martes, 13 de octubre de 2026

Un viaje al pasado en los jardines de Helminghan Hall en Suffolk.

 


Helminghan Hall, la casa ancestral de la familia Tollemache desde 1487.


              Algunos jardines de Inglaterra te trasladan de inmediato al pasado y este de Helminghan es un gran ejemplo de ello. La gran casa cuadrada de aspecto renacentista rodeada de su gran foso de agua y plantas de ribera te lleva de inmediato a un lugar lejano en la historia, cuando sus habitantes viajaban en caballo o en carruajes a lo largo de imponentes avenidas de majestuosos robles y las damas paseaban por geométricos jardines deteniéndose de vez en cuando a oler el agradable aroma de una de las rosas que crecen en los parterres. Nada más parecida a esa realidad que este lugar.

              La familia Tollemache lleva habitando este territorio desde 1487 y la casa Tudor que vemos en la actualidad fue concluida sobre otra anterior de origen sajón en 1510, con muy pocas modificaciones en los siglos posteriores. Algunos de los grandes robles que escoltan la avenida de entrada desde el pueblo tienen más de 300 años. La reina Isabel I se alojó aquí en un par de ocasiones y, durante la Guerra Civil de 1646, la casa fue refugió de los nobles del “Sealed Knot” que tramaron colocar en el trono a Carlos II. Hoy la gran propiedad parece navegar en un tiempo indefinido y vacío. Tal vez sea la gran sequía de este año que ha resecado la hierba y llevado a la mínima expresión el agua del foso que la rodea, lo que acrecienta esta sensación de desamparo y de cierto abandono que uno siente al contemplar esta gigantesca propiedad bajo un sol de plomo muy poco en consonancia con el paisaje inglés.


Jardín geométrico frente a la casa.


              A uno de los lados de la casa se extiende el jardín renacentista con su geométrico jardín de nudos de boje, algo deteriorados por la falta de riego. En su interior crece lavanda y algunas plantas medicinales. En el jardín de rosas antiguas ya han pasado su mejor momento de floración y tan solo unas pocas "floribunda" conservan algunos brotes. Una preciosa estatua femenina de arenisca blanca centra la atención en medio de los parterres de rosas. También un magnífico reloj solar sobre una columna con los escudos de la familia. Las paredes del jardín son de tejos recortados en hermosas geometrías desde hace siglos. Los antiguos establos y otros edificios de piedra que bordean el jardín se han convertido en café y tienda de regalos.


Interior del jardín amurallado.

              Al otro lado de la casa se extiende el “Walled garden” o jardín cerrado, que antiguamente daba de comer a todos los habitantes de la casa. Sin duda es la obra maestra de Helminghan. Desde su majestuosa entrada escoltada por dos cabezas aladas de caballos de bronce, hasta sus cuidadas avenidas bordeadas de flores perennes, el jardín, de alrededor de una hectárea, es un ejemplo de la maestría que alcanzaron los ingleses ya desde hace siglos, en esta combinación de huerto-jardin como lugar de ocio y de producción de comida para el sustento de la casa. En su interior una intrincada distribución cruciforme alterna parterres de flores perennes y anuales con vegetales, pequeños árboles frutales, arbustos en topiaria y arcos de metal para soportar guisantes de flor, Clemátides, Rosales de enredadera, Cobaea scandens, etc.  Esculturas modernas compiten con grandes jarrones de piedra llenos de flores. Una pared está escoltada por tejos tallados con formas vegetales y humanas, intercaladas con Iris y Delfinium. Hay bancos colocados en lugares específicos para el descanso y la contemplación. Algunas plantas perennes están en su mejor momento de floración: Geranium Achilleas, Crocosmia, Helenium, Hemerocallis, etc. Es un jardín magnífico que rezuma maestría, romanticismo, dicen otros, y ese poso que deja el paso del tiempo.



Robles centenarios.

              El jardín tiene salidas centrales que cruzan puentes de madera sobre el foso y te llevan al exterior de la gran finca. En los bordes del foso crecen grades tejos recortados y en el fondo nenúfares y plantas de ribera. Dos esculturas de piedra sobre pedestales escoltan ambos lados del foso. Más allá se extiende la enorme finca con grupos de árboles en la lejanía, formando bosquetes de robles donde dicen que viven grandes manadas de ciervos que no hemos visto. Debido a la gran sequía de este año la hierba está quemada y agostada y parece un páramo extremeño. Hago fotos a la gran avenida de robles que escolta la entrada de la finca. Al fondo se ve la iglesia del pueblo. En otro de los lados un enorme obelisco se distingue sobre un pequeño montículo rodeado de un grupo de robles. Se construyó en el siglo XVIII como mirador. Hace demasiado calor para acercarse hasta él. El pequeño grupo de personas de Brightwater se ha dispersado y el lugar parece vacío. Por suerte en el café hacen unos “scones” excelentes con mermelada casera y nata. Sin duda la más refinada invención gastronómica de este país en toda su historia.

 


Jardín de nudos

 


Foso exterior.



El gran foso que rodea la casa con plantas acuáticas y nenúfares.






Entrada al jardín amurallado


Parterres en el interior del jardín.



Aquí combinan plantas de flor, frutales y verduras para el mantenimiento de la casa.







Figuras en topiaria y cebollas.




Puentes de madera cruzan el gran foso en torno a la casa y el jardín cercado.



Entrada posterior a la casa









Avenida de robles. Los más antiguos tienen casi 500 años.




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