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Helminghan Hall, la casa ancestral de la familia Tollemache desde 1487. |
Algunos
jardines de Inglaterra te trasladan de inmediato al pasado y este de Helminghan
es un gran ejemplo de ello. La gran casa cuadrada de aspecto renacentista
rodeada de su gran foso de agua y plantas de ribera te lleva de inmediato a un
lugar lejano en la historia, cuando sus habitantes viajaban en caballo o en
carruajes a lo largo de imponentes avenidas de majestuosos robles y las damas
paseaban por geométricos jardines deteniéndose de vez en cuando a oler el
agradable aroma de una de las rosas que crecen en los parterres. Nada más
parecida a esa realidad que este lugar.
La
familia Tollemache lleva habitando este territorio desde 1487 y la casa Tudor
que vemos en la actualidad fue concluida sobre otra anterior de origen sajón en
1510, con muy pocas modificaciones en los siglos posteriores. Algunos de los
grandes robles que escoltan la avenida de entrada desde el pueblo tienen más de
300 años. La reina Isabel I se alojó aquí en un par de ocasiones y, durante la
Guerra Civil de 1646, la casa fue refugió de los nobles del “Sealed Knot” que
tramaron colocar en el trono a Carlos II. Hoy la gran propiedad parece navegar
en un tiempo indefinido y vacío. Tal vez sea la gran sequía de este año que ha
resecado la hierba y llevado a la mínima expresión el agua del foso que la
rodea, lo que acrecienta esta sensación de desamparo y de cierto abandono que
uno siente al contemplar esta gigantesca propiedad bajo un sol de plomo muy
poco en consonancia con el paisaje inglés.
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Jardín geométrico frente a la casa. |
A
uno de los lados de la casa se extiende el jardín renacentista con su
geométrico jardín de nudos de boje, algo deteriorados por la falta de riego. En
su interior crece lavanda y algunas plantas medicinales. En el jardín de rosas
antiguas ya han pasado su mejor momento de floración y tan solo unas pocas "floribunda" conservan algunos brotes. Una preciosa estatua femenina de arenisca
blanca centra la atención en medio de los parterres de rosas. También un
magnífico reloj solar sobre una columna con los escudos de la familia. Las
paredes del jardín son de tejos recortados en hermosas geometrías desde hace
siglos. Los antiguos establos y otros edificios de piedra que bordean el jardín
se han convertido en café y tienda de regalos.
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Interior del jardín amurallado. |
Al
otro lado de la casa se extiende el “Walled garden” o jardín cerrado, que
antiguamente daba de comer a todos los habitantes de la casa. Sin duda es la
obra maestra de Helminghan. Desde su majestuosa entrada escoltada por dos
cabezas aladas de caballos de bronce, hasta sus cuidadas avenidas bordeadas de
flores perennes, el jardín, de alrededor de una hectárea, es un ejemplo de la
maestría que alcanzaron los ingleses ya desde hace siglos, en esta combinación
de huerto-jardin como lugar de ocio y de producción de comida para el sustento
de la casa. En su interior una intrincada distribución cruciforme alterna
parterres de flores perennes y anuales con vegetales, pequeños árboles frutales,
arbustos en topiaria y arcos de metal para soportar guisantes de flor, Clemátides,
Rosales de enredadera, Cobaea scandens, etc. Esculturas modernas compiten con grandes
jarrones de piedra llenos de flores. Una pared está escoltada por tejos
tallados con formas vegetales y humanas, intercaladas con Iris y Delfinium. Hay
bancos colocados en lugares específicos para el descanso y la contemplación. Algunas
plantas perennes están en su mejor momento de floración: Geranium Achilleas,
Crocosmia, Helenium, Hemerocallis, etc. Es un jardín magnífico que rezuma
maestría, romanticismo, dicen otros, y ese poso que deja el paso del tiempo.
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Robles centenarios. |
El
jardín tiene salidas centrales que cruzan puentes de madera sobre el foso y te
llevan al exterior de la gran finca. En los bordes del foso crecen grades tejos
recortados y en el fondo nenúfares y plantas de ribera. Dos esculturas de
piedra sobre pedestales escoltan ambos lados del foso. Más allá se extiende la
enorme finca con grupos de árboles en la lejanía, formando bosquetes de robles donde
dicen que viven grandes manadas de ciervos que no hemos visto. Debido a la gran
sequía de este año la hierba está quemada y agostada y parece un páramo
extremeño. Hago fotos a la gran avenida de robles que escolta la entrada de la
finca. Al fondo se ve la iglesia del pueblo. En otro de los lados un enorme
obelisco se distingue sobre un pequeño montículo rodeado de un grupo de robles.
Se construyó en el siglo XVIII como mirador. Hace demasiado calor para
acercarse hasta él. El pequeño grupo de personas de Brightwater se ha
dispersado y el lugar parece vacío. Por suerte en el café hacen unos “scones”
excelentes con mermelada casera y nata. Sin duda la más refinada invención
gastronómica de este país en toda su historia.
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Jardín de nudos |
El gran foso que rodea la casa con plantas acuáticas y nenúfares. |
Entrada al jardín amurallado Parterres en el interior del jardín. |
Aquí combinan plantas de flor, frutales y verduras para el mantenimiento de la casa. |
Figuras en topiaria y cebollas. |
Puentes de madera cruzan el gran foso en torno a la casa y el jardín cercado. |
Entrada posterior a la casa |
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Avenida de robles. Los más antiguos tienen casi 500 años. |








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