martes, 19 de octubre de 2021

Ross Island. Islas Andaman, India. Cuando la naturaleza recupera lo que era suyo.

 



La iglesia metodista de "Ross island" comida por la vegetación.


Muchos probablemente habéis visto fotos de las ruinas de Angkor Wat: esa gigantesca ciudad Camboyana, centro de cultura Jemer de hace diez siglos, comida por la selva y las voraces raíces de los Ficus, pero esta que os presenta hoy, fue una floreciente y eficiente ciudad colonial británica hasta casi los años cincuenta del pasado siglo. Impresiona ver como la selva se la ha comido en tan poco tiempo, y nos da una idea de lo frágil que es la civilización humana y lo rápido que se recupera la naturaleza en cuanto dejamos de hostigarla.

 

Un ciervo se pasea entre las ruinas de los edificios

Esta pequeña isla llamada “Ross island” fue un día el centro administrativo de la colonización británica de las islas Andaman y Nicobar,  que hoy pertenecen a la India. La isla fue ocupada por primera vez  por Sir Daniel Ross en 1780. Durante unos pocos años estableció aquí una colonia, mientras exploraban el resto de las islas, pero las condiciones eran tan insalubres debido a las enfermedades, y la mortandad tan alta que decidieron abandonarla al poco tiempo. Años después, cuando empezaron los motines en la India bajo dominio británico, se decidió buscar un lugar lo más alejado posible del continente y seguro para construir una prisión en la que encarcelar a los que luchaban por la independencia  y la encontraron en este lugar. Los mismos prisioneros construyeron una ciudad completa para las autoridades británicas y sus familias, además de soldados y oficiales, con todos los lujos posibles del momento  mientras ellos morían como ratas en cuevas y galpones a la orilla del agua. Los ingleses ya habían hecho algo similar mucho antes en Australia (que se colonizó principalmente con prisioneros y malhechores británicos), en Singapur (que durante tiempo fue otra gran prisión) y en algún sitio más.

 

En “Ross island” había una moderna planta para el tratamiento del agua que bebían los ingleses, iglesia, escuelas, panadería, tiendas, campo de tenis, club de oficiales, piscina y lujosas casas para los administradores y oficiales de más rango. Disponía incluso de un periódico semanal donde se anunciaban los bailes y las orquestas que los visitaban cada semana. Se jactaban de estar casi a la altura de París en moda y entretenimiento. Los jardines, que los prisioneros mantenían impecables todo el año, eran la envidia de los visitantes. Pocos años después y, ante el gran aumento de presos, se decidió construir una nueva prisión en la cercana isla de Port Blair, la llamada Prisión celular, terrible como centro de torturas y ajusticiamiento de  miles de Indios (donde incluso se llevaron a cabo numerosos experimentos médicos contra la malaria utilizando a los prisioneros como cobayas), mientras Ross island se mantuvo como lugar residencial para parte de la administración. Tras la independencia de la India,  la ciudad se fue poco a poco apagando hasta su ocupación por los japoneses en la Segunda Guerra mundial. Tras la derrota de los japoneses la isla se abandonó totalmente y la selva se tragó las lujosas construcciones y jardines en apenas unos pocos años. Recientemente se ha restaurado mínimamente y se ha abierto a los turistas que pueden visitarla durante el día y asombrarse con sus edificios cubiertos de vegetación.   

 


Ventanas al mar entre las raíces de los Ficus.

Ciertamente es un lugar que impresiona tanto por su historia así como por su aspecto actual, que lleva a uno a reflexionar sobre el gran poder regenerativo de la naturaleza y su enorme capacidad para reponerse y dominar de nuevo. Espero que os gusten estas fotos.



Saliendo en Ferry de Port Blair, la capital de las islas Andaman.



Embarcadero de Ross Island.



Cerca del embarcadero había un gran parque y un lago con nenúfares.




Restos del lago



Restos del la mansión del Alcaide que aún se mantienen en pie.




No hay muchas información para saber el uso anterior de los edificios así que lo mejor es pasear y dejar volar la imaginación.


Raíces del Ficus benjamina engullendo una gran arcada.





Puertas y dinteles a ninguna parte.


Otro gran edificio del Club de oficiales.




Cerca del mar estaba una moderna planta para tratamiento y purificación del agua.


Fachada frontal de la iglesia.


Una estrecha calle entre dos edificios.


Otro gran edificio sin tejado.


Yo en medio de las ruinas.


El trazado de las calles y sus alcantarillas aún está perfecto.


Es asombroso el tamaño de las raíces de este Ficus asentadas sobre un muro.


Otro ciervo en lo que era el antiguo parque.


Otro precioso Ficus.


Otra ventana hacia el mar.



Edificio administrativo reconstruido en la actualidad.


11 comentarios:

  1. nos haces viajar con tus publicaciones desde el sofa de casa! y sin turistas asolando todo!

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    1. Gracias Mario. No se cuando podré volver a viajar de nuevo a algún lugar lejano. Tengo la impresión de que los viajes ya nunca volverán a ser igual.
      Un saludo

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  2. Exótico y bello viaje Jose. Esas bonitas instantáneas muestran lo sabia que es la naturaleza y como se cobran el sitio que les fue arrebatado en du día. Impresionantes Ficus.
    Un abrazo y buen resto de semana.

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    1. Resulta asombroso ver la facilidad con que la naturaleza ocupa de nuevo el lugar del que la hemos expoliado y este es un buen ejemplo de ello, de como será el mundo si algún día los seres humanos desaparecemos.
      Un abrazo

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  3. Que bonito lugar!!
    Las fotos son preciosas. Saludos

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  4. Impresionantes estos lugares y las fotos que has hecho que nos transportan en el tiempo y el espacio.
    Mucho besos.

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    1. Gracias Montse. Como comentaba con Mario las cosas han cambiado y ya no se si viajes tan lejos como este volverán a ser posibles.
      Un abrazo.

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  5. Me encanta viajar con tus reportajes. Besos.

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  6. Gracias Teresa. Me alegro que te gusten estos reportajes.
    Un abrazo

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  7. ya lo decian en parque jurasico , algo asi como: la naturaleza se abre camino

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