lunes, 13 de abril de 2026

A principios de Abril la primavera estalla con fuerza en la Barrosa.

 


Cerezo japonés enano Kojo no Mai.

Siempre me sorprende la energía con la que despierta la naturaleza y, en unos pocos días, transforma todo el jardín. Donde antes apenas había tierra yerma y oscura, brotan de repente tallos de todas las formas y colores posibles. Donde solo había troncos y ramas vacías, las hojas salen de las yemas correosas e invaden toda la superficie del árbol con forma y colores que apenas ya recordabas. Me sorprende aún más el furor de los arces japoneses, tan delicados y frágiles en apariencia, que en apenas unos días duplican la longitud de sus ramas y las hojas casi transparentes y de colores imposibles, se multiplican como por encanto, como si tuvieran prisa por llegar a alguna parte. De un día para otro los manzanos se llenan de delicadas flores blancas y rosas y, en medio de toda esta conmoción, los pájaros vuelan de un sitio para otro con ramitas en el pico en busca de un lugar donde reproducirse, las abejas entran en trance, aturdidas por tantas flores donde encontrar polen, y yo me vuelvo loco yendo de un lado para otro del jardín intentando poner un poco de orden en tanto crecimiento desordenado.


Rama de Acer Palmatum Umo Yama.

La primavera siempre parece encontrarnos a todos fuera de lugar. Todas aquellas tareas que has ido postergando a lo largo de los meses de invierno de repente se convierten en prioritarias y ya no hay tiempo. El tiempo siempre parece correr más deprisa en primavera que en ningún otro momento del año. Desde la ciudad, uno imagina el campo como un lugar de relax donde las cosas suceden despacio, al ritmo que marca la naturaleza. Nada hay más erróneo. La naturaleza también tiene prisa. Los ciclos de crecimiento y reproducción de las plantas y de los animales son tan apremiantes e inaplazables como la estresante vida de un corredor de bolsa. Los jardineros también sufrimos de stress en primavera.


Alissum saxatile y Ceerzos en flor.

Ya han comenzado los programas sobre jardinería de la BBC y ver a Monty Don con su carretilla de un lugar para otro trasplantando y sembrando a toda prisa, te angustia un poco porque tu deberías estar haciendo lo mismo en tú jardín y no viendo la televisión tumbado en el sofá. En la Barrosa hay tantas cosas que hacer estos días que a veces casi es mejor venirse para la ciudad y olvidarse de todo.  


Dos Prunus pissardii en la entrada al jardín.

Si hay algo que odio de la jardinería en primavera es quitar malas hierbas y todos los años me ocurre lo mismo. No sé por qué las malas hierbas crecen en algunos parterres más que en otros, pero lo que sí sé es que, si no las quitas al principio, la tarea se incrementa exponencialmente en pocas semanas. Otra tarea importante es plantar y dividir plantas perennes ahora y no esperar más adelante ya que luego no crecen con el mismo vigor. Recortar el crecimiento de los setos ahora ayuda también a su control posterior. Repicar las plantas anuales de los semilleros es también otra tarea urgente si quieres que florezcan en su momento. Hay tantas cosas urgentes que hacer en primavera en el jardín, que uno parece no dar abasto y casi desea que llegue pronto el verano y las cosas se calmen. Sin embargo, todos sabemos que la primavera es irrepetible y que los días más hermosos del jardín son ahora, cuando todo parece nuevo y crece sin control entre “la niebla y el orbayu” con esos colores transparentes y esa luz difusa que vaga entre las hojas recién despiertas y las flores recién inventadas.



Alissum  saxatile y Tulipanes.


Peral en flor en medio de un parterre.



Camelia y Heléboro japonés.

Círculos de Alissum, gramíneas y tulipanes.

Heleboro y Bergenia.



Parterre mixto. Photinia y otros arbustos.



Nadina domestica y cerezos en flor.



Contraste entre el granate de la Photinia y los bérberis amarillos.







Arces y otros arbustos.




Parterre mixto con cerezos en flor al fondo.



Salix Kilmarnock y Arces japonés Umo Yama.








En el huerto seto de berberis y arándanos.


Hayas con hojas de invierno y Wisteria.



Magnolio y Manzano en flor.



Lilos y Berberis granate.



Acer palmatum Bloodgood y cerezo en flor.



Ampliación del ultimo parterre con algunas perennes recién plantadas.



En el invernadero no existe el invierno.


Algunas plantas crasas.



Geranios en el invernadero.



Semilleros.



Mi eterno limonero y geranios ene l invernadero.


Parte de mi colección de Aeoniums.



lunes, 6 de abril de 2026

Arquitectura y Plantas en el casco histórico de Sto. Domingo. República Dominicana




Calle residencial cerca del  convento de Sto. Domingo.



Buganvillas con la torre del Ayuntamiento al fondo.
    Durante estos últimos años se ha llevado a cabo la rehabilitación del casco histórico de la Ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana. Está claro que se necesitaría invertir mucho más dinero para que esta mejora fuera más intensa, especialmente en lo que se refiere a algunos servicios básicos como el tendido de luz que sigue siendo una selva de cables de estado precario sobre las casas, pero es cierto que se han limpiado decenas de fachadas de edificios históricos, se ha mejorado el pavimento de las calles y se han instalado aceras en casi todas. También se ha rehabilitado la magnífica iglesia y convento de Santo Domingo, donde se alojó la primera universidad de América y la plaza adyacente, la Casa del Cordón que alberga el magnífico Museo Taíno, y aún están trabajando en la Casa de Colón. Poco a poco el centro histórico de esta ciudad se está convirtiendo en uno de los mejor cuidados y más hermosos de América.

             Este es el segundo año que permanezco varios días en Santo Domingo capital y tengo que reconocer que es una de las ciudades americanas donde más a gusto me he encontrado. Aún no se ha masificado, ni se ha llenado de turistas, ni se ha gentrificado o transformado en un residencial para extranjeros expulsando a los habitantes de toda la vida. Al contrario, es una especie de isla dentro de la gran ciudad llena de tranquilidad, donde viven los residentes de siempre, con sus bares, colmados y pequeñas tiendas. Por suerte aún no han llegado las grandes cadenas hoteleras. Muchos de los hoteles son pequeños y la mayor parte de los turistas rara vez permanecen más de un día o unas horas. A la tarde, las plazas se llenan de niños que juegan y vecinos que toman el fresco, riegan las plantas o charlan entre ellos. Hay una gran cantidad de pequeños bares locales donde comer y, al atardecer, los colmados son el mejor sitio para tomar una cerveza y relajarse escuchando música local.



Ventanas en una casa con plantas.

              Con la mejora y la rehabilitación he notado también un enorme interés de la gente por embellecer la ciudad de casas bajas, con flores y arbustos, sobre todo buganvillas que se encaraman por las paredes y las fachadas. En los balcones y ventanas de muchas casas han puesto macetas de flores que también se van adueñando de las aceras y puertas. También en los patios interiores. En el centro histórico, que antaño estuvo rodeado de una fuerte muralla de piedra, de la que aún quedan varias puertas y trozos en pie, el espacio es escaso y apenas hay parques, pero si quedan un buen número de pequeñas plazas con vegetación, que son como pequeños pulmones verdes para la ciudad. Muchas de estas plazas están al lado de iglesias o de edificios importantes como la Plaza de Colón al lado del Ayuntamiento y la Catedral Primada, o la Plaza de las Mercedes junto a la iglesia del mismo nombre, la plaza del padre Billini y muchas otras.



Casas en la plaza de las Mercedes.

              Santo Domingo también tiene un extenso malecón fuera de las murallas, pero lo cierto es que aún no resulta muy atractivo, en parte debido a la gran arteria de tráfico que discurre todo a lo largo del frente de la ciudad antigua, ahogándola con el ruido y la contaminación. Además, hay que añadir que el agua del mar está bastante contaminada con desagües y basuras. Este es un gran problema de muchas otras urbes costeras que deberán solucionar en los años venideros y que incrementaría exponencialmente el atractivo de esta ciudad. Mientras tanto disfrutemos de la luz y las plantas del “intramuros” de esta bonita ciudad antes de que el turismo termine invadiéndolo todo como ha ocurrido en muchos otros lugares del planeta.




Calle del Conde cerca de la Plaza Colón.


Iglesia convento de Santo Domingo recién restaurada.



Centro cultural en la calle Padre Billini.


Interior Museo Taíno.






Terraza balcón con Buganvillas y Caladios.






Arbol y casas típicas de madera.


Patio de la Casa de las Academias.



Plaza de las Mercedes.




Casa en el centro colonial rodeada de buganvillas y plantas en macetas.



Muchos vecinos colocan macetas en las estrechas aceras.





Casa típica de planta baja con rejería en las ventanas.



Casa en restauración con preciosos balcones y plantas.



Entrada a una tienda de artesanía.



Interior de la misma tienda.




Buganvilla y paredes en colores cercanos.





Parque Julia de Burgos.




El alcázar de Colón aún en restauración.



Interior de un patio.


La mayoría de las calles del centro histórico lucen ahora similares a esta.



Plaza al lado del Convento de Sto. Domingo.





Parque Billini.



Sede de la Casa cultural española.





Ventanas enrejadas.


Maceta a la entrada de una casa.


Plaza de Colón al atardecer.