lunes, 11 de mayo de 2026

La Barrosa a principios de Mayo.

 


Floración Crataegus "Paul Scarlet" y Viburnum plicatum Mariessi.

Abril fue un mes seco y cálido en la Barrosa, algo poco común en años anteriores, donde suele ser uno de los meses más lluviosos del año. Eso aceleró el comienzo de la primavera y las floraciones fueron excelentes en frutales y arbustos hasta que los comienzos de Mayo trajeron de nuevo las lluvias y el frío, y los pétalos de las flores se quedaron colgando de las ramas cuando no se pudrieron directamente cuando aún se estaban formando, como es el caso de muchas rosas e Iris. Son los nuevos tiempos de la jardinería. Todo es un imprevisto. Nada ocurre como o cuando debería, así que no hay más remedio que armarse de paciencia y esperar siempre lo imprevisible cuando no todo lo contrario a lo usual. Lo dice a menudo Monty Don, el jardinero de “Gardener´s World de la BBC, al que veo casi muchas semanas en Internet. 

              He fotografiado los viejos manzanos de la Barrosa, algunos de más de 60 años, cuando estaban en su mejor momento, hace diez días. Ya solo quedan unos pocos, ya que el resto se han ido renovando, pero sus flores rosadas y blancas entre las ramas retorcidas y cubiertas de líquenes siempre son un gozo para la vista. A veces creo que disfruto más fotografiando plantas que cultivándolas. Ya me encantaba la fotografía mucho antes de que tuviera un jardín y creo que el jardín fue una excusa para tener un tema cercano que fotografiar.


Este año, al igual que el anterior, la batalla contra la plaga de caracoles y babosas es casi épica. Nunca he visto tantos, tan feroces y tan hambrientos. Tal vez sea otra consecuencia del cambio climático y de estos inviernos cálidos sin nieve y sin apenas heladas. Nada parece a salvo de sus mandíbulas. Plantas que antes jamás tocaban como las Salvias o las Dalias ahora se las comen con auténtica saña, Eso sin hablar de las Hostas, Delfinium, Iris, Tagetes o cualquier cosa tierna y recién plantada. Podrían comerse la hierba que crece sin parar, - y de paso ayudarían al jardinero a mantenerla a raya- pero eso no les gusta. La hierba no es de su agrado por muy vegetarianos que sean. Cosas de la naturaleza.




              En el invernadero todo son bandejas de plántulas para el futuro cercano. Nunca pensé que la clave de mantener un jardín no está en las plantas que están creciendo en ese momento en los parterres, sino en los repuestos para el futuro. Siempre hay que tener plantas nuevas para cubrir esos huecos que quedan tras las floraciones, los estragos del invierno o los destrozos de las babosas, conejos y otros bichos, por no hablar de las que se enferman o se mueren. Lleva su tiempo entender y controlar ese constante “reemplazo” que es lo que mantiene vivo un jardín y con una apariencia casi perfecta. Por poner un ejemplo ahora mismo en el invernadero tengo bandejas con Echinaceas, Delfinium, Rudbeckias, Plox, Aguileñas, Aster, Coreopsis, etc, además de las anuales, Cosmos, Tagetes, Dedaleras, Dianthus barbatus, Centaureas, etc. La mayoría son de semilla, pero también de esquejes o particiones. También tengo de un buen número de arbustos, gramíneas ornamentales, además de una buena cantidad de alevines de Arce japonés germinados de semilla. La función del jardinero es que la rueda de la naturaleza nunca se detenga. Con los años pasas más tiempo dentro del invernadero “creando futuros” que cuidando el jardín. Esa es la realidad.




              Hace casi dos semanas que llueve, graniza y el viento se lleva los pétalos de las flores que caen en cascada sobre la hierba. La primavera parece haberse detenido y el jardín también. Un buen momento para emplear el tiempo en repicar y trasplantas todas esas plántulas en el invernadero. Con las lluvias los reservorios de las fuentes parecen haberse llenado de agua para el futuro. Sin duda una buena noticia.



Arce japonés amarillo. Acer palmatum "Umo Yama"



Alissum Saxatile "Gold Kobold" y Cerezos en flor.



Vista de las montañas desde la Barrosa.



Nadina y Viburnum Mariessi.


Salix caprea "Kilmarnock"



Potinia y Berberis thumberguii en granate y amarillo.



Iberis semprevirens y Dianthus barbartus.




Haya purpura. Fagus silvatica purpurea.



Cerezos en flor en la pomarada.











Potinia en flor.


Erigeron karvinskianus y Heucheras.



Spiraea japonica e Iris barbatus.





Aguileñas.



Salvia, Cotoneaster, Phisocarphus, etc.



Otro Crataegus "Paul Scarlet"



Manzanos en flor y  arbusrtos de Weigela florida.






Weigela y macizo de Iris barbatus.



Comienzan a florecer las Aguileñas. Aquilegia vulgaris.





Mi nueva puerta de entrada a la terraza.



Dos variedades de Mamillaria en flor.




viernes, 24 de abril de 2026

Jardinería Tropical en las Galeras, Samaná. Republica Dominicana.


Bungalow en la calle Jimi Hendrix

Las Galeras no suele estar en la lista de los destinos turísticos importantes de la República Dominicana, al menos de momento, y eso lo convierte en un lugar privilegiado, uno de esos lugares únicos, donde uno se encuentra a medio camino entre el paraíso y ese lugar soñado que uno guarda en la memoria, donde el clima y la naturaleza se complementan y la felicidad parece al alcance de la mano. Uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse y nada hay más importante que contemplar el mar color turquesa y los últimos rayos del sol tiñendo de dorados las hojas de las palmeras y los almendros de playa.



Casa típica.

              Las Galeras está en la península de Samaná, lejos del ajetreo de Punta Cana y otros lugares similares. Rodeada aún de bosques y de playas escondidas entre acantilados, cultivos de plataneras y de mangos, parece casi un milagro que haya sobrevivido durante todo este tiempo desde que las galeras de Colón sesteaban a la espera de algún cargamento en la amplia y resguardada bahía de Playa del Rincón. Lo cierto es que nunca se convirtió en ciudad, quizás por su lejanía de la ruta principal, que cruza la isla de norte a sur, o porque estaba demasiado lejos de la capital, y a pesar de que un turismo sosegado lleva modificando la vida de lo que siempre ha sido un pueblo de pescadores y agricultores, de momento aún se mantiene en pie, sin demasiados cambios.  La Galeras aún vive a medio camino entre los paseos de turistas en barco, un puñado de hoteles discretos, la pesca cuando el tiempo la propicia y un sector agrícola conservador.


Jardín en una de las casas con Hibiscus, Aphelandras, Ixoras, etc.

              Si hay algo que a mí me gusta de las Galeras son todos esos retazos de jardinería tropical esparcidos por algunas casas, hoteles y calles del pueblo y que le dan ese toque un poco decadente y descuidado, como de jardín del Edén venido a menos, y que complementa el paisaje natural que circunda el pueblo, las playas, los prados donde pastan algunos caballos escuálidos entre los cocoteros y algunas fincas abandonadas cubiertas de maleza. En la parte frontal del pueblo, junto a la playa, aún quedan un buen número de pequeñas casas, la mayoría de propietarios extranjeros, que conservan descuidados jardines con magníficos ejemplares de palmeras, cocoteros y arbustos tropicales de flor. La mayoría se alquilan a los turistas, otras están en venta y alguna abandonada y cubierta de maleza. Algunas tienen tejados de hoja de palma y una arquitectura de cabaña tropical. Nadie parece explicarte con claridad cuando se construyeron, ni quienes eran sus dueños, sí que un buen número de los propietarios son o fueron franceses. Parece que esta primera “ola de turistas extranjeros o nacionales” debió de llegar aquí sobre los años 60-70 y ahora ya son casi ancianos o se han ido. Sea como sea, no parece que haya un gran movimiento de construcciones nuevas, aunque si se ve alguna en las cercanías de la Playita o en las afueras del pueblo. En cuando a hoteles, por suerte no existen aún grandes resorts como en el sur de la isla y, los que hay, son de construcciones cuidadas, baja altura y con un entorno de jardinería agradable como el Hotel Todo Blanco, el Pelícano o el Hotel Villa Serena.


Buganvillas e hibiscus en un muro. Atras la palmera del viajero (Ravenala madasgacariensis)

              La jardinería tropical en casi todo el Caribe utiliza plantas similares. En general predominan los grandes palmeras, cocoteros y ficus que crean sombra y un sotobosque de plantas de grandes hojas como las Alocasias, Anthurium, Monsteras, Philodendrum, Bromelias, etc. En las partes del jardín donde entra el sol, crecen los Hibiscus, Strelitzias, Heliconias, Alpinias, Zingiber, con sus grandes flores de colores fuertes.  Hay que tener en cuenta que el jardín tropical es esencialmente verde y sombrío así que a menudo el color es escaso. También son muy comunes las plantas trepadoras creciendo sobre vallas y muros como las Buganvillas, las Allamandas, Dipladenias, etc. De todo eso hay mucho en estos jardines de las Galeras que a mí me gustan tanto. Aquí os dejo unas fotos. Espero que os gusten.



Interior de un jardín con palmerales, ficus y arbustos de hojas grandes.



Cocoteros, Allamandas e Hibiscus.


Un toque de pintura en el marco de la puerta destaca con la flor roja de la Heliconia.


Una calle típica.



Muros con palmeras, buganvillas y crotones.



Rocalla en el jardín del hotel Arena.


Casa abandonada con palmeras y un arbusto de Clerodendrum Trichotomum.





Variedad de Buganvilla.





Bonita casa con techo de palma.







Casa de estilo moderno con jardín.





Jardín con arbustos de Acalifa, Zantesdechia y otras plantas.



Croton y Caesalpina.



Caesalpina Pulcherima.





Jardinería extrerior.





Una de las calles de las Galeras.


Buganvillas cubriendo los muros.



Jardín del Hotel la Arena, donde me alojé.



Hotel la Arena-





Entrada al hotel la Arena.



Etlingera Elatior en el hotel la Arena.



Aphelandras.



Flores de la Allamanda arbustiva.



Flor de Hibiscus.



Barcas varadas en una finca abandonada.



Jardín del hotel Villa Serena.