martes, 28 de abril de 2020

Un poco de luz en el Abril de la pandemia.


Iris Hollandica remojados por la lluvia.


Probablemente todos recordaremos este mes de abril como aquel de la pandemia que nos mantuvo encerrados en casa mientras los hospitales se llenaban de gente y un buen número de ellos se iban para siempre. Eso si uno no han sufrido el propio coronavirus o han tenido desgracias personales entre sus familiares o allegados. Para esos habrá sido aún mucho peor. Para la gente más joven probablemente esta sea la experiencia más dura de sus vidas hasta ahora. Para los que ya hemos terminado la vida laboral esperemos que esto sea tan solo un paréntesis más, aunque el desenlace aún no ha llegado y todavía pueden ocurrir cosas peores. Seamos un poco optimistas y esperemos que todo acabe dentro de poco tiempo.



Iris Germánica.
En la Barrosa el mes ha sido largo, silencioso y extremadamente lluvioso, hasta el punto de que la mayor parte de las fotografías que incluyo en esta entrada están hechas con paraguas. Hacía muchos años que no llovía un día tras otro durante semanas seguidas. El jardín rezuma agua por todas partes, el arroyo está desbordado y los árboles crecen un palmo cada día. Cuando yo era niño las primaveras en Asturias solían ser así. Días eternos de lluvia y orbayo hasta que la humedad te calaba los huesos e impregnaba las paredes de las casas. Horas interminables de ver la lluvia tras los cristales pensando que en algún momento llegaría el verano para bañarte en el río y disfrutar de todo lo buena que traería el mejor momento de año. Quizás el coronavirus nos ha traído también este cambio de clima y de repente hemos vuelto atrás en el tiempo. Lo más probable es que no sea así. A la naturaleza le ha venido bien estos días lluviosos y sin contaminación y al jardín también. La lluvia siempre es buena y esto hará que los manantiales traigan agua en abundancia durante un tiempo y los bosques se recuperen. También los jabalíes y los tejones han llegado hasta la puerta de la casa y han hecho interminables surcos en la hierba y agujeros por todos partes. ¿Será que ya están reclamando su lugar antes de tiempo? Curiosamente siempre han respetado los parterres. No les gusta hacer agujeros donde hay plantas. Prefieren el césped bien segado y sin estorbos. Lo cierto es que todo florece con profusión, aunque las flores no duran demasiado.


Crataegus "Paul Scarlet y Viburtnum tomentosum Mariesii en el macizo central.

Clematis Jackmanii.


Es tiempo de Iris en la Barrosa. Nunca miro para ellos hasta que salen de algún lugar de la tierra y me sorprenden con esas cabezas azules o amarillas de aspecto frágil. Entre los arbustos de primavera Abril es el momento más esperado: Lilos, Weigelas, Vuburnos, Espinos rojos y blancos, Potinias, Ceanotus, etc son los primeros en florecer. También han florecido las Clematis tempranas y la Glicinia en la parte de atrás de la casa. Todavía quedan algunos Jacintos y Tulipanes, aunque la lluvia los ha destrozado, pero para mí lo más interesante del jardín en estos momentos, es ver la enorme variedad de colores de las hojas tempranas de arces, arbustos y plantas perennes. Toda la gama de amarillos, rosados y grises compiten con el verde en crear variaciones de color que la lluvia y la niebla intensifican. El calor y el tiempo convertirán las hojas en un verde uniforme según avancen los meses. He hecho una compra de plantas por Internet en un vivero francés especializado en plantas perennes. “Le Clos d´Armoise”. He comprado diferentes variedades de Aster y Chrisanthemun para mejorar las floraciones de otoño, además de alguna Salvia resistente al frío, Agastaches, Nepeta, etc. Las plantas han llegado bien y son magníficas y a un precio muy competitivo. Este verano espero ver florecer las plantas perennes que el año pasado crecí de semillas de “Jelitto Seeds”. El resultado ha sido muy bueno y ya están plantadas en los parterres y tienen un buen tamaño. Algunas son variedades únicas que no se pueden comprar en otro lugar. El invernadero está a tope con semilleros de temporada y plántulas de tomate, pepino, pimientos, judías verdes, calabacín, y otras cosas que es imposible plantar en el huerto ya que no para de llover. Esperemos que la próxima semana podamos salir todos a pasear y, sobre todo, que mejore el tiempo para disfrutar de esta primavera tan diferente a todas las que hemos vivido hasta ahora. Aquí os dejo unas fotos de la Barrosa esta semana.

Wisteria Floribunda.

Clematis Montana.

Ajuga reptans atropurpurea, una tapizante muy eficiente y al fondo Heuchera "Caramel"

Dos variedades de lilos diferentes.

Narcisus Recurvus, los últimos en florecer.



Este pequeño parterre es nuevo este año. En primer termino Polemonium y Sisyrinchium Striatum, dos plantas muy novedosas de la serie de Jelitto Seeds.

Weigela florida, un arbusto originario de China, muy agradecido y que no da ningún trabajo.
Los Iris Germánica (Iris barbados nunca decepcionan, aunque la lluvia los maltrata constantemente. Lo cierto es que en este macizo cada vez hay más amarillos cuando antes eran casi todos azules.




Iris Hollandica

Acer Palmatum "Bloodgood". A los arces japoneses les encanta la lluvia y esta primavera están en su mejor momento.

Debajo del Arce crecen números Helechos autóctonos de varios tipos

Las hojas variegadas del Ilex y el Cornus controversa llaman la atención entre otros follajes

La variedad de follajes en este trozo sombrío es una muestra de que no solo las flores son importantes en un jardín. .




Viburnum Opulus (Bola de nieve), las ramas se doblan con la lluvia y el peso de las flores. Hay varios en diferentes partes del jardín.












Weigelas y Berberis rojo y amarillo.


Este Ceanothus se ha mezclado con el Romero rastrero y han hecho una sola mata.



Weigela variegada, Nandina domestica, Aucuba y bolas de Boj.



Las Nandinas de bolas rojas crecen por todas partes en la Barrosa. Este arbusto de procedencia Asiática se adapta muy bien a los jardines del norte y para mi es uno de los más atractivos de hoja perenne. Se reproduce por esquejes relativamente bien aunque lleva bastante tiempo.






Un detalle de la rocalla.



Las plantas perennes comienzan a crecer en el parterre del huerto. Al fondo el invernadero de los tomates esperando a que mejore el tiempo.


Mis plantas compradas en el Vivero francés, listas ya para ser trasplantadas. El helecho del fondo es un Dryopteris erythrosora conocido por su coloración rojiza en otoño, que espero que crezca bien en la Barrosa.



En la zonas sin segar de la Barrosa las flores silvestres compiten con la hierba.




martes, 21 de abril de 2020

Hampi, una de las grandes ciudades olvidadas de la historia. Entrada 1.



 
El templo de Virupaksha desde la colina de Hemakupta al atardecer.
Muy pocos de nosotros que tenemos una cierta idea de la historia de las civilizaciones a lo largo del tiempo sabríamos decir que es o donde está Hampi, y sin embargo en el siglo XV era la segunda ciudad más grande y poblada del planeta después de Pekín. A ella acudían los embajadores de Venecia, Portugal o Persia para hacer negocios y presentar sus honores al rey del Imperio Vijayanagara y de paso a llenar sus caravanas de mercancías de camino al lejano oriente o a Europa. De ella escribió el viajero persa Abdur Razzak, a principios del siglo XVI: La ciudad era de tal modo grandiosa que sus ojos nunca había visto nada parecido y que no tenía conocimiento de existir en el mundo un lugar como este. Destruida poco después, en 1565, por una confederación de los sultanes del Decan, hoy la gran ciudad es un conjunto de ruinas esparcidas por decenas de kilómetros cuadrados donde, como casi siempre, perduran algunos de los más de 1.000 templos que llegó a tener, paredes de palacios y edificios públicos, restos de ingentes murallas, enormes aljibes y baños y, sobre todo, uno de los paisajes más llamativos y extraños de todo la India en torno a un poderoso río. Curiosamente no queda ninguna ciudad que heredara su nombre, sino al contrario, pequeños pueblos dispersos entre las ruinas, con una economía de subsistencia y olvidados de la mano de dios y de los hombres. El enorme conjunto arqueológico situado en el estado de Karnataka, en el interior de la India del Sur, no está dentro de los lugares turísticos más visitados y, a pesar de ser patrimonio de la Humanidad desde 1986, la mayor parte de los que se acercan hasta aquí, son nativos que viene de peregrinación al único de los grandes templos en los que se mantiene un culto ininterrumpido a Shiva desde hace probablemente más de un milenio.

Alrededor del gran templo hay varios recintos con capillas y un estanque sagrado 



Históricamente Hampi ya era una región bien conocida y habitada antes del Imperio Vijayanagara como así lo prueban algunos templos y conjuntos monásticos varios siglos anteriores a los comienzos de este imperio. Ya durante el reinado Chalukya, siglos VIII al X Hampi era un conocido lugar de peregrinación y un importante centro religioso, pero fue en 1335 cuando los dos hermanos, Harihara I y Bukka I la eligieron como capital de su naciente Imperio. En los siguientes doscientos años la ciudad pasaría a ocupar una posición dominante en el sur de la India y se convertiría en poco tiempo en un bastión del comercio internacional de la época. Dicen que su reyes o dirigentes eran los más justos de esos tiempos, tal como aparecen en numerosos comentarios de visitantes extranjeros. Construyeron decenas de infraestructuras públicas, promocionaron el arte y el saber atrayendo a decenas de intelectuales y científicos. Promocionaron el comercio y mantuvieron las rutas comerciales seguras en cientos de kilómetros cuadrados en torno a su imperio. En una de las cortes más refinadas de la época, decenas de embajadores y representantes de los reinos del mundo disfrutaban de las comodidades de una de las urbes más sofisticadas del planeta y comerciaban a manos llenas con las riquezas que llegarían a los lugares más alejados del planeta. Nada de esto los salvó de la destrucción. Una coalición de sultanatos musulmanes del norte de la India, ayudados por los estados del Este, derrotaron al rey Aliya Rama, lo decapitaron y durante seis meses se dedicaron a destruir la enorme ciudad hasta que apenas unos pocos edificios quedaron en pie. La ciudad jamás renació de sus cenizas y el olvido fue casi absoluto hasta la colonización inglesa cuando se empezaron algunas excavaciones y reconstrucciones.

Todos los día el elefante sagrado del templo se baña en el río con su cuidador.




Cerca de las ruinas apenas queda una pequeña aldea de calles sin asfaltar donde se apiñan un numeroso y variopinto conjunto de pensiones y hoteles muy básicos (el turismo internacional, cuando llega, viene desde lejos en autobuses climatizados), restaurantes y tiendas de chucherías. Al lado de las pensiones hay establos de cabras, vacas y perros callejeros. Yo me quedo en una de estas humildes pensiones y al amanecer subo a la terraza para escuchar los cánticos y rezos de los peregrinos en el gran templo Virupaksha, el único donde el culto sigue igual desde hace mil años. Desde allí veo a los peregrinos caminar hacia el río, después de las pujas y oraciones. Justo a las siete de la mañana también puedo contemplar al gran elefante sagrado dirigirse hacia su baño diario en el río Tungabhadra. Hampi tiene una magia difícil de describir. Es uno de esos lugares que uno tiene que vivir para darse cuenta de que el pasado está mucho más cerca de lo que uno imagina. El pasado está ahí a dos pasos, y todo lo que consideramos presente y modernidad no es más que un envoltorio transitorio, una nimiedad insignificante. Estas gigantescas piedras de granito rosado que rodean la aldea llevan viendo dos mil años de historia sin inmutarse, sin cambiar de lugar o forma.  Los mismos primates que asientan sus posaderas en ellas y contemplan el amanecer –igual que yo-  tiñendo de oro las grandes torres del templo, son los descendientes de otros que hicieron los mismo durante sus años de vida. Esta es una ciudad de amaneceres y ocasos en la que el tiempo parece no tener sustancia. Podría estar aquí durante meses visitando colinas y aldeas olvidadas, o simplemente contemplando al gran río transitar entre arrozales, y nunca me cansaría. Hampi es como un poderoso imán del que resulta muy difícil evadirse o abandonar y mucho menos olvidar.

Los monos contemplan el amanecer desde una roca sobre el gran templo.

Espero que estas fotos os trasmitan un poco de esa magia en estos tiempos tan difíciles. La mayoría están hechas al amanecer o al atardecer. Esta entrada se centra en torno al espacio más cercano a la aldea. Habrá otra entrada más adelante sobre el llamado conjunto real y alrededores. Espero que os guste.

 
Campos de arroz en la otra orilla del río.

El potente río Tungabhadra, a unos pasos del templo, es lugar de limpiezas ritual para los peregrinos. Rocas con inscripciones y simbología religiosa.

Lavando ropa al lado del río.


Mujeres caminando hacia el embarcadero para pasar al otro lado del río.


En las orillas  hay decenas de templos en ruinas entre las palmeras.



Estanque en el interior del templo.


Torre de entrada al gran templo.

Una de las vacas sagradas.


Mujeres depositando ofrendas.





Un sacerdote sale de una de las capillas mientras los monos se despiojan.


Interior de la capilla principal con columnas y capiteles decorados con bajorrelieves.

Dos especies de monos diferentes cohabitan dentro del templo y se hacen cargo de las ofrendas: flores y frutas.





Una de las gigantescas puertas laterales del templo.








En la colina detrás del templo hay decenas de capillas, restos de otros templos  y construcciones menores. También estanques para el agua.














Desde lo alto de la colina puede observarse parte de la murallas que llegaba hasta la lejana ciudad a 7-8 kilómetros.





Resto de uno de los bazares cerca del templo Achyutaraya. Esta era una gran ciudad comercial y quedan restos de bazares al lado de cada uno de los grandes complejos de templos.


Estanque sagrado en otro de los templos.


 

Esta escultura de Ganesha, el dios elefante está hecha de una sola pieza de granito de varias toneladas.


Gigantesca escultura de 6 metros de Nagarinsha en parte destrozada durante el saqueo de la ciudad.



El paisaje cerca del gran río trae vagos recuerdos del Nilo.