lunes, 30 de mayo de 2022

Pasión por las Aguileñas.

 


Macizo de Aguileñas en el arriate del huerto.


No se ven muchas aguileñas en los jardines del norte de España. No sé si por desconocimiento, porque nos parece una planta salvaje  o simplemente porque los Viveros  no la consideran una planta que de beneficio para la venta. Todos sabemos el escaso interés de los Viveros, en general, por las plantas vivaces y lo difícil que es hacerse con muchas de ellas. Sea como sea y, dado que las Aguileñas crecen muy bien de semillas, que si se venden en casi todas partes, no hay ninguna excusa para no disfrutar de ellas, ya que es una planta con innumerables ventajas para llenar el jardín de flores en primavera.


Aguileñas y Lupinos, una buena combinación.

La Aquilegia vulgaris o Aguileña es una planta silvestre muy común en todo Europa, además de en otras partes del mundo, y aquí crece bien en casi todas partes, especialmente en el norte, donde llena los prados con sus campanas azules y sobresale sobra las otras plantas de la pradera. Es una planta vistosa, llamativa, delicada y tremendamente fotogénica. Crece bien al sol y en semisombra, y casi en cualquier terreno que tenga una cierta humedad. Sus raíces son profundas y se hunden bien en la tierra con lo cual, tras la floración, aguanta bastante la sequía. Suele durar 4 o 5 años y luego desaparece, no sin antes dejar sus semillas esparcidas de donde salen nuevas plántulas. No es invasiva, ya que sus semillas no germinan con excesiva facilidad aunque, si tenemos algunas, es probable que encontremos todos los años varias pequeñas plantas en diferentes partes del jardín. Eso viene bien para renovar el macizo. Es conveniente cortar los tallos florales al finalizar la floración, así evitamos la dispersión de semillas y rejuvenecemos la planta. En los arriates mixtos conviene tener otras plantas perennes creciendo al lado y que ocupen parte del espacio de las Aguileñas durante el verano. Echinaceas, Rudbeckias, Crocosmias, Lupinos y muchas otras. En primavera combinan muy bien con Lupinos, Peonías, Sisyrinchium, etc. como las veis en la Barrosa.

 


Nepetas y rosas entre herbáceas y un pequeño arce.

En el norte si llueve y hace calor durante la primavera, es probable que las hojas queden manchadas de mildiu y terminen poniéndose negras. No es ninguna tragedia y por lo general se basta con cortar todas las hojas y desecharlas para que vuelvan a crecer de nuevo en poco tiempo sin apenas daño al resto de la planta. A veces sus raíces pueden pudrirse tras un invierno muy  lluvioso y frío. Las Aguileñas crecen mejor en semisombra pero soportan bien el sol aquí en el norte, donde no es extremo. Agradecen un poco de acolchado tras la floración, o en otoño para proteger las raíces y darles más vigor.

 


Aguileñas entre otras plantas Vivaces. Cuando dejen de florecer otras ocuparán su lugar.

Las Aguileñas que se venden en sobres de semillas suelen ser híbridos de varias tipos de aguileñas combinadas. Suelen crecer en diferentes colores de tonos pastel y alcanzan unos 40/50 cm de altura. Florecen siempre y es una de las flores de primavera más duradera ya que por lo general aguantan bien hasta 4 semanas. Hay también aguileñas americanas e incluso japonesas que florecen ligeramente más tarde que las europeas. Hay variedades enanas y otras más altas que las comunes. Las hay incluso de flores dobles y de unos 20-30 cm de altura. Sin duda hay aguileñas para todos los gustos. Las que crecen en la Barrosa proceden de un simple sobre de semillas que compré hace unos años,  aunque también salen algunas silvestres y es probable  que se hayan cross-polinizado.

Este año como, veis en la fotos, he plantado un buen número de Lupinos y Nepetas para alegrar la primavera. La combinación funciona bastante bien. Espero que os gusten estas fotos.



Macizo de Aguileñas con Berberis, Crocosmia y rosal.


Lupinos y Aguileñas silvestres.


Allium y Sisyrinchium.


Nepetas, Lupinos, Sisyrinchium, etc.


Hay pocas plantas tan fotogénicas como las Aguileñas.





Dedaleras y Delfinios



Campánulas y arbustos.


Sisyrinchium y arbustos en plena primavera.


Arbustos de primavera en flor: Spiraea y Viburbnum.






Definitivamente este no es el lugar para estas Primula Bulleyana. Necesitan un lugar más húmedo.



Lupinos y Peonías.


Magnífica floración de un Celindo.


Las Dedaleras crecen bien a la sombra y en cualquier parte, pero son bianuales y siempre hay que plantarlas de nuevo.


El primer macizo del huerto. En primer término Polemonium yezoense. Abajo con Phlomis russeliana, Allium (cebollino) y Erigeron karvinskianus.





Arbusto de Lilo de California


Nepetas en los macizos de la pérgola.







Haya púrpura.






martes, 24 de mayo de 2022

Jardinería y paisaje en el Puerto de la Cruz. Tenerife.

 


Vista del nuevo parque detrás de Playa Chica.

El Puerto de la Cruz es uno de mis lugares preferidos en Tenerife. Quizás porque lo conocí a principio de los 80 cuando el turismo no se había masificado todavía y la pequeña ciudad aún conservaba esa atmosfera del exotismo y libertad ligado a los visitantes extranjeros mezclado con un ambiente  local de pescadores y plataneros. En aquella época yo trabajaba en la cercana villa de la Orotava, así que a menudo nos acercábamos al Puerto para disfrutar de los bares y restaurantes que crecían por todas partes y también para hablar con los extranjeros y practicar un poco de inglés. También a veces con mis alumnos para hacer proyectos sobre lo aprendido en clase. En aquella época había una cierta ingenuidad y mucho optimismo. Caminando ahora por sus calles, lo cierto es que el Puerto sigue siendo uno de mis lugares preferidos, no ha cambiado demasiado y, en invierno, continúa siendo una pequeña ciudad, amable y tranquila, con muchos extranjeros, muchos espacios verdes y un entorno que apenas ha cambiado desde entonces.

 


Contemplando el mar desde la ermita de San Telmo


Playa Chica desde el Castillo de San Felipe.

Incluyo este texto de un estudio sobre el turismo en el Puerto de la Cruz que me parece muy esclarecedor:  La actividad turística en Puerto de la Cruz se remonta a finales del siglo XIX, con la llegada de turistas para estancias invernales de tipo balneario en el Hotel Taoro. La profunda implantación británica en la zona facilitó que Puerto de la Cruz fuera el principal centro turístico tinerfeño durante la primera mitad del siglo XX. Se trataba de un turismo climático y de tendencias naturalistas, con escasa exigencia de sol y playa y frecuentemente asociado a tratamientos de salud. Ya a principios del siglo XX, aparte del Gran Hotel Taoro, este flujo turístico mantenía en funcionamiento a varios hoteles de menor tamaño. Primaba el binomio entre clima y exotismo como forma de atractivo turístico.

 


Una vista del Lago Martianez.

Según este informe, el turismo en el Puerto alcanza su máximo apogeo hacia 1973, con casi 23.000 plazas hoteleras. A partir de ese año, el progresivo aumento de la oferta hotelera en el sur de la isla, va detrayendo visitantes que se quedan en las playas del sur, donde el clima es más apropiado para el baño y el disfrute del mar. Entre el 73 y el 80 el turismo en el Puerto comienza a decaer y apenas crece desde el 80 al 2001, con poco más de 30.000 plazas hoteleras en total. Mientras, en el sur de la isla, la construcción de nuevas plazas hoteleras  crece de forma exponencial hasta superar las 200.000 por estas mismas fechas. No tengo datos a partir de entonces, pero todo confirma que, al menos lo que es la ciudad en sí, parece haber quedado estancada en los años 80 y de ahí gran parte de su atractivo. Entre el 71 y el 77 se construyen las piscinas artificiales del Lago Martianez,  según el diseño del artista canario César Manrique y que crearían una nueva forma de disfrutar del agua y de su entorno; un nuevo concepto de piscina más ligado al arte y a la naturaleza. En el 80, cuando las vi por primera vez, relucían en todo su esplendor y, tras una reciente remodelación, continúan igual de hermosas y cuidadas que entonces. Plantas, esculturas y agua conforman un diseño exitoso que se ha intentado copiar muchas veces en otras partes de España y del resto del  mundo, aunque yo creo que pocos tienen la sutileza y el encanto del original. En el otro extremo de la ciudad, cerca del castillo de San Felipe y las playas de arena negra, se ha construido un parque muy agradable y frondoso que mejora mucho el entorno. También se ha cuidado la jardinería en las plazas alrededor de iglesias y ermitas repartidas por la ciudad. Aún hay un gran proyecto pendiente y en construcción, que consiste en terminar todo el paseo marítimo desde el puerto hasta este castillo. Además de esto, está sin terminar aún la esperada ampliación del Jardín Botánico que se ha quedado a medio camino. Sea como sea El Puerto de la Cruz es una ciudad preciosa para pasear en un entorno muy cuidado y donde la jardinería tiene una gran importancia para crear esa sensación de bienestar y relax que todos ansiamos y esperemos que siga mejorando en el  futuro. Aquí os dejo unas fotos de la ciudad y sus jardines este invierno. El jardín botánico ya fue incluido en otra entrada anterior.

 


Plaza de la Iglesia de San Francisco. En primer término esta planta tan vistosa es un Codiaeum variegatum.


Antiguas casonas reconvertidas en tiendas y bares en el centro histórico.






Jardín alrededor de la ermita de San Telmo.


Entorno de la ermita.


Aloe arborescens delante de la ermita.


Ermita de San Telmo (1626)



Drago en una de las plazas.


Plaza delante de la Iglesia de Nuestra señora de la peña de Francia.


Centro histórico.


Jardines en torno al puerto amurallado.


Cementerio inglés, muy cuidado y lleno de plantas con el Teide al fondo.




Una de las playas de arena negra y guijarros al norte de la ciudad.



Justo al lado de las playas del norte de la ciudad se han construido un gran parque-paseo, muy cuidado y con numerosas plantas autóctonas.


Dragos, palmera canaria y otras plantas endémicas de la isla.




Cardón canario (Euphorbia canariensis), Dragos, Aloes y Yuccas entre otros.



El Teide nevado, al fondo entre las palmeras.


Precioso drago joven de cuatro brazos.


El Lago Martiánez sigue conservando la misma frescura y estética que cuando se creó hace ya casi 50 años.


Escultura eólica de César Manrique en el lago Martianez. Juguetes del viento los llamaba él.



Paseo sobre el lago Martianez, también diseñado por el pintor artista canario.



Excelente combinación de plantas de clima desértico contrastando con el blanco y la madera de los edificios.



Pequeño drago en este paseo.


Este jardín nuevo se acaba de construir en el paseo en torno a la llamada Playa Martianez. en el extremo sur de la ciudad.