martes, 26 de octubre de 2021

¿Es Banduxo el pueblo más bonito de Asturias?

 


La aldea de Banduxo en medio de las montañas del centro de Asturias.

Recientemente la prensa y TV regional se han empeñado en sacar del olvido una aldea perdida en la montaña asturiana a la que reivindican como el pueblo más bonito de Asturias. Se refieren a ella como “la aldea dormida”, “la aldea medieval” y de repente se ha convertido en un lugar icónico que es necesario conocer. Esto es bueno y malo a la vez. Bueno porque, como esta, hay cientos de pueblos olvidados de la mano de dios y de los hombres en las montañas de Asturias, que poco a poco se van quedando vacíos y cuando menos, se va despertando un cierto interés por su forma de vida. Malo porque rompen la tranquila vida de sus habitantes que apenas obtiene ningún beneficio más que ver ríos de turistas y domingueros haciendo fotos por todas partes, o gente que compra, por muy poco dinero, las viviendas vacías para convertirlas en segundas residencias que habitan unos pocos fines de semana o unos pocos días al año.

 


El barrio del Palacio en medio de huertos abandonados.


Alguien ha decorado primorosamente las tumbas sin nombre del cementerio.

Esta semana me he acercado a fotografiar esta aldea de Banduxo y ciertamente me he sentido sobrecogido por la belleza del lugar. Haber hay muchas aldeas similares en Asturias, pero pocas en un lugar tan hermosamente desolador, tan lejos de cualquier parte y con unas casas y un entorno tan bien conservado, aunque ya poco queda de la vida casi medieval en la que vivieron sus habitantes durante siglos, hasta hace unos apenas 40 años. A principios de los 80 del pasado siglo se construyó la empinada carretera que llega al lugar y se trajo la luz y al agua corriente, aunque a tenor de las numerosas fuentes, lavaderos y molinos que hay en el pueblo es probable que no lo echaran mucho en falta. Banduxo debió de ser una eficiente y prospera comunidad rural durante siglos y sin duda autosuficiente como me cuenta uno de los vecinos más viejos. “Aquí había buenas cosechas de cereal, patatas, maíz, buenos frutales y una importante cabaña ganadera que pastaba en los puertos cercanos. No había falta de nada”. De su antigüedad y prosperidad da fe la torre medieval con su palacio, los más de 22 hórreos y grandes paneras para almacenar los alimentos, las casonas de piedra de gran tamaño que se ven en los diferentes barrios que se perfilan en torno a la parte central de la aldea, la iglesia del siglo X, etc.




Decenas de horreos de recia madera dan idea de la gran riqueza en grano de la zona. 

En la Alta Edad Media (siglos VIII-XI) encontramos una primera villa de Vandugio en la que está presente el doblamiento en ladera con dedicación agraria y la explotación de los pastos de altura en la braña de Atambo. Ésta es la única fase que no ha dejado huella física directa, con la excepción de una red caminera, una percepción del espacio productivo y una territorialidad aldeana que va a mantenerse en el futuro. Se asiste por otra parte a la existencia de un primer núcleo de doblamiento situado en el entorno de la iglesia de Santa María. Además, desde el punto de vista social, aparecen los primeros rasgos de una jerarquización ligada a la presencia de magnates como el obispo Gladila, del que depende la población servil.

El pueblo actual está formado por unos cinco pequeños núcleos en torno al barrio del Palacio, lugar de nacimiento del primer linaje local, los “Alvarez de Banduxu”, La imponente torre de cuatro pisos aún se mantiene en perfecto estado y es visible desde cualquier lugar del pueblo. Hoy apenas quedan 20 personas que vivan de forma permanente en el lugar, aunque ciertamente casi todas las casas parecen arregladas y habitadas como segundas residencias. Ya no hay bar, ni escuela, ni niños, me dice Pepe, uno de los pocos habitantes que quedan, y el bosque se ha comido los huertos de cereal, de patatas y frutales pero el lugar conserva esa asombrosa belleza que solo da el paso de los siglos. Alguien ha decorado primorosamente las tumbas del cementerio, sin nombre, como se ha hecho siempre. La luz de otoño tiñe las montañas de azules y dorados. “Aquí el sol da desde el amanecer hasta casi la hora final” me dice Pepe. Todo el conjunto del pueblo ha sido declarado “conjunto histórico” o Bien de Interés Cultural. Tampoco se si para bien o para mal. Cuesta marcharse de Banduxu. El lugar respira una enorme tranquilidad. Es como la imagen de esa arcadia feliz que uno guarda siempre en algún lugar de la memoria, al menos para los que hemos vivido lo suficiente. Espero que os gusten estas fotos. 


Barrio del Toral con sus grandes casonas subidas a la ladera. En primer término Casona de la Pandiella.



Iglesia de Sta. Maria rodeada de casas y hórreos.


Parte posterior del palacio en torno a la torre medieval.


Edificios en torno al conjunto de torre defensiva y palacio.


Antojana del palacio con una gigantesca panera para el almacenaje de alimentos.

  

La panera tiene seis  patas o más, planta rectangular y son de mayores dimensiones que los hórreos.


El conjunto del palacio está construido sobre una loma y en su momento, debió de tener una muralla defensiva en todo el entorno.


Escudo en la parte superior de la torre.





Otro de los barrios de Banduxo.


El pueblo se extiende ladera abajo. de aquí partía el camino que los comunicaba con el antiguo "Camín Real" que iba hacia la meseta.





Preciosa casa restaurada con balcones y geranios.


Ese saliente circular es el antiguo horno de la casa a la altura de la cocina.


Otra de las grandes casonas con su panera y corralada, a cierta distancia del palacio.


Las grandes piedras de los dinteles de casas y ventanas, se bajaban con parejas de bueyes desde las canteras del puerto.


Al lado de la iglesia hay otras dos casonas que sorprenden por su gran tamaño y robustez.


El palacio visto a través de las vigas de un hórreo.


Apenas queda nada de aquellos huertos de frutales que contaba Pepe.






Este conjunto medieval es la quintaesencia del mundo rural asturiano: torre defensiva, vivienda, hórreos y cuadras. Esta estructura estuvo presente en muchas otras aldeas, aunque muchas ya han desaparecido o se han modificado y son irreconocibles.



Una última vista, desde la carretera, de las casas de Banduxu desperdigadas en la ladera.

martes, 19 de octubre de 2021

Ross Island. Islas Andaman, India. Cuando la naturaleza recupera lo que era suyo.

 



La iglesia metodista de "Ross island" comida por la vegetación.


Muchos probablemente habéis visto fotos de las ruinas de Angkor Wat: esa gigantesca ciudad Camboyana, centro de cultura Jemer de hace diez siglos, comida por la selva y las voraces raíces de los Ficus, pero esta que os presenta hoy, fue una floreciente y eficiente ciudad colonial británica hasta casi los años cincuenta del pasado siglo. Impresiona ver como la selva se la ha comido en tan poco tiempo, y nos da una idea de lo frágil que es la civilización humana y lo rápido que se recupera la naturaleza en cuanto dejamos de hostigarla.

 

Un ciervo se pasea entre las ruinas de los edificios

Esta pequeña isla llamada “Ross island” fue un día el centro administrativo de la colonización británica de las islas Andaman y Nicobar,  que hoy pertenecen a la India. La isla fue ocupada por primera vez  por Sir Daniel Ross en 1780. Durante unos pocos años estableció aquí una colonia, mientras exploraban el resto de las islas, pero las condiciones eran tan insalubres debido a las enfermedades, y la mortandad tan alta que decidieron abandonarla al poco tiempo. Años después, cuando empezaron los motines en la India bajo dominio británico, se decidió buscar un lugar lo más alejado posible del continente y seguro para construir una prisión en la que encarcelar a los que luchaban por la independencia  y la encontraron en este lugar. Los mismos prisioneros construyeron una ciudad completa para las autoridades británicas y sus familias, además de soldados y oficiales, con todos los lujos posibles del momento  mientras ellos morían como ratas en cuevas y galpones a la orilla del agua. Los ingleses ya habían hecho algo similar mucho antes en Australia (que se colonizó principalmente con prisioneros y malhechores británicos), en Singapur (que durante tiempo fue otra gran prisión) y en algún sitio más.

 

En “Ross island” había una moderna planta para el tratamiento del agua que bebían los ingleses, iglesia, escuelas, panadería, tiendas, campo de tenis, club de oficiales, piscina y lujosas casas para los administradores y oficiales de más rango. Disponía incluso de un periódico semanal donde se anunciaban los bailes y las orquestas que los visitaban cada semana. Se jactaban de estar casi a la altura de París en moda y entretenimiento. Los jardines, que los prisioneros mantenían impecables todo el año, eran la envidia de los visitantes. Pocos años después y, ante el gran aumento de presos, se decidió construir una nueva prisión en la cercana isla de Port Blair, la llamada Prisión celular, terrible como centro de torturas y ajusticiamiento de  miles de Indios (donde incluso se llevaron a cabo numerosos experimentos médicos contra la malaria utilizando a los prisioneros como cobayas), mientras Ross island se mantuvo como lugar residencial para parte de la administración. Tras la independencia de la India,  la ciudad se fue poco a poco apagando hasta su ocupación por los japoneses en la Segunda Guerra mundial. Tras la derrota de los japoneses la isla se abandonó totalmente y la selva se tragó las lujosas construcciones y jardines en apenas unos pocos años. Recientemente se ha restaurado mínimamente y se ha abierto a los turistas que pueden visitarla durante el día y asombrarse con sus edificios cubiertos de vegetación.   

 


Ventanas al mar entre las raíces de los Ficus.

Ciertamente es un lugar que impresiona tanto por su historia así como por su aspecto actual, que lleva a uno a reflexionar sobre el gran poder regenerativo de la naturaleza y su enorme capacidad para reponerse y dominar de nuevo. Espero que os gusten estas fotos.



Saliendo en Ferry de Port Blair, la capital de las islas Andaman.



Embarcadero de Ross Island.



Cerca del embarcadero había un gran parque y un lago con nenúfares.




Restos del lago



Restos del la mansión del Alcaide que aún se mantienen en pie.




No hay muchas información para saber el uso anterior de los edificios así que lo mejor es pasear y dejar volar la imaginación.


Raíces del Ficus benjamina engullendo una gran arcada.





Puertas y dinteles a ninguna parte.


Otro gran edificio del Club de oficiales.




Cerca del mar estaba una moderna planta para tratamiento y purificación del agua.


Fachada frontal de la iglesia.


Una estrecha calle entre dos edificios.


Otro gran edificio sin tejado.


Yo en medio de las ruinas.


El trazado de las calles y sus alcantarillas aún está perfecto.


Es asombroso el tamaño de las raíces de este Ficus asentadas sobre un muro.


Otro ciervo en lo que era el antiguo parque.


Otro precioso Ficus.


Otra ventana hacia el mar.



Edificio administrativo reconstruido en la actualidad.