final de año.


Anochece en la Barrosa (esta semana)

Los finales de año son siempre propicios para hacer resúmenes y para echar la mirada hacia atrás, tal vez descubrir errores y proponer mejoras en el jardín (o en la vida), o simplemente afirmarse en lo que uno lleva haciendo durante años que, mal o bien, es casi siempre resultado de su trabajo y expectativas, además de la inequívoca contribución de las estaciones: el clima que cada vez se hace más imprevisto.  Nadie como el jardinero para sentir que el tiempo y las estaciones ya no son como eran hace 20 o 30 años. Nadie como nosotros para sentir que el mundo está cambiando y tal vez no sea para mejor. Pero también nosotros sabemos que los cambios son inevitables y que lo que tenga que suceder sucederá. Después de todo, los seres humanos tal vez no seamos lo mejor que le ha ocurrido a este planeta. o tal vez si, quien sabe. Mientras, seguimos planificando para el próximo año, la próxima estación, porque es nuestra forma de expresar algo, lo que sea, que sabemos es beneficioso para todos. La naturaleza te atrapa, como te atrapa esta afición a la belleza de una hoja, un color o el pétalo de una flor. Hace casi 100 años Christopher Lloyd, uno de los mejores jardineros ingleses escribía estas palabras en el prefacio a su libro, citado abajo. Creo que, al menos para los que nos interesa la jardinería, tienen el mismo significado y valor que entonces. Las he traducido del inglés para que las podáis entender.


La jardinería es una de esas actividades creativas que produce una agradable sensación de bienestar y de logro. La jardinería tiene tantas posibilidades que incluso si todos empezáramos con terrenos de una forma parecida, es probable que el resultado final fuese totalmente diferente para cada uno. El temperamento y la forma de ser deciden si te inclinarás por cultivar algo que se puede comer, o algo a lo que se mira solo por placer; si nos concentramos en lograr la perfección en especímenes de plantas diferentes como los crisantemos o las cebollas, o si somos simplemente amantes de las plantas por si mismas, no importa su tamaño o sofisticación; si lo que nos fascina es relacionar las plantas unas con otras y con su entorno o si la propagación y la introducción de variedades nuevas es lo que realmente nos engancha.

Hay sitio para todos en las diferentes maneras de acercarse al mundo de la jardinería que nos pueden satisfacer y con las que podemos expresar nuestra forma de ser. El nuestro es un camino humilde. Es un arte y  además una artesanía que nos mantiene en contacto con la tierra, las estaciones del año y con ese complejo mundo de fuerzas interrelacionadas, ambas animadas e inanimadas, que llamamos Naturaleza. Es, sin duda, una ocupación humanizadora.

Christopher LLoyd “The Well Tempered Garden”. Preface. 1921

(Mónica, del blog Guía de Jardín, recomendaba este libro hace poco en una de sus entradas)

Navidad.

Y en este resumen se me ocurrió poneros unas fotos de las estaciones en la Barrosa. No ha sido un mal año. Las floraciones han sido numerosas y los colores significativos y, a pesar de la sequía, o la nieve a destiempo, las plantas se van adaptando a su entorno. Creo que el jardín madura un poco más cada año o se hace un poco más viejo, como yo mismo. Es la vida. A todos los que os acercáis a este blog espero que el próximo año nos traiga salud y nos de fuerzas para mantener esa ilusión de belleza y expectativas que tanta falta nos hace.

Aprovecho para despedirme durante un par de meses. Es tiempo de viajar y buscar otros lugares y paisajes donde el clima es más benigno y los días más duraderos.
Un abrazo a todos/as.

Primavera.


Tulipanes y Magnolia.


Cerezos.


Viburnum , Crataegum.


Magnolia Soulangena.


Narcisos.


Iris y Campanula.


Allium y Physocarpus.


Lupinos y Aquilegia,

Verano


Heliopsis y Dalia.


Delphinium y Rosas.


Heliopsis, Rudbeckia, Salvias.


Ornitogalum, Gaura, Salvias.


Echinaceas y Hemerocallis.


Lobelias y Echinaceas.


Gramineas y Callistephus chinensis.

Otoño


Evonimus y Acer palmatum.

Arces.

Arces y Gingko Bilowa.




Arces, Hortensias, Acebos.

Salvia farinácea.

Hojas en el estanque.

Hayas recortadas.
Invierno


Nevando en Marzo.

La nieve cubre los ramas de árboles y arbustos.

Los "huesos del jardín".









Plantas crasas bajo los aleros del porche.

Acer Palmatum Sango-kaku.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Feliz Navidad


Bayas de la Nandina domestica (Bambú del cielo)


Se acaba otro año más lleno de imágenes, recuerdos, plantas y algún viaje. En el jardín ha sido un año de trabajo intenso, pero también de bastante ocio, contemplación y aprendizaje. Cada año sabemos un poco más, pero también hay más imprevistos, especialmente con estos cambios climáticos que nos traen de cabeza, y el aprendizaje nunca se acaba, pero así es la vida y eso es lo que nos hace mirar al futuro con esperanza e ilusión. Los orientales suelen decir que "si quieres ser realmente feliz en la vida, cultiva un jardín". Los emperadores de la dinastía Nguyen de Vietnam solían construir, al inicio de su reinado, un precioso jardín vallado que sería su tumba cuando llegara el momento. La llenaban de esculturas, estanques, templetes y lugares de meditación...y allí se iban a cada rato a meditar y disfrutar de la belleza de aquél jardín. Por supuesto imaginaban que, después de la muerte, vivirían en el cielo en un lugar parecido a aquél que disfrutaban en vida. Aún se pueden visitar algunas de estas exquisitas tumbas-jardín en este país que ha sufrido tanto.



La bayas de esta Nandina aún perduran en primavera mientras florecen los Prunus.

Hoy quiero felicitaros las Navidades con las bayas rojas de este "Bambú del cielo" (Nandina domestica),  originario de los países del Este, desde el Himalaya hasta Japón, y que crece en la Barrosa con profusión, como si fuera de aquí de toda la vida. No le afecta ni el frío ni el calor y tan solo la nieve, de vez en cuando, rompe sus ramas algo más frágiles que las del bambú de verdad, pero  se recupera de nuevo en poco tiempo . Crece bien al sol y a la sombra. Necesita algo de humedad, pero se adapta a todo tipo de suelos y siempre tiene buen aspecto. La he visto crecer en jardines tropicales y en jardines de países fríos. Las bayas duran meses, a veces hasta bien entrada la primavera. No es invasiva y  al principio crece con cierta lentitud hasta alcanzar unos tres metros de altura después de varios años, aunque conviene no dejarla crecer más allá de 1.50 m. Si no las poda la nieve, yo suelo recortarlas al final de la primavera para que crezcan con más vigor. Todas las que crecen en la Barrosa proviene de una planta que compre hace años. El resto han crecido de esquejes, aunque hay que tener bastante paciencia, ya que tardan en enraizar. Os animo a cultivarla. Es un arbusto  muy común en los países del este. También hay variedades enanas y de medio tamaño cuyas hojas cambian a un rojo intenso en invierno.

!Que 2020 os llene de felicidad, de bienes  y sobre todo de salud.!












lunes, 16 de diciembre de 2019

La antigua ciudad de Bagan y los alrededores del lago Inle. Myanmar (2003)


La ciudad de Bagan al atardecer. Dicen que todas las estupas tiene una forma diferente.
 
En la entrada anterior (https://labarrosagarden.blogspot.com/2019/11/caminando-por-los-pueblos-en-torno-al.html) describía la caminata de  varios días con un guía por algunos pueblos de Myanmar, hasta llegar a las orillas del lago Inle, uno de los lugares más hermosos que uno pueda visitar en el Sudoeste asiático. Llegados allí, pasamos varios días paseando en barca por el lago y visitando algunos de los pueblos y mercados antes de dirigirnos a la antigua ciudad de Bagan, cuyos restos forman uno de los mayores conjuntos arqueológicos de toda Asia, a la par con Angkor Wat y unos siglos anterior a esta otra gran ciudad. Las dos son Patrimonio Mundial de la Humanidad desde hace años.

Flores de loto en el lago Inle.
Hace siglos que los alrededores del lago Inle están habitados por miles de personas que han construido sus casas y sus tierras de cultivo sobre el agua y aprovechan la enorme fertilidad del lodo y del agua del lago, para conseguir casi todo lo que necesitan para su subsistencia. Aquí uno nace con una pequeña barca de madera bajo los pies  y en este mundo acuático todo está en movimiento y en constante cambio. Del lago extraen la tierra para sus “jardines acuáticos”, los tallos y las flores de loto para su consumo y para adornar los templos, así como para fabricar fibras textiles. La pesca también es parte importante de su vida a pesar de que los peces cada vez son más pequeños y las capturas más escasas (dicen que por culpa de los jacintos de agua que proliferan sin control y asfixian a los peces). En las orillas se levantan grandes monasterios de oscura madera de teca donde estudian los niños, y pequeñas fábricas de productos artesanos. Siempre me asombra esta capacidad del agua para crear vida en cualquier parte del mundo. Y sin embargo uno no puedo dejar de pensar que la vida en este lago es casi un espejismo. Pronto llegarán la tecnología y las máquinas, y este delgado equilibrio entre el hombre y la naturaleza se romperá, y las cosas ya nunca serán igual. Se desmoronarán igual que los miles de estupas que rodean sus templos y que hablan de un tiempo mucho más glorioso en el pasado.

Pescadores en el lago.
 
 
Estupas en ruinas en torno al lago.
 
Unos días después abandonamos el lago Inle en dirección a la gran ciudad de Bagan. Hace poco que el gran conjunto arqueológico fue declarado Patrimonio Mundial, y la ONU ha invertido unos pocos millones de dólares en tratar de parar el continuo deterioro de sus miles de estupas y templos, en lo que fue una de las mayores ciudades de Asia durante los siglos X al XII. El antiguo reino de Bagan se remonta casi al siglo III después de Cristo aunque alcanzó su esplendor en los comienzos del primer milenio.  Un total de 55 reyes reinaron desde esta ciudad y añadieron cada uno unas cuantas decenas más de templos y estupas, a las ya construidas con anterioridad. Dicen que quedan unas tres mil en toda esta llanura de unos 45 km. cuadrados, aunque un buen número ya están en ruinas
Una de los gigantescos Budas dentro de un templo en Bagan.
y otras han desaparecido casi  totalmente. En realidad la ciudad entró en decadencia después de la destrucción y saqueo causada por el emperador mongol Kublai Kan en 1287. Sobrevivió un par de siglos más hasta que fue abandonada totalmente. Sus palacios y casas de madera fueron pasto de las llamas y del saqueo. Solo las estupas de ladrillo y piedra quedaron en pie para dar fe de la enorme extensión y riqueza de la ciudad. Hoy apenas viven unas mil personas en toda esta zona aunque el crecimiento del turismo en las próximas décadas augura buenos tiempos para sus habitantes. Pero eso será algo más tarde. De momento el turismo es escaso y las infraestructuras mínimas. Tal vez sea mejor así. Nos movemos de una estupa a otra en un carro tirado por un enjuto caballo. El conductor dormita feliz tumbado  a la sombra de un árbol mientras nosotros sudamos a mares subiendo y bajando escaleras y caminando por oscuros pasillos polvorientos. Hacer de Indiana Jones es bastante cansado. En algunos templos hay enormes estatuas de buda cubiertas de pan de oro que ocupan todo el espacio disponible y sonríen eternamente.  Al atardecer los templos semejan flotar sobre el paisaje envuelto en  polvo dorado.  Sus estructuras y sus formas geométricas parecen haber sido construidas por niños gigantes con piezas de lego hace mucho tiempo.


 En 2015 se celebraron elecciones y el régimen militar dio paso a un gobierno más democrático que intenta por todos los medios abrir el país al turismo y generar riqueza.  El número de turistas en Bagan se ha incrementado exponencialmente y la última moda está en viajar en un globo aerostático para contemplar el atardecer desde las alturas. Debe ser muy hermoso pero casi prefiero haberlo visto antes de que llegaran.
 
Pueblecitos lacustres en el lago Inle.

Toda la vida se desarrolla en el agua.

Mujeres remando de forma tradicional.


En esta zona los hombres y muchachos tiene una forma particular de remar, moviendo el remo con el pie, en un extraño y difícil equilibrio.

Casas y tiendas en las orillas del lago.

Embarcadero en uno de los pueblos.

Mercado en el pueblecito de Indei. Muchas personas aún visten trajes típicos según las zonas.

Mujeres en el mercado.



Vendiendo flores para los templos.


Mis amigos con el guía y barquero que nos acompaña.


Entre las ruinas de un gran monasterio.




Unas pocas estupas reconstruidas y recién pintadas.
 
Embarcadero el día de mercado.

Estos tallos de flores de loto se utilizan para una hacer una fibra textil similar a la seda y muy valiosa.

Un gran monasterio a la orilla del lago.

Una niña con su familia celebrando su séptimo aniversario (parecido a la "Primera Comunión" en nuestra cultura)

Regresando de la escuela.

Un niño remando con el pie.
Huertos flotantes en el lago para cultivo de hortalizas.
 
Bagan y transporte a los templos en carro.

Un muchacho arando una tierra al lado del conjunto arqueológico.

Cientos de estupas de todos los tamaños se extienden por la llanura.


Algunos de los templos son de grandes dimensiones ,y en su interior albergan numerosas capillas y pasadizos. Otros son mucho más pequeños.


Yo en uno de los templos.



Uno de los templos más grandiosos sobresaliendo sobre los árboles.

Los templos más grandes están cubiertos de estuco pintado.



El templo de Thatbyinnyu es como una enorme catedral. Tiene 62 metros de altura y seis enormes terrazas.
 
 



El transporte animal forma parte de la vida diaria en casi toda la zona. Eso y las bicicletas. La vida alrededor de Bagan apenas ha cambiado en siglos.


Un hombre sacando agua con un búfalo.

Un muchacho quiere vendernos miel de palma.

Este otro destila una especie de ron con la misma miel.