domingo, 20 de septiembre de 2020

El Jardín Botánico de Chelsea (Chelsea Physic Garden). Londres.

 


Una de las fuentes del Chelsea Botanic Garden.


Hace un par de años visité este pequeño jardín botánico en el corazón de Chelsea y me sorprendió, sobre todo por la gran colección de plantas que se pueden cultivar en un espacio tan reducido, así como por su historia.

El “Physic” es el segundo jardín botánico más antiguo de Inglaterra después del de la Universidad de Oxford. Fue creado en 1673 por el Gremio de Boticarios con el fin de enseñar a sus aprendices el poder curativo de las plantas e investigar nuevos usos y posibilidades curativas. Qué después de casi 400 años el jardín siga estando en el mismo lugar y continúe siendo una organización privada la que lo mantenga es casi un milagro, y es un ejemplo de la durabilidad de muchas organizaciones inglesas tanto públicas como privadas como la Real Sociedad de Agricultura o las Academias Reales de las diferentes ciencias (Ciencia, Historia, Arqueologías, etc.).


Crambe cordifolia,una planta de la familia de las Brasicaeae, de donde proviene una gran parte de nuestras hortalizas: Berza, col, coliflor, kale, etc.


Entrada al jardín Botánico de Chelsea.

A lo largo de la historia este jardín tuvo una gran importancia al promover el cultivo y propagación de muchas especies vegetales como el algodón. Poco después de su construcción ideó un programa de intercambio de semillas con otros jardines botánicos del mundo que aún continúa hoy en día, y que ha contribuido en gran manera a la expansión y conocimiento de muchas plantas benéficas para la salud, o de utilidad para la agricultura. El jardín cuenta con más de 5000 especies vegetales organizadas en diferentes áreas, según el uso: Jardín de plantas medicinales. Jardín de plantas comestibles y útiles. Jardín de bosques del mundo, etc.


Al fondo una de las casa victorianas que borden el jardín. Algunos arbustos útiles en medicina como el Sauco en primer término.

Sorprende la belleza del entorno. El jardín, de poco más de una hectárea, está rodeado de un gran muro de piedra y ladrillo y, por encima de este, destaca el perfil de las casas victorianas que lo rodean. Es casi como trasladarse a la Inglaterra del siglo XIX. En el interior, los parterres están distribuidos en rectángulos, separados por un césped inmaculado o por caminos de grava. Hay zonas con agua y fuentes, zonas sombrías con árboles, e incluso un pequeño grupo de invernaderos con plantas de otros continentes. Hay uno dedicado a la flora de las Islas Canarias. Las sujeciones de las plantas están hechas de ramas de avellano secas, entrelazadas con una enorme maestría. A menudo también hay exposiciones temporales de arte o esculturas distribuidas por el jardín. El “Physic” es un remanso de paz y tranquilidad en medio de la ciudad, al lado del río Támesis. Se puede visitar en unas pocas horas y en cualquier estación del año, ya que siempre hay cosas de interés y la estética y el mantenimiento son inmejorables. También organizan visitas guiadas. El jardín cuenta con una pequeña cafetería con excelentes pasteles y te. Para mí es uno de esos lugares donde la Inglaterra de siempre parece perdurar eternamente. Los ingleses tienen ese excelente don de convertir la historia en presente. Pocos países tienen esa veneración y respeto por el pasado como ellos y yo los admiro por eso. Si en algún momento vais a Londres y os interesan las plantas no dejéis de visitarlo. Aquí os dejo unas fotos de esa visita.

 

 


Preciosa combinación de pequeños parterres rectangulares y arbustos cerca del muro.





La estética está muy cuidada con detalles ornamentales.


La semana de la visita había una exposición de esculturas con inscripciones.




Invernadero con platas de las Islas Canarias.




Otro de los invernaderos con Pelargonios y Fucsias.



Plantas de la medicina tradicional China. En la maceta un Gingko Bilowa.







Estanque y rocalla con plantas de secano.




Una planta de Echium Wildpretii de las islas Canarias.



Phlomis Russelliana. Ha florecido en la Barrosa por primera vez este año.






Casi todos los parterres tienen alguna planta en flor, lo cual le da un mayor interés ornamental




Iochoma australis, una planta originaria de Bolivia y los Andes (Blue Angel´s trumpet).





Ananas comosus, la planta de la piña tropical.




Los soportes para las planta y arbusto son todos de origen natural.












Lupinus de la familia de las leguminosas.




Un rincón dedicado a los Helechos.







Otro rincón del jardín con un pequeña escultura con inscripciones.




Los cientos de pequeños parterres rectangulares y caminos hace que jardín aparente ser mucho más grande de lo que es en realidad.







Estatua de Sir Hans Sloane, medico y naturalista irlandés quien a su muerte donó la mayor colección de plantas, minerales, joyas  y  objetos artísticos del mundo a varios museos británicos. 








 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Viajes en el pasado: Brasilia y el Parque nacional “Chapada dos Veadeiros” (Brasil)

 

Vista de Brasilia desde la torre de la televisión.

Cualquier momento es bueno para recurrir a mis “viajes en el pasado”, pero este año, sin poder salir del país, se hace casi inevitable, así que no está de más volver hacia atrás y reflexionar un poco sobre esos lugares que visité entonces antes de que desaparezcan totalmente de la memoria.  A principios de la década del 2000 hice tres viajes a Brasil, bastante seguidos, en estancias de dos meses cada uno, viajando de un extremo a otro del país, coincidiendo con la presidencia de Lula da Silva. Entonces el país crecía a buen ritmo, la economía estaba desbordada, los sueldos de los funcionarios se habían doblado y, parecía que la utopía de un Brasil convertido en una gran potencia económica iba a cumplirse. Desgraciadamente las utopías rara vez terminan haciéndose realidad, y la crisis financiera del 2008 acabó por convertir en humo muchos de aquellos sueños. Aún así sigo teniendo la impresión de que Brasil es uno de los países más incomprendidos y vilipendiados del mundo, al menos en Europa y particularmente en el nuestro. Brasil es un país de una enorme belleza, con una sombrosa variedad de paisajes y con un fuerte componente cultural europeo mezclado con tradiciones indígenas propias y del continente africano. El resultado de ese crisol de razas y culturas es un ser humano casi siempre optimista, abierto, amistoso y extremadamente orgulloso del país en el que vive. Esa es la realidad que yo he vivido. Es cierto que hay pobreza y violencia también (y una enorme disparidad social y económica), especialmente en algunos barrios de las grandes ciudades, pero fuera de ahí la vida discurre con la misma rutinaria tranquilidad como en la de cualquier ciudad o pueblo español, A parte de eso, Brasil es un país que enamora y siempre pide volver.

 

Los Apòstoles. Catedral de Brasilia




Brasilia, la futurista y utópica capital moderna del país es casi un ejemplo más de promesas incumplidas o utopías que no llegan a su fin. La ciudad perfecta que diseñaron los arquitectos Lucio da Costa y Oscar Niemeyer en 1956, en el centro geográfico del país, es un cascarón polvoriento, lleno de belleza, pero vacío de contenido. En agosto, la ciudad monumental y administrativa está tan reseca como la arena del Sahara y cualquier intento de caminar por sus gigantescas avenidas, plazas y monumentos es absolutamente inviable dadas las distancias y el agobiante calor. Es una ciudad para ir en coche a todas partes y, a ser posible, no salir de espacios con aire acondicionado. No es una ciudad para vivir, sino para ser contemplada a través de los cristales de un coche o un edificio. Nada más lejos de la ciudad perfecta que Lucio da Costa soñó en forma de pájaro o avión. Tal vez pensó que, en poco tiempo, los seres humanos nos desplazaríamos volando a todas partes como los pájaros. A pesar de todo, hoy en día, casi 4 millones de personas viven en la parte no tan planificada de los barrios exteriores de la gran ciudad a la que ningún turista llega, ni le quedan ganas para ir (la ciudad fue en principio diseñada para un máximo de 500 mil personas). Todos nos alojamos en el barrio de los hoteles (y centros comerciales) diseñado así desde el principio. Cada actividad en su sitio. Nada de mezclar las cosas.



Os dois Guerreiros, de Bruno Giorgi en la Plaza de los  tres Poderes.

Plano de Lucio de Costa para Brasilia semejando un pájaro con las alas extendidas.

La utópica Brasilia se construyó durante la legislatura del optimista presidente socialista Juscelino Kubitschek, aunque hacía ya siglos que se pensaba que la capital de Brasil debía trasladarse hacia el interior del país, con el fin de mover el desarrollo económico hacia el centro.  La construcción de la nueva capital se llevó a cabo en apenas unos cinco años. En 1960 la mayor parte de los edificios gubernamentales estaban ya terminados y los primeros funcionarios comenzaron a trasladarse allí. Toda la ciudad tiene un gran componente simbólico como la gran plaza de los tres poderes donde confluyen el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Juscelino pretendía eliminar las clases sociales y crear un mundo igualitario a imagen de su capital. Apenas 4 años después, en 1964, los militares tomaron el poder y Brasil dio un gran bandazo en otra dirección. (Algo parecido ocurre ahora, tras el gobierno de Lula y sus seguidores, viene un presidente de derechas y el país da otro bandazo nadie sabe muy bien hacia donde), de nuevo la utopía se queda por el camino.

                                          Paisaje en el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros.

Parque nacional Chapada dos Veadeiros. Justo casi por la misma época, en 1961, Juscelino crea este parque nacional en una antigua área de extracción de oro, con el fin de proteger el paisaje del Cerrado y con ello miles de especies de plantas y animales en peligro de extinción, alguno de ellos endémicos de esta región semidesértica. Está a poco más de 200 kilómetros de Brasilia, apenas un paseo en este enorme país. Es un lugar de plantas extrañas y formaciones rocosas de una gran antigüedad y belleza. Abunda además el agua y una gran cantidad de riachuelos cruzan el parque de un lugar a otro formando barrancos y cascadas (cachoeiras). Solo se puede visitar en grupos y con guía, así que, aunque me hubiera gustado tener más tiempo para ver con detenimiento la extraordinaria flora, apenas pasamos unas pocas horas caminando por el parque, aunque si tuvimos tiempo para bañarnos en el río de aguas amarillentas y trasparentes entre cientos de pequeños pececillos. Espero que esta fotos os ilustren un poco esta parte de Brasil.

 


Sede del Congreso nacional  en Brasilia.



Palacio de Justicia o del Poder Judicial.



Plaza de los tres Poderes.


Catedral metropolitana de Brasilia.


Interior de la Catedral.


Exterior del Santuario de Juan Melchor del Bosco.


Interior del Santuario.


Palacio presidencial de la Alvorada.



Plaza de los tres Poderes.


Puente Juscelino Kubitschek


Bloques de viviendas para funcionarios.





Memorial JK (mausoleo y museo dedicado a Juscelino Kubitschek)






El presidente Kubistchek y Fidel Castro durante la inauguración de Brasilia.





Torre de la TV.


Avenidas vacías en la zona hotelera.


Otra vista de la ciudad desde la torre de la TV.


Caminando por el Parque de Chapada dos Veadeiros.


Bosques de Vellozia squamata una planta endémica de esta zona.


Cachoeira.


El Rio Preto a su paso por el parque.


Otra extraña planta: Paepalanthus speciosus


Las flores de la Vellocia squamata son espectaculares.


Floración de la Sophora tomentosa, un arbusto de unos 3 metros de la familia de las Fabaceae.





Cristales de cuarzo que bien podrían pasar por diamantes esparcidos por el suelo.


Otra de las Cachoeiras del rio Preto.


Yo en el centro con dos brasileros del grupo.


Bañándonos en una de las Cachoeiras.


La transparencia del agua es asombrosa.