lunes, 26 de octubre de 2026

El jardín y bosque acuático de Fairhaven, en Norfolk. Inglaterra.

 


Uno de los múltiples puentes en Fairhaven,

              Siempre me sorprende la capacidad, tenacidad y esfuerzo que tienen algunos ingleses para hacer un jardín en lugares casi imposibles y este de Fairhaven es un buen ejemplo de ello. También se necesita un montón de dinero, sin duda. Este jardín construido en una marisma, es obra del Major Henry Broughton, quien más tarde heredaría el título de segundo Lord de Fairhaven. El adquirió la casa, las tierras, lagunas y canales que formaban parte del South Walsham Estate, en 1946. En total 136 acres de bosques y marismas que durante la segunda Guerra Mundial habían sido lugar de entrenamiento del ejército y hospital de convalecientes.  El jardín en torno a la casa se había abandonado, la maleza había invadido toda la propiedad y en sus marismas había lanchas hundidas, tanques abandonados y montañas de alambre de espino.


Tronco del llamado "King´s Oak, un roble de más de 1000 años.

              Tras habilitar la casa, se propuso restaurar los bosques y marismas y construir un jardín acuático con las plantas más adecuadas para el lugar, pero respetando el hábitat natural y convirtiéndolo en un paraíso para la vida silvestre. Durante 15 años, y con un equipo de jardineros y peones, plantó miles de Prímulas candelabra, Rododendros, Camelias, Hidrangeas, Gunneras, Astilbes y decenas de plantas acuáticas mientras limpiaba los canales, construía puentes y convertía la marisma principal en un lago navegable y lleno de vida. En 1966, tras la muerte de su hermano sin descendencia, heredó el título de Lord Fairhaven. Henry Broughton murió en 1973, y siguiendo sus deseos, sus descendientes convirtieron la mayor parte de las tierras en una Fundación, que aún dirige una de sus nietas, y el jardín se abrió al público en 1975.


Plantas de ribera.

              La visita al jardín ofrece varios kilómetros de caminos y pistas forestales a través de zonas boscosas, lagunas y canales. A lo largo de los caminos se pueden ver zonas de Hortensias en flor, las gigantescas hojas de las Gunneras creciendo en los taludes de los canales y numerosas plantas acuáticas en flor, además de nenúfares y otras plantas flotantes. Hay grandes árboles creciendo en bosquetes o pegados al agua, entre ellos dos robles de casi mil años (King and Queen Oaks). Por todas partes se oyen los cantos de los pájaros (unas 50 especies) y por los canales nadan diferentes especies de patos, cisnes y escurridizas nutrias. Tras varios kilómetros de caminata uno llega a una amplia marisma rodeada de bosques, juncos y carrizos que forma parte del parque. Aquí la fundación tiene varias barcas que hacen recorridos ambientales por la laguna y alguno de los canales.



La marisma privada del jardín.

              El mejor momento para visitar este jardín dicen que es la primavera, justo cuando 50 mil Primulas, Hostas y Astilbes florecen al unísono en numerosas partes del sotobosque, pero aún en verano es una delicia caminar cerca del agua y ver los reflejos producidos por la espesa vegetación en los oscuros canales desde un puente de madera, escuchar el sonido de la naturaleza que respira o los miles de insectos que polinizan las flores de las plantas acuáticas. También en otoño debe ser un momento excepcional cuando los numerosos arces  y otros árboles y arbustos cambian el color de sus hojas. Sin duda un jardín sorprendente e inusual en todas las estaciones.


Entrando en el jardín.



Lenteja de agua y patos.



Gunneras de grandes hojas crecen en los bordes de los numerosos canales.



El paisaje, aunque modificado parece para darle más diversidad ornamental, tiene el aspecto de ser totalmente natural



En primavera todos estas cañas de Iris deben estar en flor.






Hay varios puentes de metal o madera para cruzar los canales.




En algunos canales crecen multitud de nenúfares y otras plantas flotantes. 






Un oscuro canal con una flor de hortensia.




Embarcadero.



Hortensias creciendo al borde de un canal.



Detalles ornamentales en madera.



En los bordes de los caminos crecen cientos de prímulas en primavera.

martes, 13 de octubre de 2026

Un viaje al pasado en los jardines de Helminghan Hall en Suffolk.

 


Helminghan Hall, la casa ancestral de la familia Tollemache desde 1487.


              Algunos jardines de Inglaterra te trasladan de inmediato al pasado y este de Helminghan es un gran ejemplo de ello. La gran casa cuadrada de aspecto renacentista rodeada de su gran foso de agua y plantas de ribera te lleva de inmediato a un lugar lejano en la historia, cuando sus habitantes viajaban en caballo o en carruajes a lo largo de imponentes avenidas de majestuosos robles y las damas paseaban por geométricos jardines deteniéndose de vez en cuando a oler el agradable aroma de una de las rosas que crecen en los parterres. Nada más parecida a esa realidad que este lugar.

              La familia Tollemache lleva habitando este territorio desde 1487 y la casa Tudor que vemos en la actualidad fue concluida sobre otra anterior de origen sajón en 1510, con muy pocas modificaciones en los siglos posteriores. Algunos de los grandes robles que escoltan la avenida de entrada desde el pueblo tienen más de 300 años. La reina Isabel I se alojó aquí en un par de ocasiones y, durante la Guerra Civil de 1646, la casa fue refugió de los nobles del “Sealed Knot” que tramaron colocar en el trono a Carlos II. Hoy la gran propiedad parece navegar en un tiempo indefinido y vacío. Tal vez sea la gran sequía de este año que ha resecado la hierba y llevado a la mínima expresión el agua del foso que la rodea, lo que acrecienta esta sensación de desamparo y de cierto abandono que uno siente al contemplar esta gigantesca propiedad bajo un sol de plomo muy poco en consonancia con el paisaje inglés.


Jardín geométrico frente a la casa.


              A uno de los lados de la casa se extiende el jardín renacentista con su geométrico jardín de nudos de boje, algo deteriorados por la falta de riego. En su interior crece lavanda y algunas plantas medicinales. En el jardín de rosas antiguas ya han pasado su mejor momento de floración y tan solo unas pocas "floribunda" conservan algunos brotes. Una preciosa estatua femenina de arenisca blanca centra la atención en medio de los parterres de rosas. También un magnífico reloj solar sobre una columna con los escudos de la familia. Las paredes del jardín son de tejos recortados en hermosas geometrías desde hace siglos. Los antiguos establos y otros edificios de piedra que bordean el jardín se han convertido en café y tienda de regalos.


Interior del jardín amurallado.

              Al otro lado de la casa se extiende el “Walled garden” o jardín cerrado, que antiguamente daba de comer a todos los habitantes de la casa. Sin duda es la obra maestra de Helminghan. Desde su majestuosa entrada escoltada por dos cabezas aladas de caballos de bronce, hasta sus cuidadas avenidas bordeadas de flores perennes, el jardín, de alrededor de una hectárea, es un ejemplo de la maestría que alcanzaron los ingleses ya desde hace siglos, en esta combinación de huerto-jardin como lugar de ocio y de producción de comida para el sustento de la casa. En su interior una intrincada distribución cruciforme alterna parterres de flores perennes y anuales con vegetales, pequeños árboles frutales, arbustos en topiaria y arcos de metal para soportar guisantes de flor, Clemátides, Rosales de enredadera, Cobaea scandens, etc.  Esculturas modernas compiten con grandes jarrones de piedra llenos de flores. Una pared está escoltada por tejos tallados con formas vegetales y humanas, intercaladas con Iris y Delfinium. Hay bancos colocados en lugares específicos para el descanso y la contemplación. Algunas plantas perennes están en su mejor momento de floración: Geranium Achilleas, Crocosmia, Helenium, Hemerocallis, etc. Es un jardín magnífico que rezuma maestría, romanticismo, dicen otros, y ese poso que deja el paso del tiempo.



Robles centenarios.

              El jardín tiene salidas centrales que cruzan puentes de madera sobre el foso y te llevan al exterior de la gran finca. En los bordes del foso crecen grades tejos recortados y en el fondo nenúfares y plantas de ribera. Dos esculturas de piedra sobre pedestales escoltan ambos lados del foso. Más allá se extiende la enorme finca con grupos de árboles en la lejanía, formando bosquetes de robles donde dicen que viven grandes manadas de ciervos que no hemos visto. Debido a la gran sequía de este año la hierba está quemada y agostada y parece un páramo extremeño. Hago fotos a la gran avenida de robles que escolta la entrada de la finca. Al fondo se ve la iglesia del pueblo. En otro de los lados un enorme obelisco se distingue sobre un pequeño montículo rodeado de un grupo de robles. Se construyó en el siglo XVIII como mirador. Hace demasiado calor para acercarse hasta él. El pequeño grupo de personas de Brightwater se ha dispersado y el lugar parece vacío. Por suerte en el café hacen unos “scones” excelentes con mermelada casera y nata. Sin duda la más refinada invención gastronómica de este país en toda su historia.

 


Jardín de nudos

 


Foso exterior.



El gran foso que rodea la casa con plantas acuáticas y nenúfares.






Entrada al jardín amurallado


Parterres en el interior del jardín.



Aquí combinan plantas de flor, frutales y verduras para el mantenimiento de la casa.







Figuras en topiaria y cebollas.




Puentes de madera cruzan el gran foso en torno a la casa y el jardín cercado.



Entrada posterior a la casa









Avenida de robles. Los más antiguos tienen casi 500 años.




jueves, 24 de septiembre de 2026

Septiembre seca las fuentes en este verano interminable.

 


Asteres, Sedum y Canna indica.

Esperábamos como agua de mayo las lluvias de Septiembre pero nada ha ocurrido y el calor continúa imbatible y la sequía no da tregua. Sin duda un año desastroso para la jardinería, pero aún peor para los ganaderos que habitan estos valles. Muchos no recuerdan un verano tan caluroso y seco como este y lo están pasando realmente mal. A principios de agosto los pastos del puerto ya se habían agotado, al mismo tiempo que la recolección de hierba seca fue muy mermada por la falta de agua. Muchos han tenido que comprar hierba seca de otras regiones y Caleyín no da abasto a traer enormes tráileres de alpacas de Castilla con el consiguiente gasto. Un tiempo similar hace 75 años, hubiera sido con total certeza un año de hambruna como aquellos nefastos de 1846 y 47 que causaron una enorme mortandad en esta zona y en toda Asturias. Por suerte los tiempos han cambiado, pero la gente mayor que vive en Cuérigo sabe perfectamente lo que representa todos estos meses sin lluvias y con unas temperaturas muy superiores a lo normal.

Asteres y Sedum Hilotelephium 

La Barrosa sobrevive a base de riego y en gran parte gracias a la sombra de los grandes árboles que ya cubren muchas partes del jardín que, si bien es un inconveniente para algunas plantas para otras es una bendición.  Muchos arces japoneses están situados bajo la copa de árboles más grandes y eso les está salvando de la desecación y tal vez de una muerte segura.

Los parterres de plantas perennes sobreviven a duras penas y algunas plantas como las Echináceas y Helianthemum ya han agotado sus flores y comienzan a secarse antes de tiempo. Toman el relevo los Asteres y los Sedum. Nunca he visto plantas tan agradecidas como estas. Soportan extraordinariamente bien la sequía y siempre dan flores pase lo que pase. Lo mismo ocurre con los Helenium y esa margarita mejicana de nombre tan raro, el “Erigeron Karvinskianus” que por sí sola ilumina los bordes del jardín.

Con veranos así todos los que tenemos jardines nos planteamos cambios de plantas bien sea inmediatos o a largo plazo, y yo ya he comenzado la tarea. Estoy quitando la mayor parte de las hortensias, bien porque están en lugares muy expuestos o porque no resultan viables con estas temperaturas. Algunas, especialmente en las zonas de sombra y bajo los árboles, las voy a sustituir por Agapantos, Carex, Helechos y tal vez alguna Heuchera para dar color.  Creo que aguantan mucho mejor la sequía y sobreviven relativamente bien con un poco de riego. Ya he comenzado la tarea y creo que me gusta la renovación. Tienen menos tamaño y los troncos de los arces japoneses se ven mejor. Otras las sustituiré por algunos arbustos. Tal vez Pittosporum,  Evonimos o alguno más. Ya veremos.

Ante el reto de renovarse o morir, no queda más remedio que tomar decisiones. Llevamos ya 3 veranos seguidos con temperaturas más altas de lo que es normal por esta zona, donde rara vez antes se superaban los 30 grados y ahora podemos estar varios días seguidos a 35 o más, cuando no rondando los 40. Eso sin contar la falta de lluvia durante muchas semanas. Ya sé que no es tan fácil cambiar un jardín de un momento para otro, pero habrá que ir adaptándose y poco a poco eliminar plantas que necesitan mucha humedad y un consumo de agua excesivo como las Hortensias y algunas otras.

 


Variedades de Salvia michrophilla en el patio.


Macetas con Sedum, Gramineas y otros.



El jardín junto a la casa.


Salvias. arbustos y Lagestroemia indica.



Salvias y Rudbeckia.


Helenium, Salvia y Erigeron Karvinskianus.


Helenium Rotgold.


Helianthemum y Rosa floribundae.


Un poco de color en  Septiembre.


Dalias, Helianthemum y Gauras.


Luz baja de otoño sobre los arbustos.


Una nube de Asteres y Tagetes.


Parterre detras la casa con Erigeron, Salvias y Asteres.



Imbatibles las Salvias y los Sedum a pesar del calor. Llevan meses en flor.




Parterre al amanecer con contraluces.


Imposible fotografiar estos parterres a plena luz.



Contraluces en el arco de entrada.



El verde oscuro de la maceta de forja sobresale sobre el fondo azulado de las flores de Aster Rubinellus.






En el estanque, Carex, Colocasias y otros.