martes, 26 de agosto de 2025

La Barrosa en el Agosto más cálido del que tengo memoria

 


Sinfonía de color: Heliopsis, Dalia, Gaura y Echinácea purpúrea.

Los incendios nos tienen a todos en vilo en este Agosto en el que, todos coincidimos, es el más cálido del que tenemos memoria. Asturias, el paraíso verde, está tan reseco que todos somos conscientes de que basta una cerilla para que todo se convierta en un infierno.  Mientras arde gran parte de nuestro entorno, aquí cruzamos los dedos con la esperanza de que, esta vez, no llegue el temido fuego.  Ser jardinero en este año de cambio climático extremo, es todo un desafío, sin duda. En el blog de jardineros “Dedos Verdes” en Asturias, no se habla de otra cosa que de esta sequía que parece no tener fin. Y sin embargo tal como veis en estas fotos de la Barrosa, somos extremadamente afortunados, si nos comparamos con el resto del país. En la Barrosa aún hay agua suficiente para el riego, gracias a una primavera bastante lluviosa, y el mes de Julio fue relativamente amable con las temperaturas. No así Agosto donde alcanzamos por primera vez los 41/42 grados. Algo totalmente inusitado en esta zona de montaña.



Dos variedades de Plox paniculata. Tequila Sunrise y Amethyst.

El futuro de la jardinería cada vez se torna más incierto y complicado, y no solo aquí. En el programa de jardinería de Monty Don, en la BBC, muestra una Inglaterra cada vez más seca y unos jardines, donde el uso del riego es poco menos que anecdótico, casi al límite de la supervivencia este verano. Hace apenas un par de años se secaron en Inglaterra miles de Arces japoneses, un arbolito muy común en los jardines, en un verano similar. Dos años después están en la misma situación. En Paris, donde los edificios públicos y privados carecen en su mayoría de aire acondicionado, la gente se cuece en las buhardillas y oficinas estatales. Cuesta creer que aún haya gente en este país que niegue el cambio climático y partidos políticos que promocionan el desprecio absoluto por las recomendaciones de los científicos. Mientras, las grandes empresas extractoras se hinchan los bolsillos como si no hubiera mañana. Parece que estamos destinados a repetir una y otra vez los mismos errores como si nada hubiéramos aprendido del pasado.



Cornus controversa variegata y Lagestroemia índica en flor.

En este verano tórrido, la Barrosa es un refugio de tranquilidad y un alivio. Según crecen los árboles que planté hace años, hay mucha sombra y eso preserva la humedad. Incluso los arces japoneses sobreviven con cierta dignidad. Uno de los más grandes, a principios de Agosto, dejó caer una parte importante de las hojas del interior, preservando las más externas que se mantienen verdes y lozanas. Ya lo había hecho el año anterior. Tal vez sea un recurso ensayado durante milenios para sobrevivir en épocas de sequía. Quién sabe. Llevan más tiempo aquí que nosotros aquí y deben de tener sus propios recursos.



Desde el mirador: Geranios y plantas en maceta.

Ahora mismo en la Barrosa, ya solo hay tres parterres expuestos totalmente al sol y son los que más han sufrido, aunque tengo que reconocer que las plantas de la pradera americana, Echináceas, Helenium, Rudbéckias, Heliópsis, además de algunas herbáceas, Gauras, Aster o Dalias, se comportan relativamente bien ante la sequía y sobreviven con poca agua. Quizás los campeones en esto de la supervivencia son los Sedum e Hypotelefium y las Euforbias. Otro punto importante es que en los parterres de la Barrosa hay bastantes arbustos, ya que, con anterioridad, era un jardín principalmente de arbustos, y éstos sobreviven mucho mejor que las plantas sin necesitar riego, algo que debemos tener muy en cuenta en el futuro de la jardinería. En cuanto a las plantas de temporada me ha sorprendido el buen comportamiento de los Cosmos que aguantan imperturbables sus floraciones con poco riego. Aquí os dejo unas fotos de este Agosto que parece no tener fin.



Agapantos y otras plantas en maceta.






Ornithogalum.


Flor de Sempervivum tectorum.



Coreopsis e Imperata cilyndrica "Red Baron".



Rudbeckia fúlgida y Thalictrum




Plantación mixta en el nuevo parterre.


Cosmos.



Nuevo parterre mixto.


El macizo del huerto es un parterre de colores cálidos en su mayor parte con plantas de la pradera americana.



Echinacea purpurea, Gaura y Dalia "Gloria de Nordwijks".


Macizo del huerto.



Dalia, varias Echináceas y Rudebeckia fulgida "Goldstorm".



Echinacea purpurea y Heliopsis scabra.



El parterre al lado del invernadero de los tomates.



Heliopsis scabra "Burning and Bleeding Hearts".



Desde la casa.


Sedum Matrona, Ornithogalum y Agastache Apricot Sprite.



Rudbeckia nitida "Herbstonne", una de las mas altas, en medio de Hibiscus siryacus.



Dalias y Heliopsis en el huerto.


Mirador.





Caseta de aperos rodeada de arces y otros arbustos.



Flor de Lagestroemia indica creciendo sobre un peral.



Macizo central con arbustos.


Helenium.


Salvia "Black and Bloom".


Cosmos y Heliopsis.


martes, 19 de agosto de 2025

Las Terrenas, Samaná. República Dominicana.

 


Muchachos con una tabla de surf en la playa de las Terrenas.

La península de Samaná, en el nordeste de la República Dominicana, ha pasado de ser un sitio apenas conocido por unos pocos europeos, a convertirse en lugar de moda para una parte importante de los propios dominicanos, así como para un sector cada vez más abundante de turismo internacional. Aún está lejos de ser un lugar masificado, gracias a que aún no se han construido grandes resorts ni hoteles masivos, pero mucho me temo que en unos pocos años, este lugar paradisíaco termine sucumbiendo al turismo de masas, como tantos otros lugares en el mundo. Durante mi viaje de invierno este año, pasé un par de semanas en la Terrenas, el lugar más turístico de esta península, y lo cierto es que aún conserva ese ambiente de pueblo, donde los pescadores venden sus capturas en la playa y has sitio más que de sobra para tumbarse bajo una palmera y disfrutar del susurro de las olas sin tener nadie alrededor. Las cosas suelen cambiar un poco durante los fines de semana, cuando se acercan miles de habitantes de la capital para disfrutar de la playa, pero el resto de la semana es una bendición.



Playa de las Terrenas un día de semana.

Cuesta creer que casi toda la península de Samaná estaba vacía aún en los años 40 del pasado siglo y fue un empeño del presidente Trujillo, quien en 1946 fundó el pueblo de las Terrenas trasladando habitantes empobrecidos de la capital a esta región, con el fin de que se convirtieran en campesinos y pescadores. La carretera asfaltada no llegó hasta 1989, y la luz en 1994. En 2012 una nueva carretera desde Santo Domingo hasta Samaná convirtió el trayecto de 155 kilómetros en algo practicable en un par de horas y el turismo comenzó a crecer casi de forma inmediata, sobre todo con la llegada de inversores extranjeros, principalmente franceses, que huían de Haití en busca de mejores lugares para los negocios. Desde los años 60 los franceses fueron comprando algunas tierras, construyendo casas y abriendo negocios de hostelería y hoy en día su presencia sigue siendo más que notable. Uno oye hablar casi tanto francés como español y, al atardecer y los fines de semana, el juego de petanca en decenas de bares y restaurantes parece ser la afición preferida por los visitantes.



Visitando las cascadas de Limón.

Pasé dos semanas en un apartamento, en una gran casa con jardín cuyos propietarios eran una pareja de ex-hippies franceses. Me encantó el lugar y disfruté enormemente de la media docena de playas que se extienden entre palmerales, algunas todavía sin construcciones y en un estado casi virgen, aunque me temo que no por mucho tiempo. El pueblo se extiende a lo largo de la calle principal hacia el interior, y una pequeña carretera bordea toda la costa donde se suceden pequeños hoteles y edificios de apartamentos no muy ostentosos. Hace unos años ardió el llamado “pueblo de pescadores” donde se amontonaban bares, restaurantes y galpones de pescadores. Una pequeña parte se salvó y otra parte lo han vuelto a reconstruir con un aspecto más moderno y funcional. Algunos aún no estaban en funcionamiento este año. No faltan decenas de restaurantes donde sirven pescado y carne a la brasa en la misma playa. También un buen número de bares y pubs, aunque la gente local y algunos turistas sigue llenando las aceras frente a las tiendas de bebida y colmados como si fueran auténticas discotecas al atardecer.



Paseo de la playa.

Hice algunas excursiones, entre ellas una a la conocida cascada “Limón”, con una excelente caminata a través de la selva. También está cerca el parque de los Haitises aunque no tuve tiempo para visitarlo. Sin duda las Terrenas es un lugar muy recomendable para escapar del turismo de masas del sur, en un ambiente tranquilo y con unas playas maravillosas. No es tan bonito ni tan pintoresco como las Galeras, otro lugar de Samaná del que hable en otra entrada anterior, pero merece la pena pasar un tiempo aquí y disfrutar de un entorno natural todavía bien conservado.






Hotel antiguo de madera en las Terrenas.


Playa Punta Poppy.




Atardecer en Punta Poppy.




Playa Bonita.


Playa Bonita a un par de Kilómetros de las Terrenas.



En esta enorme ensenada hay varias playas seguidas con villas de alquiler, pequeños hoteles y mucha arena vacía.



De camino a Playa Cosón, una playa casi salvaje y sin construcciones.




Excursión a las cascadas del Limón.


Un gran Ceibo de camino a la cascada.


Esta cascada tiene unos 45 metros de altura y una gran poza de agua verde para nadar.




El agua está bastante fresca y nadie se atreve a remojarse.


Plantas tropicales en un restaurante cerca de la cascada.


Se puede ir  a las cascadas en caballo.


Durante la mañana llegan las barcas de pescadores con las capturas del día que se venden en la misma playa. Una de esas langostas suelen costar unos 6 a 8 euros, dependiendo del peso.



Paseo en Playa las Terrenas.




Playa las Ballenas próxima al pueblo.




Bares al lado de la playa.