lunes, 15 de diciembre de 2025

Diciembre en la Barrosa y Final de año 2026.





                       El invierno no sería igual sin las luminosas bayas de las Nandinas.

                Se acaba un año “sin pena ni gloria” en el jardín. Un año con muchos altibajos y con esa sensación de fin de ciclo que nos invade a todos. No sé si parte de la culpa la tiene el gobierno del presidente Trump en USA, o la situación política en España, o la larga sequía que sufrimos todo este verano o quizás la ausencia de un otoño de verdad, el caso es que me invade la sensación de que no ha sido un año bueno y la premonición de que las cosas puede que no vayan a mejor el próximo. Sin embargo, los jardineros no somos personas pesimistas. Solemos adaptarnos a los ciclos de la naturaleza y tenemos la absoluta certeza de que, a un invierno frío y lúgubre, siempre sigue una primavera luminosa, cuando las plantas estallan de vigor y todo se renueva. Siempre planificamos a largo plazo y trabajamos para que las floraciones de la próxima primavera o verano sean aún mejores que las del año anterior. Y, a menudo, esas predicciones se cumplen, así que dejémonos embargar por esa sensación de un futuro de nuevas plantas, de días largos y llenos de satisfacción ,y de promesas cumplidas.



Un abedul y un acebo dan las ultimas notas de color antes del invierno.

              Este otoño he ampliado el parterre en la parte baja del jardín dándole más profundidad y más espacio para poner nuevas plantas. A cada lado lleva dos nuevos arces japoneses, un Seiriyu y un Dissectum nigrum que espero mantener con un porte bajo. He preparado la tierra cuidadosamente con mucho aporte de materia orgánica y triturados de poda. Esa zona es principalmente relleno de la excavación de la casa, así que en su mayoría es arcilla casi sólida. Dejaré que la tierra se vaya aclimatando hasta la próxima primavera y entonces haré la plantación de perennes y herbáceas. La mayoría las he cultivado yo mismo de semillas y esquejes a lo largo del año. Pasarán el invierno al aire libre para que se fortalezcan y ocuparán su lugar definitivo probablemente en abril.



A mis carpas el invierno aún no les ha quitado el apetito y sus brillantes colores alegran la grisura del ambiente

              Como dije al principio, debido en gran parte a la larga sequía de todo el verano y parte del otoño, decidí no abrir el jardín al público en otoño. Las coloraciones de los arces apenas duraron unos días o simplemente no cambiaron de color. Los temporales de viento seco de principios del otoño empeoraron aún más las cosas dejando las hojas arrugadas y secas antes del cambio de color. Ciertamente ha sido el peor otoño del que tengo memoria. Los arces japoneses han sufrido, pero son bastante resilientes y en general no ha habido destrozos ni desecación de ramas. Di una charla sobre “Arces japoneses” en la sede una Asociación cultural de un pueblo cercano, a la que asistió un pequeño grupo de entusiastas, futuros aficionados a la jardinería.

     
Quedan aún unas pocas hojas doradas en las ramas de los arbustos. 

           

    En las últimas semanas han vuelto por fin las lluvias, la tierra se ha empapado de nuevo y los arroyos y fuentes vuelven a correr como si nada hubiera pasado. Nos queda la duda de si la sequía ha sido un hecho temporal o si volverá a repetirse el próximo año, pero de momento el jardín ha vuelto a una normalidad tardía. El año pasado ya no hubo nieve en el pueblo, por primera vez desde que se tiene memoria. De momento, aunque la nieve ha hecho acto de presencia en las montañas durante unos días despareció al poco tiempo con los vientos cálidos del sur dejando a muchos esquiadores y negocios decepcionados. Es la nueva normalidad. Pronto me marchare de nuevo a un lugar cálido y cuando regrese comenzará un nuevo ciclo de vida en la Barrosa. Esperemos que el próximo año las cosas sean un poco mejor que este y que el mundo recupere la calma y la tranquilidad que todos necesitamos. Feliz año 2026  a todos los que os acercáis por este blog y espero que sigáis haciéndolo en el próximo.



Faya, abedul y acebos.




Geometrías de otoño.



Ultima poda de un acebo antes del invierno.



Los arbustos perennes mantiene las estructura del jardín en invierno.



Ramas de Hibiscus Siryacus. 




El el estanque Bergenias e Hidrangeas.



La pérgola desnuda.



Los líquenes comienzan a dar color a esta pila gallega.



La piedra delos detalles decorativos está en su mejor momento en invierno.



Tronco retorcido del Salix caprea Kikmarnock



Parrotia pérsica y Nandina



Las ramas del Acer palmatum Sango kaku se ponen rojas en invierno.




Agapantos y Phormios.



Mis aprendices de bonsái.



Escultura en piedra.


Arboles desnudos.



Un poco de color.








miércoles, 3 de diciembre de 2025

Gairloch, un pueblecito típico de las Tierras Altas de Escocia.

 


Atardecer en el pueblo de Gairloch.

            Durante el viaje a Escocia este verano para visitar los jardines del Western Ross, pasamos varios días alojados en “The Old Inn”, uno de los hoteles más antiguos de esta región en el pueblo de Gairloch. Durante el día salíamos en autobús a visitar alguno de los jardines de la zona como Inverewe, Dundonell o Attadale y a la tarde regresábamos a este antiguo hotel y casa de comidas a calentarnos al lado de la chimenea y beber cerveza local, mientras esperábamos por las abundantes cenas de cada noche. El lugar data de 1790 y fue construido por Sir Hector MacKenzie como “cambio de postas y lugar de descanso y refugio para viajeros”. Sigue cumpliendo la misma función y es uno de los sitios más agradables para hospedarse en estas frías y ásperas “highlands”. Está al lado de un arroyo, justo enfrente del “loch” y el pequeño puerto pesquero de Gairloch.



Puerto pesquero de Gairloch.

              El pueblo de Gairloch está situado en la cabeza de un “loch”, esos entrantes en forma de lago que comunican con el mar, en el Noroeste de Escocia. Rodeado de montañas y tierras de pastos, la población aparece dispersa a lo largo de la costa en varios grupos de casas. Durante siglos estas tierras pertenecieron al clan de los Mackenzie de Gairloch y cuenta la historia que fue uno de los más benévolos, ya que durante las famosas “Clearences” del XIX, en las que los propietarios y nobles expulsaron a miles de campesinos, con el fin de dedicar sus tierras a la ganadería extensiva de ovejas, ellos no obedecieron la ley recién pasada en el Parlamento Británico y continuaron con la misma relación que tenían con sus arrendados. Eso evito el desarraigo y la miseria de miles de personas, ya que muchos campesinos se vieron obligados a emigrar o morir de hambre. Gracias a eso la zona se mantuvo bastante más poblada que otras zonas de las “Tierras Altas” y con una mejor situación económica que ha llegado hasta nuestros días.



Paisaje de las Highlands.

              Hay un pequeño museo en el pueblo muy interesante para conocer la historia de esta zona, curiosamente construido en un antiguo bunker nuclear. Allí cuentan muchas cosas sobre la historia del lugar y la dura vida de los campesinos y pescadores. Hay una buena colección de artefactos y reproducciones sobre la forma de vida, incluyendo una vivienda típica de piedra con todos sus muebles y avíos. También información sobre la actividad económica, incluida la pesca, la producción de alcoholes, la lana, el transporte, etc. El museo cuenta además con un excelente café con algunos de los mejores dulces que uno puede probar de la zona.



Museo de Gairloch.

              Hay varias rutas para caminar alrededor del pueblo. Una de ellas lleva a lo largo de un bosque de abedules y vegetación típica de la zona hasta la playa de Gairloch, un arenal muy bonito rodeado de vegetación, que en verano tal vez incluso permita el baño a los más atrevidos. Llama la atención los rododendros que crecen de forma silvestre por todas partes. Sin duda proceden de semillas llevadas por el viento o los pájaros, de ejemplares cultivados en los jardines, ya que el rododendro llegó a Inglaterra procedente de la región del Himalaya a principios de siglo XVIII. En Escocia se han adaptado tan bien que hoy forman parte del sotobosque de extensas áreas y florecen por todas partes. Sigue siendo una planta invasiva, pero al menos es bastante decorativa. Os dejo unas fotos de esta visita.



Paisaje en el camino hacia las Highland.


Ovejas y lagos son una constante el el paisaje escocés.




Nuestro hotel en la colina



The Old Inn de 1790, nuestra casa de comidas.



Camino hacia el hotel al atardecer.






Riachuelo a la entrada del Old Inn.


Vista de Gairloch.



Barcos de pesca en el puerto de Gairloch.








Marea baja en el loch.






Cruzando un bosquete de abedules hacia la playa.





La playa de Gairloch. Al fondo otra sección del  pueblo.


Playa de Gairloch.


Rododendros asilvestrados creciendo entre la vegetación autóctona.





Camino de la playa.


Museo de Gairloch 


Reconstrucción de una casa de antigua con paredes de piedra y techo de paja.


Interior de la casa.


Utensilios antiguos.


El hilado y teñido de la lana es parte fundamental de las artesanías locales.



Cervezas artesanales escocesas en "The Old Inn"



Aunque no parece extremadamente apetitoso esto es un "haggis" el plato típico de Escocia. A la derecha vísceras de oveja con cosas que se cuecen en una tripa, pure de calabaza y de patata para acompañar. Se puede comer sin más.