viernes, 11 de enero de 2019

El lago Dal en Srinagar, Cachemira. (India 1994)

 

 
Paseando en una shikara en medio del lago Dal (Srinagar)
 

Cuando esta entrada salga en mi blog yo ya estaré lejos, en alguno de esos países cálidos a donde suelo viajar, así que, al igual que todos los años, me despido durante un tiempo. A la vuelta seguro que traeré nuevas ideas y paisajes que compartiré con todos los que se acercan a estas páginas.
En el 2019 se cumplen 25 años de mi primer largo y enervante viaje a la India. Muchas cosas han cambiado desde entonces en aquél país, pero otras no tanto. Hoy os dejo unas fotos para  el recuerdo de uno de los lugares más hermosos de este planeta en el que, desgraciadamente, las cosas sigue igual o, todo lo más, han cambiado para peor.
La entrada tiene una anécdota curiosa por no decir casi trágica. Aquel verano de 1994 en que puse mis pies en Nueva Deli, una ola de calor  con temperaturas en torno a los 40 º y una alta humedad habían convertido la ciudad en un infierno durante el día y en un dormitorio al aire libre durante la noche, cuando la gente buscaba un amago de brisa durmiendo en las azoteas o en la misma calle. Mi cerebro se derretía, y al tercer día ya  no pude soportarlo más. En una agencia de viajes me convencieron de que el sitio más fresco del país era Srinagar, la capital de Cachemira. Durante la época colonial todos los ingleses de provecho pasaban el verano en las orillas del lago Dal, la joya de Cachemira, disfrutando del frescor del agua. Lo que yo no sabía era que solo un loco o un estúpido se le ocurriría poner sus pies en Srinagar en ese momento. La ciudad estaba ocupada por el ejército indio y con toque de queda casi permanente. Había tiroteos diarios y a cualquier hora. Yo no sabía nada sobre el conflicto de Cachemira y si alguna vez había oído algo se me había olvidado y, claro está, en la agencia de viajes no me informaron de ello. El gobierno Indio siempre ha negado el conflicto de Cachemira a pesar de casi 40 años de insurgencia permanente y tres periodos de guerra oficial. Este conflicto ha logrado convertir en una ruina una de las regiones más ricas y hermosas de la India. En 2019 las cosas siguen igual, pero curiosamente apenas sale ninguna información en la prensa y cualquier turista puede ir allí y encontrarse con que apenas puede moverse del lugar u hotel donde se hospede.
Un vendedor de flores navega entre los barcos vacíos de turistas, desesperado por vender algo.
El conflicto surge a raíz de la independencia de la India y su división en dos estados, India y Pakistán,  más tarde tres con la segregación de Bangla Desh. El rajá de Cachemira, que había mantenido una cierta independencia durante la etapa colonial, se le dio la opción de elegir entre uno de los dos países. Dado que él era hindú, al contrario que sus súbditos, que en su mayoría eran musulmanes, decidió entregar el país a la India,  en contra del parecer de la mayor parte de la población. Pakistán reclamó e invadió la región durante la primera guerra Indo-pakistaní de 1947-48. Tras la intervención de la ONU, se firmó un acuerdo de paz que Pakistán incumplió, negándose a desalojar el territorio ocupado.  Las cosas han continuado igual de tensas con continuas escaramuzas y momentos de relativa tranquilidad. Ambos países tiene armas nucleares así que se lo piensan antes de llegar a las manos.
En el avión que cogí en el aeropuerto de Nueva Deli solo viajaban militares y cuatro turistas, igual de despistados que yo. Llegados al aeropuerto de Srinagar una furgoneta escoltada por un jeep del ejercito nos llevó al lago y nos alojamos en alguno de los lujosos barcos construidos en la época colonial para los ingleses (El raja de entonces no les permitía construir en tierra). Durante tres días navegué por el precioso lago y por los canales de la ciudad en una “shikara” conducida por un silencioso remador. No se podía bajar a tierra. Apenas había comida. Por la noche oíamos las ráfagas de ametralladora y explosiones. Al tercer día otro turista me convenció para continuar viaje en autobús hasta el región tibetana de Laddak, colindante con Cachemira, ya que aquí no podíamos hacer nada. Unos soldados nos acompañaron durante la tarde a comprar los billetes y al día siguiente salíamos al amanecer en un destartalado autobús para un viaje a través de las montañas que podría calificarse de épico.
He intentado ver en Internet fotos actuales del lago y las que he visto corroboran lo que ya pensaba, que muchos de aquellos preciosos barcos han desaparecido, hundidos por la desidia y un conflicto interminable. La situación política apenas ha cambiado y la vida diaria tampoco. Los nenúfares del lago siguen floreciendo todos los años pero apenas hay nadie para verlos. Las fotos, escaneados de diapositivas, con muy poca calidad, parecen casi acuarelas, pero creo que logran trasmitir algo de aquella atmosfera irreal de uno de los lugares más mágicos y malditos de este planeta.
 

Estas mujeres sacan nenúfares de lago que utilizan como alimento para personas y animales.

Grandes extensiones del lago están cubiertas de nenúfares amarillos o flores de loto rosa.

Restos de barcos y embarcaderos ya hundidos.

Las orillas del lago están bordeadas de decenas de lujosos barcos que antaño alojaron familias inglesas o visitantes, que escapaban del agobiante verano indio.

Mujer navegando por el lago, frente a su casa.

Flores de loto de color rosado.
Una tarde tomando el té con mis acompañantes en el avión, que se alojan en otros barcos. Yo a la derecha.

Todo este barco para mi solo. Antecámara de la habitación.

Los jardines del palacio del raja abandonados a su suerte.

A Srinagar se le llamó la Venecia de Asia por su canales y palacios. La mayoría yacen ahora en ruinas.

 
 
 
Esta shikara me lleva durante horas a lo largo del lago y los canales más seguros. No se puede hacer otra cosa.

Niños saltando al agua desde un puente en ruinas.


Algunas partes de la ciudad parecen haber sido abandonadas por sus habitantes.


 
 Cerca de la estación de autobuses la vida parece normal.

La carretera hacia Laddak, a través de las montañas. Tardamos dos días completos en llegar.


Un derrabe en medio de la carretera nos mantiene detenidos durante horas. Miembros del ejército indio controlan el tráfico.

Controles en la carretera. El paisaje se vuelve más verde y aparecen las montañas nevadas. Ya estamos a una altura considerable..

Una parada para estirar las piernas al lado de un riachuelo.

Estos hombres están poniendo asfalto en partes de la carretera. Hacen el asfalto a mano en medio de nubes tóxicas.



Valle alpino que podría recordar a Suiza.
Yo y el autobús en el que viajaba a mi derecha.

Aquí cruzamos la frontera con la región tibetana de Laddak. Por fin una región más amable y segura.
 

lunes, 7 de enero de 2019

Jardines ingleses: Iford Manor.


Escultura de la loba romana Luperca amamantando a Rómulo y Remo en medio de la terraza superior.
 
De todos los jardines ingleses que visité el año pasado, si hay uno que perdura en la memoria, este es Iford Manor. Quizás porque es un jardín relativamente pequeño y asequible. Quizás porque más que un jardín es una escenografía de todo lo que uno imagina que debe ser un jardín inglés, donde la arquitectura, los elementos decorativos y las plantas forman un todo unitario. Quizás por la sensación que evoca de “temps perdu”, donde se mezclan la historia, la literatura y la imagen romántica de un tiempo pasado donde habitan nuestros mejores recuerdos. Iford Manor no deja a nadie indiferente. Y a ello contribuye no solo el jardín y la casa sino el entorno de una belleza abrumadora. El puente medieval sobre el río Frome. Los árboles que escoltan el murmullo del agua, los prados que se extienden en ligera pendiente hasta perderse en un horizonte gris-azulado. No es extraño que cuando el arquitecto y paisajista Harold Peto vio la propiedad en 1899 se quedara prendado de inmediato y decidiese comprarlo para construir su obra maestra.

El puente medieval que cruza el río Frome y da entrada a Iford Manor.
Iford Manor Estate es una propiedad de unas 25 hectáreas, aunque la casa y jardín apenas ocupan algo más de una. La primera construcción data del siglo XV, aunque fue muy  remodelada en el XVIII. Cuando Peto la adquirió, decidió utilizar la ligera pendiente detrás de la casa para construir un jardín de estilo italianizante donde utilizar, de paso, la gran colección de antigüedades  y memorabilia que había ido adquiriendo durante sus frecuentes viajes a Italia y a otros países. El jardín, diseñado en forma de terrazas para acomodarse al terreno, es casi una disculpa para crear una escenografía inventada que recuerda vagamente el jardín romano clásico tamizado por los jardines del renacimiento y barroco italianos. La genialidad de Peto es lograr que todos esos elementos decorativos y el paisaje se complementen hasta lograr una extraña armonía donde todo parece haber estado ahí desde siempre. Nada parece ajeno y nada sobra. Ni siquiera la escultura de la loba romana amamantando a los gemelos Rómulo y Remo, fundadores de Roma, parece extraña en medio del paisaje de Wiltshire. Harold Peto, conjuntamente con otros arquitectos, diseñadores y paisajistas de su época como Luytens o Gertrude Jekyll, fueron los principales exponentes del movimiento “Arts and Crafts”que cambiaron la forma de construir, decorar e imaginar el paisaje, la arquitectura y la jardinería inglesa, dando un gran valor a la tradición, a los elementos decorativos de tipo historicista, a la conservación de los vestigios del pasado, al entorno natural, a los materiales propios de la zona, etc. que ha calado profundamente en la forma de ser de la Inglaterra actual, cuando no en la imagen que todos tenemos de ella.

 
Gran parte de la propiedad está rodeada por una pared de piedra seca donde las plantas se han instalado y crecen con profusión.

Harold Peto vivió en Iford Manor hasta 1933. Poco después la propiedad se vendió y el jardín cayó en un auténtico abandono hasta su adquisición en 1963 por la familia Cartwright-Hignett, actuales propietarios, que desde entonces llevan años trabajando en la restauración del jardín y en mantener la propiedad. Resulta casi asombroso ver la implicación de esta familia en la conservación y mantenimiento de este jardín histórico. Ellos mismos hacen de guías con un enorme entusiasmo, atienden el pequeño café donde sirven un té y unos “scones” con mermelada excelentes, producen una sidra magnífica, trabajan en los jardines, y dirigen a unos pocos trabajadores en la enorme propiedad. Sin duda son un gran ejemplo de cómo mantener una propiedad histórica y conservarla para el futuro. Aquí os dejo algunas fotos de esta visita.

Entrada a la propiedad con edificios de diferentes épocas.

El río y la propiedad forman un conjunto de enorme naturalidad.

La casa principal de tipo Eduardiano. La glicinia de la derecha es la original de la época de Harold Peto.

Iris y Allium en un jardincillo interior.

El grupo al que acompaño escuchando a William Cartwright-Hignett que hace de guía.

Detalle decorativo de ventanas con rosal trepador y glicinia.

Escalera de entrada a las terrazas superiores.

El gato de la familia nos acompaña a todas partes.

Rincón con esculturas y pila de piedra.

Estructura del jardín en la primera terraza.


Las paredes laterales con esculturas  y columnas separan el jardín de los prados creando al mismo tiempo diferentes estancias.

El uso de cipreses y columnatas recuerda vagamente el paisaje de la Toscana.

Uso magistral de la Piracanta y un Rosal blanco sobre la pared de la casa.

Escalinata de subida a la terraza superior

Las plantas de la terraza son bastante sencillas, predominando el romero, tomilla, salvia, etc.

La terraza superior es de una gran monumentalidad. En la plantación predominan Salvias, Euphorbias, Geranium, Nepeta, Astrantias, etc.



En uno de los lados de la Gran terraza, un balcón deja ver los campos de la propiedad. Detalle decorativo: capitel y columna con león veneciano.

En la escenografía se mezclan estructuras nuevas, construidas para el lugar por canteros de la zona, y piezas antiguas.

Pabellón de tipo romano con detalles antiguos.

En la parte izquierda de la terraza la jardinería es clásica y de tipo renacentista, mientras que la parte derecha es abierta, tipo "cottage".

Detrás de la Gran terraza hay un jardín japonés, aún en restauración, que se pierde en el bosque.


El jardín japonés se integra totalmente en el bosque circundante.

Escultura antigua.
Este edificio conserva en su interior un claustro románico completo. Aquí Peto solía exponer sus antigüedades para la venta a amigos y visitantes. En la actualidad se utiliza para conciertos de música.

Relieve romano utilizado como banco.

 
Estanque.





En la parte izquierda de la casa, al lado del río, estaba el antiguo jardín hortícola o huertos. En la actualidad hay varios jardines de topiaria, huerto, invernadero y clínica para las plantas. 

Sobre el dintel de la puerta hay una preciosa escultura clásica.

Boje en forma de tablero de damas.




Puerta de entrada a una de los edificios laterales.