martes, 9 de julio de 2024

Inicios de Julio en el Jardín de la Barrosa.


 


Delfinium y una preciosa Clemátide de la que desconozco el nombre.

En estos últimos años parece que al verano le cuesta llegar a Asturias, al contrario que en otras partes del país. Metidos ya en la primera quincena de Julio las temperaturas son un tiovivo entre los 18 y los 25 grados, mientras que algunos días al anochecer apenas llegamos a los diez. Ciertamente parece que estuviéramos aún en primavera o algo parecido.  Se podría pensar que esto es bueno para el jardín, pero no tanto. Una de las consecuencias es que las plantas Vivaces echan toda su fuerza en crecer, llegando los Plox o los Heliathemum al metro y medio, cuando no deberían pasar de los ochenta centímetros. Eso retrasa las floraciones, las plantas se caen para los lados y necesitan un entramado de soportes para mantenerse erguidas. Además, el oidio rampa a sus anchas ante el exceso de humedad y calor y las floraciones son más cortas. Como no paran de decir los científicos esto es uno de las consecuencias del cambio climático.

 


Mezcla de floraciones de inicio de verano: Coreopsis, Penstemon, Sisyrinchium, etc.

Este cambio en el norte parece ser un descontrol continuo e imprevisible de las temperaturas. Los granjeros se echan las manos a la cabeza con este tiempo de comienzos del verano. Si, crece más hierba verde en los prados, pero convertirla en hierba seca para el invierno es un auténtico suplicio. A estas alturas de verano, la temporada de la siega apenas ha comenzado en el pueblo, y a los ganaderos se les hace la vida un poco más difícil y más estresante por esta climatología imprevisible, además de las subidas de precios, los ataques de los lobos y otras múltiples desgracias que les acechan.


Arbustos en el parterre central.



Hortensia y Yuca a ambos lados de la entrada a la pomarada.



Esta semana veía reportajes de las Ferias de jardinería en Inglaterra como la de la BBC Gardener´s World Live o la de Hampton Court , y en todas ellas se muestran jardines que tratan  de sobrevivir a inundaciones y periodos de sequía en el mismo lugar y lucen un aspecto óptimo. Seamos claros. Eso parece poco menos que imposible como uno sabe muy bien por experiencia. Las plantas de zonas secas no crecen bien cuando la humedad es muy alta y el tiempo imprevisible, mientras que las plantas Vivaces típicas de los jardines del norte se achicharran con temperaturas por encima de los 35 grados por mucho que se rieguen. De la misma manera que las plantas de sombra no crecen bien al sol o viceversa. No existe ese tipo de jardinería intermedia que sirva para un tiempo que cambia constantemente con olas de calor o temporadas de lluvia y humedad constante además de inviernos fríos. En fin, que la jardinería se hace cada vez más complicada y mantener un jardín siempre en estado óptimo es prácticamente imposible. A estas alturas del verano la Barrosa luce relativamente bien, con mucha frondosidad y con el césped aún de un verde intenso, pero tan pronto vengan las primeras olas de calor intenso, que llegarán muy pronto, se achicharrará porque las plantas han crecido más de lo que debían y no ha habido una progresión en las temperaturas que las hubiera preparado para un calor intenso y con poca humedad. Ese es un hecho. Veremos cómo llegamos a finales de Agosto.  


Delfinium, Salvia Amistad y Coreopsis.



Parterre junto a la casa con floraciones de verano.



Hemerocalis, Coreopsis y Salvia.

 




Esta Hortensia paniculada vino de un esqueje del Pazo de Oca en Galicia, pero no florece en azul ya que el suelo no es ácido.



Hortensias de esquejes junto al pozo.


Clavel del poeta y Hortensia.



Nandinas, Hipericum, Hostas, etc.



El Hipericum florece muy bien en zonas de sombra.



El nuevo parterre va cogiendo forma.



Los arces japoneses están excelentes a principios de Julio.



Acer palmatum Umo Yama en sombra bajo un gran nogal.



Agastache Golden Jubilee.





Junto al invernadero, profusión de macetas.





Dalia Double Delight en el huerto.


Parterre de verano en el huerto.




Hortensias y Arbustos recortados.



Circulo de las Heucheras con floraciones de verano.


Circulo de las traviesas construido este año en torno a un cedro.



Arbustos de Berberis, Hibisco y otros.


Dalias en el huerto.


Variedades de Helianthemum y Coreopsis


Helianthemum, Echinaceas y Anemanthele lessoniana.


Haya roja ya con su forma topiaria que empecé el año pasado.


martes, 2 de julio de 2024

Chapada Diamantina. Bahía. Brasil 2006.

 


El pueblo de Lençois al lado del río

Chapada Diamantina es una región a unos 400 km. de la ciudad de Salvador de Bahía, capital del estado del mismo nombre. A mediados del siglo XIX, justo cuando comenzaban a agotarse las minas de oro de Minas Gerais, alguien descubrió diamantes en uno de los ríos que pueblan la zona y la “fiebre del diamante” sacudió el país y cientos de “garrimpeiros” invadieron una zona de bosques y montañas olvidada de la mano de dios, y por unas décadas se crearon decenas de pequeños pueblos en torno a los ríos y la riqueza fluyó hacia Salvador de Bahía y otras ciudades de la costa de Brasil. La fiebre del diamante duró apenas unas décadas y para principios del siglo XX la riqueza de los ríos se había agotado. A mediados de siglo se intentó de nuevo, esta vez con grandes máquinas colocadas a lo largo de los ríos, volver a tentar la suerte. Por suerte el gobierno decidió parar aquel desastre ecológico una década después, declarando gran parte de la región como Parque y reserva de la naturaleza. Hoy en día es uno de los parajes más hermosos de Brasil con extensos valles boscosos de los que sobresalen mesas y promontorios que recuerdan un poco el Cañón del Colorado o los “tepuys” de Venezuela. Hay numerosas cascadas y preciosos ríos, cuevas inexploradas y multitud de lugares para hacer excursiones y actividades deportivas. Además, unos pocos pueblos se han conservado bastante bien y tiene mucho interés por su arquitectura y su entorno.

 


Paisaje de "tepuys" en Chapada Diamantina.


El pueblo de Lençois mantiene una arquitectura muy similar a la de cualquier pueblo portugués de la montaña.

Yo viajé en autobús casi ocho horas desde Salvador de Bahía hasta Lençois, uno de los pueblos mejor conservados de la zona, con una interesante arquitectura colonial de casa bajas, calles adoquinadas y al borde de un precioso río de agua color café. El pueblo fue fundado en 1845 como centro para el control y venta de los diamantes de la zona y para el comercio y abastecimiento en general. Hay incluso un consulado francés que dejó de funcionar hace tiempo. En 2006 no hacía mucho que el turismo había llegado a la zona y la mayoría de la gente que encontré en los pequeños hoteles, restaurantes y excursiones guiadas eran funcionarios de las ciudades de la costa que disfrutaban de sus vacaciones, gracias al abundante incremento de sus salarios por parte del presidente Lula da Silva. Al menos eso fue lo que me comentaron. El pequeño pueblo de Lençois es una delicia, y uno podría quedarse allí durante varias semanas y siempre hay algo que hacer o ver. Las pozas del río son un excelente lugar para pasar el tiempo remojándose en sus aguas frías. Lo mejor es apuntarse a las decenas de actividades que organizan los hoteles con guías locales. Yo hice varias caminatas visitando cascadas, recorridos en barca por los ríos de la zona y hasta buceé en las lagunas azules en el interior de una enorme cueva. Sin duda uno de los sitios más agradables del interior de Brasil para pasar una semana.

 


Plaza principal del pueblo con el suelo de piedra.

A la tarde se `puede tomar una “cachaza” en la terraza de alguno de sus numerosos bares y cenar una excelente carne en cualquiera de los numerosos restaurantes del pueblo. Supongo que 20 años después de aquél viaje las cosas probablemente no serán exactamente igual pero lo recomiendo como uno de los lugares más tranquilos y agradables de todo Brasil y con una temperatura ideal dado que está en plena montaña.




Yo en ese viaje.


Vistas del parque con esas "mesas" que recuerdan el Cañón del Colorado.


Un descanso en la ruta.



Una extraña planta de la familia del Paepalanthus.


La cascada de Fumaça con muy poco agua.


 


El antiguo consulado francés en Lençois.


Una de las iglesias del pueblo.


Las calles son empinadas y con adoquines.




En la plaza central.


Excursión por uno de los ríos de los alrededores.





Una poza en el río. Tienen bastante profundidad y son muy adecuadas para bañarse.



Durante la excursión un "garrimpeiro" nos ofreció unos diamantes. Por el mayor pide 400 dólares. Son unas piedras muy hermosas y con un brillo espectacular.


Un a de las numerosas "Cachoeiras" de los ríos de esta zona.


Excursión em barca por una laguna cubierta de jacintos de agua.









Visitando una de las cuevas de la zona. El agua es asombrosamente transparente y fría.


El "pozo azul", dentro de una de las cuevas.


Nuestra "pousada" a la orilla del río.


Mujeres lavando en el río.



Calle del pueblo de Lençois.


El pueblo durante la noche.