miércoles, 5 de octubre de 2022

El paraíso perdido de Valle del Gran Rey. La Gomera.


 


Una vista del valle del Gran rey. Las casas se construyen sobre bancales rodeadas de palmeras y cultivos.

A veces hay lugares que, a pesar de haberlos visitado durante tan solo unos pocos días, se te quedan en la memoria durante decenas de años, sin saber muy bien porqué, paraísos perdidos los llamo yo. Eso me ocurre con este lugar de Valle del Gran rey, que para mí representa la quintaesencia de la belleza de lo que se llamaron las “islas afortunadas”: un valle escondido en un profundo barranco donde brota el agua y crecen una naturaleza tan hermosa como nunca la había visto en mi vida. Un lugar cerca del mar donde el sol llena de luz los palmerales cada día. Un lugar donde la gente es amable y viven en profunda armonía con todo lo que la rodea. Un lugar donde la tierra es tan fértil y frondosa que todo parece crecer sin esfuerzo y abundan las frutas y vegetales de todo tipo, la leche y el queso fresco, los peces y mariscos recién llegados al puerto…Quizás exagero, pero así era este rincón de la Gomera cuando puse los pies en él en 1980. Sin duda era lo más parecido al paraíso que había visto nunca.

 


Fotografía de 1980 donde se puede ver el valle. Casi igual a la actual en color. La densidad de construcciones no parece haberse incrementado mucho en estos más de 40 años.

Un muchacho sube por una palmera para
 recoger los frutos.

El Valle del Gran rey se llama así por haber sido cabeza de uno de los 4 reinos en los que estaba dividida la isla antes de la conquista. Aquí también se fraguó poco después, en 1488, la rebelión de los habitantes nativos que decidieron acabar con el despótico dominio de Hernán Peraza el joven, hijo del conquistador de la isla. Tras su muerte, los Gomeros sufrieron durante años una enorme represión y casi todos los jefes nativos fueron asesinados en los años siguientes. El Valle del Gran rey se convierte en propiedad de los condes de la Gomera hasta casi el siglo XIX en que se forman los diferentes Ayuntamientos de la isla. Este valle era un lugar tremendamente aislado y difícil de acceder por tierra, pero su salida al mar y su benigno clima, además de una cierta abundancia de agua, hizo que se convirtiera en un buen productor de caña de azúcar, miel de palma e incluso tuvo éxito durante un tiempo la cría de gusanos de seda. Tras la guerra civil, varios desastres naturales y años de sequía obligaron a una parte importante de la población a emigrar a Sudamérica. En los sesenta llegan los primeros turistas americanos; gente alternativa, hippies y naturistas, y las plantaciones de plátanos se convierten en el principal medio de vida. Comienzan a construirse algunos modestos hoteles y pensiones en la parte baja del valle, junto a las playas.

 



Una vista de la parte alta del valle.

 Cuando yo hice esa primera visita en 1980, el turismo era aún muy escaso y se nutría principalmente de la misma gente, o similar, que lo habían iniciad en torno a la Playa del Inglés veinte años antes. La mayor parte de los habitantes del valle aún vivían de la agricultura y la ganadería. La carretera de acceso por tierra ponía los pelos de punta, ya que se desplomaba de los mil metros de altura hasta el nivel del mar, en muy poco espacio y gracias a decenas de curvas extremadamente cerradas y peligrosas. Hoy el Valle del Gran rey tiene una nueva carretera que hace las comunicaciones con el resto de la isla mucho más fáciles. Es el municipio que más ha crecido en los últimos años, con casi 4.500 habitantes. El turismo también  se ha desarrollado enormemente, aunque sin alcanzar los niveles de las islas mayores, y ha logrado mantener ese ambiente un poco alternativo y bohemio que busca alguna gente. También se ha tenido mucho cuidado en mantener la arquitectura y el aspecto general del valle con sus casas en terrazas, abundancia de vegetación  y sobre todo sus excelentes palmerales. Hay numerosas rutas para caminar y contemplar el valle desde diferentes lugares. La gente continúa siendo extremadamente amable y hay una sensación de relajación, belleza y tranquilidad que te embarga nada más llegar. El Valle del Gran rey continúa siendo para mi uno de los lugares más hermosos de las islas Canarias y os animo a visitarlo si algún día tenéis tiempo. He incluido en esta entrada algunas fotografías que conservaba en blanco y negro de aquél primer viaje y, aunque la calidad es muy mala, dan un poco de idea de que el valle aún mantiene en gran parte de la belleza de entonces. Espero que os guste.

 


Inicio de la bajada hacia el valle entre profundos barrancos.


Cuevas volcánicas en las paredes de los barrancos. 


El estrecho valle encajonado entre montañas termina en el mar.


Mirador de Cesar Manrique sobre el valle. Nadie sabe por qué lleva años abandonado y cerrado.


El entorno del Mirador tiene varias esculturas, algunas cabañas de piedra y un cuidado jardín con flora nativa de las isla.




Las casas ocupan ambos lados del valle entre terrazas de cultivo. Pequeños núcleos de población con diferentes nombres.



Palmerales y cañas.



El centro del valle está cubierto aún de grandes palmeras.



Fotografías de mi primer viaje. Entonces aún se cultivaba la caña de azúcar y los palmerales eran muy frondosos. 






Terrazas con cultivos de papayas y tuneras.



Las nuevas construcciones mantienen una estética poco intrusiva. 



Dado que la densidad de población aún no es muy grande, se mantiene el aspecto frondoso y rural en casi todo el valle.






Ermita de los Santos Reyes.



Pequeños jardines llenos de flores rodean las casas.




Vegetación y flores en 1980.


Estas fotos del valle en ese año, que muestran lo poco que ha cambiado desde entonces.







Dos vistas de la parte baja del valle.





Las playas de arena volcánica negra mantienen el aspecto un poco desangelado y salvaje de siempre.




martes, 27 de septiembre de 2022

Espinarèu y una reflexión sobre el hórreo asturiano.

 


Rincón de Espinareu con un hórreo de buena factura y típicas casas de piedra.

La mitad de los hórreos asturianos se han perdido en los últimos 20-30 años. Según un recuento del 2020, quedan unos 20.000 hórreos en Asturias. Parecen muchos, pero eso no evita la enorme pérdida cultural y paisajística que supone la desaparición de miles de estas construcciones de madera, en muchos casos de hace cientos de años, por dejadez de la administración, de los dueños y porque inevitablemente se han hecho obsoletos y han perdido el uso y la función para la que fueron construidos. Todos los que vivimos o hemos vivido alguna vez en un pueblo de Asturias, hemos visto cómo en el espacio de nuestras vidas, la mitad o más de los hórreos que existían cuando éramos niños han desaparecido.

 


Una de los enormes paneras de Espinareu propiedad de varias familias.

Como casi todo el mundo sabe, los hórreos son graneros, principalmente de madera, construidos a modo de palafitos, para el almacenamiento de cereal y otras cosechas. Su función principal era conservarlas secas y fuera del alcance de roedores y otras alimañas.  Su forma y uso se extiende por muchas zonas del mundo, siendo muy común en los países del norte de Europa, incluida España. Lo curioso es que este tipo de construcción adopta formas muy diferentes en cada zona y para muestra basta ver la diferencia entre los hórreos asturianos y los gallegos, dos zonas muy cercanas geográfica y culturalmente. En cuanto a su origen, el hórreo es probablemente anterior a la época romana, donde ya aparecen estructuras redondas con techo de paja y patas de madera o piedra en algunos castros. En Asturias alcanzan su máximo apogeo entre los siglos XVI y XIX, cuando el cultivo de maíz y patatas traídas de américa, se convierten en  el medio de vida y base de la alimentación de la región. En el XVII y XVIII los hórreos aumentan de tamaño y se construyen enormes estructuras rectangulares, con seis o más patas a las que llaman paneras, ya que en Asturias es costumbre llamar pan a cualquier cereal que se utilice para ese fin. La construcción de estos enormes hórreos o paneras era a menudo comunal y en ella participaban varias familias, por eso muchos hórreos suelen tener varias puertas, ya que cada familia utilizaba una parte del edificio. Su construcción estaba muy tecnificada. Se hacían con madera de castaño o roble y casi nunca se utilizaban clavos. Todo se hacía encajar con tornos de madera ya que el hórreo debía poder desmontarse y transportarse a otro lugar en caso de necesidad. Muchos se construyeron en lugares públicos de las aldeas, con lo cual sus dueños no son propietarios del terreno, lo que ha creado numerosas dificultades y ha influido notablemente en su desaparición. Algunos hórreos están decorados con pinturas o tallas de madera propias de los artesanos de cada zona o época.

 


Decoración con cenefas de pintura roja y negra en un liño, característico de estilo primitivo, probablemente del siglo XVI


Fabas en rama puestas a secar colgando de gavitos, uno de los usos tradicionales del hórreo.

En Asturias, desde el 2001, exista una Ley de protección del hórreo que declara Bien de Interés Cultural los hórreos anteriores a 1900 y establece algunas ayudas económicas para su mantenimiento, pero al mismo tiempo restringe su uso y su construcción –solo vinculados a viviendas y con los mismos usos tradicionales-. Desde que salió la ley probablemente han desparecido otros diez mil hórreos. Las causas principales son el abandono de los pueblos y de la agricultura tradicional, la propiedad compartida de muchos de ellos, la escasa cuantía de las ayudas y el enorme coste de la reparación a la manera tradicional, la falta de uso o la imposibilidad de darle otro uso más adecuado al momento presente, el poco interés de la administración en su conservación y en buscar soluciones a su abandono, etc. No sé cuántos hórreos sobrevivirán en los próximos 20 años. Quizás menos de la mitad de los que hay ahora. Al menos quedan pueblos como este de Espinareu, donde se pueden contemplar algunos de los mejores hórreos y paneras que aún permanecen en pie en Asturias. El único problema es que estos pueblos se están convirtiendo casi en museos etnológicos y, según van desapareciendo las personas de cierta edad que aún cultivan la tierra y viven al modo tradicional, los hórreos acaban siendo tan solo elementos decorativos del paisaje, ligados a segundas residencias. Ese es su futuro. Mientras, la polémica sobre el cambio de uso de estos preciosos edificios de madera, es un tema de discusión bastante común en los bares asturianos.



Espinaréu está a unos 50 klm. de Oviedo, en el Concejo de Piloña. Es uno de los pueblos con los hórreos mejor conservados de Asturias. Cuenta con unos 20 hórreos y 6 paneras.



Iglesia de Espinaréu al otro lado del río.


En algunos lugares o plazas hay hasta 4 o 5 hórreos, uno al lado del otro.


Muchas casas tienen preciosas macetas y plantas.


Panera a la salida del pueblo con dos puertas.


Las casas de piedra con corredores son muy comunes.




El pueblo se extiende a ambos lados del rio en torno a una fértil vega.



Pequeño restaurante con un hórreo como comedor.



Las begonias crecen con profusión al lado del río.


Los corredores se añadieron a los hórreos con posterioridad, para facilitar el transporte de las cosas.



Curioso corredor circular.


Gigantesca panera rectangular con varias puertas. El tamaño de las tablas de más de un metro de línea, da idea de los enormes árboles que debieron talarse para construirla





Hórreo rodeado de hortensias y plantas en macetas.


El pueblo está muy bien cuidado con pequeñas zonas ajardinadas y numerosas macetas con flores.



En la parte baja del hórreo solían almacenarse la leña, los carros de transporte y otros artilugios del campo. Hoy suelen usarse como aparcamiento de coches o lugares para almacenar trastos viejos. En muchos casos están bastante descuidado.




Begonias y geranios en los corredores.


Otro grupo de hórreos cerca de la carretera.


Casas típicas por todas partes. Muy bien cuidadas.





Vista de la vega y del entorno del pueblo.


Grupo de casas en la parte alta de la aldea.


Bosque a pocos kilómetros de Espinarèu.



Esta área recreativa llamada de la Pesanca es un lugar precioso, rodeado de robles, castaños y árboles de ribera.


Está a poco más de 1 klm, del pueblo, al lado del río y es un sitio muy agradable para pasar un rato.