viernes, 14 de junio de 2019

Grandes templos del Sur de la India.


Atardecer en uno de los patios del templo Navagraha en Kumbakonam.
 
A principios de los años 90 hice mi primer viaje a la India. Durante dos agotadores meses viajé por el norte y centro de la India y terminé tan exhausto y hastiado de la  pobreza, miseria, corrupción, suciedad y de un clima tan extremo, que me prometí a mí mismo no volver a poner los pies nunca más en ese país. Aquello se caía a pedazos y no tenía remedio. Miles de personas famélicas invadían las calles de las grandes ciudades y a nadie parecía importarle. La miseria más absoluta y la belleza de los grandes templos y edificios del pasado convivían una al lado de la otra en medio de la mugre y la inanición. La división entre las diferentes castas era tan irreconciliable como obscena. Ni siquiera la etérea hermosura del Taj Majal logró conmoverme. Era un país condenado al olvido y a la autodestrucción.
 
En 2016 regresé de nuevo a la India, casi 30 años después y, ciertamente, las cosas habían cambiado y conseguí, hasta cierto punto, ver el país con nuevos ojos. O al menos lo intenté.
Mujeres en la playa cerca de los templos de Mahabalipuram.



Estatua de Shiva en un templo.
Mi primera impresión es que aquella India famélica y exhausta forma parte ya del pasado. Los datos son abrumadores: la India es hoy  la mayor democracia del planeta con 1.250 millones de habitantes y su índice de pobreza se ha reducido significativamente, alrededor del 28%, después de 20 años de crecimiento constante. En apenas 4 años será la cuarta economía más grande del mundo y es probable que llegue al segundo puesto en 2050, detrás de China. Su economía de servicios es la más pujante del planeta y crece a pasos agigantados la educación de su población joven (el porcentaje de 1-18 años supera a la población total de Estados Unidos).  No todo son datos positivos. El problema entre las castas, aunque atenuado, aún perdura y lastra enormemente su desarrollo. Durante el viaje leí noticias en los periódicos, casi a diario, sobre la discriminación contra las mujeres o la casta de los “intocables”. Las fricciones con la población islámica y otras religiones en minoría son también constantes, pero al menos aparecen en la prensa y se denuncian. La corrupción aún es uno de sus mayores problemas pero se ha atenuado entre los funcionarios de las empresas del estado (basta sacar un billete de tren para comprobar la diferencia). Sigue habiendo mucha pobreza pero no miseria (al menos en el sur no la he visto), y la comida es abundante y bastante asequible en los mercados. La gente sonríe ante la cámara y, en su gran mayoría, van vestidos con dignidad. Creo que eso es bastante evidente es estas fotos que os muestro.


Mi viaje comienza en la enorme ciudad de Chennai (6 millones de habitantes), en el Este, y sigue la ruta de los grandes templos hacia la punta Sur de la India continuando luego por la costa Oeste hasta Cochin. Ciertamente el Sur de la India está algo más desarrollado que el Centro y Norte. Además, la influencia de la religión y cultura Cristiana (por la colonización Portuguesa y Europea), sobre todo en Kerala y parte de Tamil Nadú, es bastante evidente, lo que influye en la educación y el desarrollo económico de sus habitantes. Los grandes templos Hindúes del sur de la India siguen formando parte de la vida diaria de los habitantes de estas zonas. La gente los visita casi a diario y en ellos descansa, charlan, comen, rezan, dormitan e incluso hacen negocios. (Una función similar tuvieron las grandes catedrales góticas en Europa hace siglos). Mi interés era fotografiar la vida en torno a los templos y, a ser posible en su interior, más que en destacar su valor arquitectónico o artístico. La India es un país de colores, eso es más que evidente. El color lo inunda todo y de alguna manera es como un antídoto contra la parte más desagradable y mezquina de la existencia. Un hombre puede llevar un “lungui” (tela en forma de falda) amarilla y una camisa de color rosa y caminar con absoluta dignidad y decoro. En pocos países se utiliza el color con tanta maestría y abandono. El color impregna a la India de una belleza difícil de esquivar y que al final termina atrapándote. Espero que estas fotos os den una idea de la India actual y os animen a visitarla algún día.

Templos tallados en las rocas en Mamallapuran. La mayoría se construyeron entre el siglo VII y VIII.

Los templos de Mamallapuran son de roca maciza, y se tallaron comenzando desde arriba. Son Patrimonio de la Humanidad.

Puestos de fruta en la entrada a los templos de Kumbakonam.

Vendiendo ofrendas de flores para los templos.

Imágenes de piedra policromada características de algunos templos del su de la India.

Entrada a los templos Chola de Thanjavur (s. XI y XII).

Los templos de Thajavur, construidos durante el reinado de la dinastía Chola, son realmente impresionantes. También forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Mujeres descansando en uno de los recintos del templo.

Interior decorado con Lingams y frescos.

Estudiantes hacen fila para visitar uno de los templos.

Muchachos saliendo de uno de los templos.

Es común encontrar escolares en todas las visitas a la India. La educación primaria alcanza ya casi al 95% de la población infantil.
Escenas de calle en el en torno de los templos.




Los puestos de fruta en la calle y las bicicletas son todavía la  imagen más amable de este país. 



La ciudad de Tiruchirappalli, una de las más importantes del Sur de la India, con las torres en forma de pirámide de su gigantesco templo. Esta considerado como el edificio religioso más grande del mundo en activo.



Calle en una de las entradas al Templo Sri Ranganathaswamy.
 
El interior de este templo consta de decenas de patios,  torres (gopuram), salones de oración y de descanso, lugares sagrados, capillas, etc. Es una auténtica ciudad dentro de otra.

Las salas de oración y descanso están construidas con gigantescas columnas de piedra y techos planos. En su interior la gente dormita, come y hace todo tipo de actividades.
 
Interminables pasillos comunican unas estancias con otras.





Algunas de las torres de este templo (funcionan como entradas o para resguardar un lugar sagrado) alcanzan los 70 metros de altura.




Las torres aparecen decoradas con miles de imágenes policromadas y muestran diferentes aspectos  de la religión y la historia de la civilización Hinduista.




Las calles alrededor del templo son un hervidero de actividad.
 

 
La presencia de las vacas sagradas en la calle ya no es tan masiva como hace años. 
 
 
 



Templo de la roca, también en esta ciudad.






Torre de entrada al templo de Meenakshi Amman en Madurai, uno de los templos más deslumbrantes de la India.


El templo está decorado con más de 60.000 imágenes de un barroquismo espectacular.


Mercado en los alrededores del templo.



Interior del mercado con una construcción y decoración similar a la del templo.



Puestos en el mercado. Madurai.






Imágenes de Madurai.



Mujeres visitando el Palacio real de Madurai.



Interior del Palacio Thirumalai Nayak en Madurai.



Otra estancia del mismo palacio. 

2 comentarios:

  1. Francamente, la India debe ser espectacular como bien dices y muestras amigo José. Sus espectaculares obras arquitectónicas bañadas de colorido son impresionantes. No conozco la India y a estas alturas de la vida no creo realizar algún viaje.
    Tienes tablas de aventurero amigo José, visitarla en los años 90 como hiciste, creo, no sería cosa fácil.
    El reportaje que nos muestras es precioso gracias por compartir.
    Un abrazo

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  2. Gracias por el comentario Juan. La India es un país fascinante para visitar aunque reconozco que a veces puede resultar un poco duro y no es atractivo para todos.
    Saludos

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