lunes, 25 de mayo de 2020

Viajar a las islas Maldivas “low cost”.


Playa para turistas en la isla de Maafushi. Las llaman "bikini beach" porque solo en ellas se puede utilizar un bikini.


Las islas Maldivas es uno de esos destinos exóticos al que muchos sueñan con llegar después de ver imágenes de sus playas de arenas blancas y de sus hoteles de lujosas cabañas sobre el agua. A menudo también salen en la prensa y medios de comunicación como destino para “celebrities” y millonarios. Lo cierto es que muy poca gente sabe que, desde hace unos años, se puede viajar hasta allí en un vuelo barato y alquilar una habitación de hotel, a través de Internet, a un precio similar al de muchas habitaciones de casas rurales en nuestro país. Una vez allí se puede viajar de isla en isla en baratos ferries del gobierno o hacer excursiones de snorkelling o submarinismo con agencias locales. En conjunto, el coste de esas vacaciones organizadas por nosotros mismos sale por una fracción de lo que tendrías que pagar en una agencia de viajes.  




Las cosas no siempre fueron así y para eso hay que entender un poco la historia y organización del país. La república de la Maldivas consta de 27 atolones y más de 1.200 islas, pero solo 203 están habitadas. Durante años fue colonia portuguesa, más tarde holandesa y finalmente británica. Tras su independencia en 1965, se convirtió en una República presidencialista islámica y de partido único hasta no hace mucho. La mayoría de sus islas tienen una extensión muy pequeña, lo que apenas permite la agricultura, así que durante siglos se vivió casi exclusivamente de la pesca hasta que ésta fue sustituida por el turismo, hace unas décadas. Sin embargo y, dado la fragilidad de sus ecosistemas, el desarrollo turístico siguió unos patrones muy diferentes al de los países de su entorno. Se decidió aislar a la población local del turismo y centrarse en un turismo del alto nivel económico. Para ello se construyeron “resorts” en islas no habitadas. El gobierno y un grupo minoritario de personas controlan esos lujosos hoteles de bajo impacto ambiental, donde la comida y todo lo necesario se transporta diariamente hasta la isla en hidroaviones o barcos. De esa manera el turista no tiene ningún contacto con la población local, y los ingresos ayudan al mantenimiento de la estructura gubernamental, escuelas, hospitales, etc. Ciertamente ese tipo de estructura funcionó relativamente bien para el gobierno pero. como pasa casi siempre, la riqueza no parecía que llegara a todos los habitantes y muchos continuaban viviendo en la pobreza.


El aeropuerto internacional está en gran parte construido sobre el agua. Al fondo la isla capital Malé, totalmente ocupada por edificios. Desde el mismo aeropuerto puedes salir en lancha rápida para tu destino.

Puerto de Malé desde donde salen los ferries del gobierno para otras islas.

Las cosas empezaron a cambiar después del tsunami de 2004 que causó enormes daños en todas las islas. En 2008 hubo las primeras elecciones democráticas y pluripartidistas, con un presidente elegido por el pueblo. Desde entonces, los sucesivos presidentes comenzaron a tomar algunas medidas relacionadas con la protección medioambiental y el gran problema del cambio climático que afectará de lleno a unas islas cuya máxima altura sobre el nivel del mar es de 2,50 metros. Con el fin de reanimar la economía y de que el dinero del turismo fluyera a la gente local, hace unos años se dio el paso de permitir un turismo de bajo impacto en algunas islas habitadas. El gobierno permitió a la población construir pequeños hoteles tipo casas rurales, además de algunos restaurantes o tiendas
Malé, capital de Maldivas (Foto tomada de Interne)
dirigidas a los turistas, así como agencias para organizar actividades y excursiones Eso hizo que un flujo aún pequeño de turistas independientes pudiera disfrutar de los atractivos de estas islas a un coste mucho más bajo que el de los exclusivos “resorts” de las agencias del gobierno. Lo cierto es que, para que os hagáis una idea, mientras que el coste de una habitación en uno de estos hoteles con desayuno va desde los 45-100 euros, un resort suele costar unos 400 por noche. De momento, solo hay unos pocos hoteles en unas 7-8 islas, pero las cosas cambian cada año. Eso sí, el alcohol no está permitido en estas islas y los turistas se bañan en playas diferentes a la población local y no puedes caminar por las calles en bañador o sin camiseta, por poner algunas cosas. La isla que yo visité, Maafushi, fue la primera que inició este tipo de turismo y ciertamente es un lugar muy agradable y se pude disfrutar de muchas actividades, visitar islas cercanas, hacer submarinismo, etc. a un coste asequible y, sobre todo lo más importante, el dinero va a la población local y no al bolsillo de algún ministro del gobierno. La isla tiene apenas unos 800 metros de largo y puede que haya unos 15 de estos hoteles, una docena de restaurantes, media docena de agencias que organizan actividades acuáticas y unas pocas tiendas. La población local vive casi exclusivamente del turismo, e incluso importa mano de obra de la India y Bangladesh principalmente.  





Atardecer en Maafushi.




Dicho esto, hay que tener en cuenta que, dado que casi todas estas islas son muy pequeñas, no hay mucho que hacer más que tomar el sol y disfrutar del agua y de sus espectaculares fondos marinos. No hay mucho “glamour” y algunos se aburren porque esperaban otra cosa. Ni siquiera en esos carísimos resorts, con unas pocas lujosas cabañas sobre el mar hay mucho que hacer. Las distancias entre islas son enormes y no hay centros comerciales ni tiendas. Tampoco la comida va muy allá, ya que casi toda viene de afuera y la pesca está muy limitada porque gran parte de los atolones están protegidos. En conclusión, las Maldivas son un lugar para relajarse, disfrutar del agua, de sus jardines de coral y de sus peces. Quien vaya pensando en una especie de paraíso del “glamour” y la sofisticación se ha confundido de lugar. Esta vez además de las fotos incluyo un video corto, grabado con una de esas máquinas Go-pro submarinas. Los hacen los guías que te acompañan en las excursiones de snorkelling y submarinismo y te los dan gratuitamente. Yo tan solo he pegado los pequeños trozos de grabación, por lo tanto, no es un video profesional, pero creo que merece la pena verlo, para hacerse una idea de la belleza de esos fondos de coral.


Resorts sobre el agua


Playa bikini de Maafushi.

Una calle de Maafushi

Un bar de zumos. Nada de alcohol en la isla.


Excursión en barco para hacer snorkelling.

Un par de delfines pasan al lado del barco.

El color y transparencia del agua es espectacular.



Parada en una pequeña isla de arena.
Las excursiones en barco de todo el día suelen incluir varias paradas para hacer snorkeling en sitios diferentes y bañarse. Cuestan unos 50 euros, incluida la comida

Llegada a una de estas "barras de arena". 



Las llamadas "barras de arena" son pequeñas islas o islotes que emergen del agua. Dependiendo de la época, pueden aparecer o desaparecer bajo el agua.

Un típico barco de uso turístico.

A los delfines les gusta acercarse a la gente y se puede nadar con ellos.





Yo, bajo el agua.
Contemplando tortugas marinas.

Nadando con tiburones bebes, o eso dicen. Son tranquilos pero hay que tener cuidado.

El típico pez payaso entre corales.

Arrecifes de coral y peces.



Preciosas tortugas. Hay decenas de ellas.

Escualos y otros peces.


Atardecer en la "barra de arena".

Nuestro barco esperando para llevarnos de vuelta.
El atardecer desde la ventana de mi habitación.
Este es el video grabado por Icom. Tours. Estáis viendo lo mismo que yo veo mientras hago snorkelling. Recomiendo verlo con los altavoces del ordenador para que escuchéis los sonidos del mar. Espero que os guste.




lunes, 18 de mayo de 2020

Vegetación exuberante pero con pocas flores


Exuberancia de hojas en árboles y arbustos.


Así está siendo este mes de Mayo. La lluvia, el “orbayu” y los cielos grises casi permanentes de las últimas semanas han convertido el jardín en una selva de verdor pero las floraciones son escasas y apenas duran unos pocos días. Es lo que ha pasado con los Lirios o las Aguileñas estos días. El año pasado las flores de las Aguileñas (Aquilegia vulgaris) llenaban casi todos los parterres  de intensos macizos de color. Este año he tenido que cortar muchas de ellas por la base ya que se estaban pudriendo por culpa del Oidio y otros hongos. Es lo mejor que se puede hacer cuando las hojas comienzan a volverse negras. Si se cortan a tiempo puede que sobrevivan para el próximo año. Se han salvado unas pocas. Menos mal que a los “Allium” (Ajos ornamentales) no parece afectarles y sus cabezas azules permanecen de pie por mucho que llueva, durante al menos quince días. Definitivamente son uno de los bulbos más agradecidos aquí en el norte. Lo adecuado sería plantarlos en masa pero yo los he plantado esparcidos entre las Vivaces y creo que es efectivo también. Además, tras la floración desaparecen, y apenas dejan ningún espacio vacío, lo cual es una ventaja.



Allium "Purple sensation", de tamaño medio es uno de los que mejor resulta en los jardines del norte.


En cuanto a los arbustos de flor comienzan a desaparecer las Weigelas pero llega el momento de las Spiraeas, los Viburnum y los pequeños arbolillos de Cornejo (Cornus florida y kousa) a los que si les gusta la lluvia y florecen perfectamente bajo el agua. En el norte, los Cornejos orientales  se adaptan bastante bien, y son uno de los árboles pequeños más bonitos que uno pueda encontrar. Muy recomendables para jardines de pequeño tamaño o patios. No les gusta demasiado el calor y crecen bien en semisombra. En otoño sus hojas tienen una intensa coloración rojiza. Aún no se ven demasiados, pero llegarán a popularizarse con el tiempo. En Oviedo ya crecen unos cuantos en los parques de la ciudad.


Las flores del Cornus Florida cambian de blanco a rosado según pasa el tiempo.


Cornus kousa, de origen coreano tiene las hojas y la flor más pequeña que el anterior. Ambos tiene una intensa coloración otoñal de las hojas.


Están ya floreciendo algunas de las Vivaces que cultivé de semilla el año anterior como los Polemonium,  Primula Bulleyana y Sisyrinchium striatum, pero no han lucido demasiado por la lluvia. Tal vez lo hagan mejor el próximo año cuando ya estén más asentadas. Es lo que tiene la jardinería que nunca sabes cómo van a responder cada año o estación. Aún no ha comenzada la temporada de las rosas pero esperemos que cambie el tiempo y las flores duren un poco más. Mientras, las terrazas comienzan a llenarse de gente en la mayor parte del país y todos respiramos un poco más aliviados. Esperemos que las cosas sigan mejorando y la recuperación física y mental vaya avanzando paso a paso y del coronavirus quede tan solo un mal recuerdo.



 

Polemonium yezoense y Sisyrinchium striatum, criados de semillas el año pasado.

Uno de los pocos grupos de Aguileñas que sobrevivió a la lluvia.

Tanto la Aguileña como el Lamium al lado, son platas silvestres que crecen en los caminos.

Crataegus Paul Scarlet, un injerto sobre Espino albar de hace unos años.

Spiraea japónica "Snowmound"

Aguileñas y Arce.

Allium, Iris latifolia y Cornus alba.

Iris barbatus y Polemonium.



Lupino y Aguileñas.


Cornus Kousa. Este pequeño cornejo coreano crece muy lentamente y es un árbol adecuado para un jardín pequeño.


Philadelphus coronarius.

Viburnum lantana en flor.

Hostas y Arces de semilla.

Algunas macetas. A la izquierda Geranium maderense. Espero que florezca este verano. 

Bonsáis en el patio.

Lupinus, Salvia y Aguileñas.



Spiraea japónica "Goldflame".

Mi único Rododendro en una maceta.

Allium y otras Vivaces .

Rosa rugosa. Detrás Acer  platanoides "Crimson King"

Los nenúfares comienzan a despertar en el estanque.

Campanula y Primula Bulleyana a punto de florecer.



Macetas.



Casi una selva donde no se corta la hierba.