sábado, 14 de julio de 2018

¿Es Sissinghurst el mejor jardín de Inglaterra?


Pradera a la entrada del Castillo de Sissinghurst.
Según la guía que nos acompaña en nuestra visita por varios jardines ingleses, cuando ella pregunta, al final del viaje, qué jardín les ha parecido el mejor, casi siempre la respuesta se repite y la mayoría suele considerar a Sissinghurst  como el mejor jardín de todos los que han visto.

Yo también estoy de acuerdo con la respuesta. El conjunto formado por los restos de esta magnífica construcción de origen medieval y los jardines realizados a lo largo de los años por Harold Nicholson y su mujer Vita Sackville-West conforman el escenario ideal de lo que uno considera estética y funcionalmente una obra maestra. Es como un cuadro donde nada falta y cada detalle es en sí mismo de una gran perfección.

Sissinghurst está formado por varias casas y edificios de diferentes épocas. Los
jardines sirven de conexión entre ellos.


Nadie duda de que la jardinería es un arte extremadamente complejo. Tan complejo como una sinfonía o una pintura. Conseguir que cientos de variedades de plantas, cada una con sus necesidades a cuestas, sus diferencias de tamaño, forma o color, crezcan al unísono y produzcan un efecto estéticamente armónico y bello no es un asunto baladí. Es extremadamente complejo. Conseguir aún más, que este entorno vegetal envuelva una arquitectura determinada y que de paso la complemente e incremente su valor estético es algo todavía mucho más difícil.  Lo cierto es que jardín y arquitectura en Sissinghurst parecen haber sido creados el uno para el otro y no se podrían imaginar de otra manera. Sin embargo, al igual que en Great Dixter, del que escribí con anterioridad, Sissinghurst era tan solo un conjunto de ruinas cubiertas de maleza cuando Harold y Vita la compraron en 1930 y, con el tiempo, la convirtieron en su obra maestra. La obra maestra de dos escritores y poetas con sensibilidades muy diferentes pero que se complementaron con un absoluto esmero para crear el Sissinghurst que vemos hoy: la elegancia y armonía de la mano de Harold en el diseño junto a la profusa creatividad romántica de Vita en las plantaciones de los diferentes arriates.
Sissinghurst es un oasis de belleza difícil de describir y de abarcar en su conjunto. Siguiendo el modelo de jardinería del “arts and craft movement” de aquella época, Harold y Vita diseñaron una serie de espacios cerrados, pero a su vez comunicados unos con otros, en torno a la dispersa arquitectura de la casa. Cada uno de ellos es un mundo privado dentro del conjunto del jardín: cada uno con su propio diseño, su forma de ser, sus colores y su propia atmósfera. Caminar de uno a otro es como un juego de sorpresas. Altas paredes de ladrillo y piedra, o gigantescos setos de tejo, milimétricamente recortados, ocultan la vista de lo que viene a continuación. Son las pequeñas puertas o ventanas entre la vegetación las que dejan intuir lo que hay en el siguiente espacio. Esculturas o adornos estratégicamente situados complementan los espacios y añaden esa sensación de calma y reposo que te invade cuando entras en un nuevo estancia-jardín. Y siempre la presencia de la alta torre medieval en la que imaginas a Vita contemplando el atardecer desde esa eterna atalaya.
La torre medieval se levanta imponente al final del primer patio. Gran parte de los edificios de la época Isabelina ya estaban en ruinas y fueron irrecuperables.

Sissingurst es un lugar magnífico. El jardín blanco que Harold y Vita diseñaron ya casi al final, es sin duda su obra más sublime, el culmen de sus conocimientos en jardinería, diseño, poética, teatro, etc.  Blanco, plata, gris con un leve toque de azul, como una sorpresa, crean un espacio de una perfección absoluta. La arquitectura de pérgolas, columnas antiguas, jarrones conforman un escenario que no parece ser de este mundo. Es como la belleza pura de un amanecer entre la niebla.

Dicen que hay que ver el jardín primero desde lo alto de torre para hacerse una idea de conjunto. Aquí el primer patio de entrada. 
Puede que al final sea cierto que Sissinghurst es el mejor jardín de Inglaterra, o al menos a mí me lo parece. Cuando yo lo visité a principios de junio las floraciones ya eran espectaculares, pero creo que mantiene el interés todo el año. Puede, también, que estas fotos no sean capaces de transmitir la belleza de ese jardín, pero al menos intentan aproximarse a lo que vieron mis ojos. Espero que os gusten.

Desde la torre se ven los diferentes espacios delimitados por muros y setos de tejo que Harold y Vita crearon para dar estructura al jardín y comunicar los diferentes edificios.

Uno de los jardines cerrados. Detrás del muro se puede ver el vivero donde cultivan las plantas que se utilizan en los distintos arriates.

Sissinghurst es una enorme finca agrícola de 15 mil hectáreas. Al fondo las chimeneas de los secaderos de lúpulo y los establos.


Muros, parterres delimitados por geometrías de boj. Diferente de Great Dixter, el otro jardín icónico de Inglaterra, donde las plantas invaden todo el espacio sin ningún límite.


Los soportes de ramas para vivaces y enredaderas son auténticas obras de arte.


Los Lupinos y  Allium están omnipresentes en esta época del año.





Iris.


Algunas estatuas estratégicamente situadas se convierten en puntos de interés.


He comprado semillas de estos espectaculares lupinos. Con suerte espero que crezcan en la Barrosa el próximo año.


Jardín de azaleas y glicinias. La floración es espectacular.





Jardín de las especies con una fuente oriental traída de Egipto.


Parte de la propiedad está rodeada de un foso con agua. Aquí los Iris plantados en masa con Euforbias.


El jardín blanco con la torre al fondo. La ultima obra maestra de Harold y Vita.





Jardín blanco. Detalle con jarrón.





Otro de los jardines cerrados  con macizos de flores de colores pastel. En blanco, Viburnum plicatum Mariessi.


Azul, malva, rosa y blanco se repite en casi todos los arriates.


Un espectacular Iris en dos colores.



Plantaciones en el vivero. También tienen plantas a la venta.






En Sissinghurst cada planta tiene su espacio. No hay confusión, sino un orquestada y estudiada composición donde se tiene en cuenta el color de hojas y flores, tamaños, necesidades de la planta, crecimiento, etc. Ni una hoja fuera de lugar o una flor seca.


En este espacio se deja a las plantas de menor tamaño invadir parte del camino de piedra.


Otra puerta de entrada. Cotinus en rojo y Persicaria.


Patio interior. Las paredes con rosas.


Un detalle en el patio. Cuenco de piedra con Saxifraga.


Pulmonaria officinalis en un rincón en sombra.

miércoles, 4 de julio de 2018

Floraciones de Junio en la Barrosa


El azul de los Delfinium es uno de mis colores preferidos. Despiden luminosidad en esta primavera lluviosa.

Junio se despide con casi siete días de tormentas continuadas. Ha llovido tanto que casi me recuerda una cita de un periódico de Madrid de 1854 cuando las lluvias seguidas durante los meses de junio y julio, pudrieron las cosechas en Asturias y Galicia y el “hambre vino nadando”. Por suerte hoy ya no dependemos tanto de esas cosechas para sobrevivir, pero, aun así, las tormentas de estos últimos días están destrozando la agricultura en algunas zonas del país, y eso siempre es una mala noticia.
Cornus Kousa  y Spiraea "Goldflame"

En el jardín, tanta agua tiene su parte buena y su parte mala. Las plantas crecen desmesuradamente y las flores se apagan o cuando no se caen de los tallos que a menudo se doblan o rompen con la fuerza de las tormentas. A cambio, el verdor y frescura de la hierba y de las hojas de las plantas perennes y de los arbustos es desmesurada. Algunos Delfinium han llegado casi a los dos metros de altura. Los árboles frutales crecen sin parar cada día y engordan la fruta que esperamos recolectar en otoño. Peor suerte han tenido las cerezas. La mayor parte se dan ya por perdidas. Con el agua se agrietan y se pudren. Al menos los ríos, pantanos y fuentes están llenos a rebosar y eso es bueno para todos.

Además de los Delfinum, han florecido algunos Iris tardíos, Lupinos, Coreopsis, Hebes, Spiraeas, Oenothera, Philadelphus, Rosas, etc. Y tan pronto comience el calor Equinaceas, Rudbeckias y Heliopsis esperan su turno. Julio promete ser uno de los mejores meses de floraciones en la Barrosa en mucho tiempo.  Aquí dejo unos fotos de este mes.

Lupinos.

Plantas crasas bajo el alero del porche. Florecen en amarillo los "Sedum".


Philadelphus (celindo) en blanco.

Delfinium. Los he criado de semilla y desconozco la variedad.

 Lupinos en el huerto.


Sedum y Saxifragas en la rocalla.
Spireas.
Aguileña y Penstemon digitalis.

Peonia.


Lupinos y Salvias.





El jardin desde el mirador.

Rosa floribunda.



Coreopsis "Early sunrise"








Este arriate mixto está ya en plena ebullición; rosas, claveles, aguileñas, etc.


Más Delfinios en diferentes tonalidades de azul.


Philadelphus, Hostas y Heucheras eb una zona de sombra bajo los árboles.



El pequeño arriate triangular es nuevo este año.



En semisombra, Aquilegia, Kniphophia, Lampratus reptans, etc.


Penstemon Hidcote purple


Iris reticulata de montaña, mucho más tardíos que los comunes de jardinería.



Coreopsis en el nuevo arriate.


Arces, bolas de boj. Hipérico con flor amarilla.


En el estanque los nenúfares, bergenias y otras acuáticas comienzan a invadir todo el espacio.


Un solo lupino azul, nacido de una semilla.


Thymux praecox en la rocalla.




Esta Oenothera fruticosa tiene una excepcional floración amarillo intenso. Una planta perenne muy interesante.

Arces, Delphinium, y las primeras flores de las hortensias.



En el parterre del huerto, Helianthemun y Dalias comienzan una intensa floración. De fondo un cerezo.