domingo, 13 de septiembre de 2020

Viajes en el pasado: Brasilia y el Parque nacional “Chapada dos Veadeiros” (Brasil)

 

Vista de Brasilia desde la torre de la televisión.

Cualquier momento es bueno para recurrir a mis “viajes en el pasado”, pero este año, sin poder salir del país, se hace casi inevitable, así que no está de más volver hacia atrás y reflexionar un poco sobre esos lugares que visité entonces antes de que desaparezcan totalmente de la memoria.  A principios de la década del 2000 hice tres viajes a Brasil, bastante seguidos, en estancias de dos meses cada uno, viajando de un extremo a otro del país, coincidiendo con la presidencia de Lula da Silva. Entonces el país crecía a buen ritmo, la economía estaba desbordada, los sueldos de los funcionarios se habían doblado y, parecía que la utopía de un Brasil convertido en una gran potencia económica iba a cumplirse. Desgraciadamente las utopías rara vez terminan haciéndose realidad, y la crisis financiera del 2008 acabó por convertir en humo muchos de aquellos sueños. Aún así sigo teniendo la impresión de que Brasil es uno de los países más incomprendidos y vilipendiados del mundo, al menos en Europa y particularmente en el nuestro. Brasil es un país de una enorme belleza, con una sombrosa variedad de paisajes y con un fuerte componente cultural europeo mezclado con tradiciones indígenas propias y del continente africano. El resultado de ese crisol de razas y culturas es un ser humano casi siempre optimista, abierto, amistoso y extremadamente orgulloso del país en el que vive. Esa es la realidad que yo he vivido. Es cierto que hay pobreza y violencia también (y una enorme disparidad social y económica), especialmente en algunos barrios de las grandes ciudades, pero fuera de ahí la vida discurre con la misma rutinaria tranquilidad como en la de cualquier ciudad o pueblo español, A parte de eso, Brasil es un país que enamora y siempre pide volver.

 

Los Apòstoles. Catedral de Brasilia




Brasilia, la futurista y utópica capital moderna del país es casi un ejemplo más de promesas incumplidas o utopías que no llegan a su fin. La ciudad perfecta que diseñaron los arquitectos Lucio da Costa y Oscar Niemeyer en 1956, en el centro geográfico del país, es un cascarón polvoriento, lleno de belleza, pero vacío de contenido. En agosto, la ciudad monumental y administrativa está tan reseca como la arena del Sahara y cualquier intento de caminar por sus gigantescas avenidas, plazas y monumentos es absolutamente inviable dadas las distancias y el agobiante calor. Es una ciudad para ir en coche a todas partes y, a ser posible, no salir de espacios con aire acondicionado. No es una ciudad para vivir, sino para ser contemplada a través de los cristales de un coche o un edificio. Nada más lejos de la ciudad perfecta que Lucio da Costa soñó en forma de pájaro o avión. Tal vez pensó que, en poco tiempo, los seres humanos nos desplazaríamos volando a todas partes como los pájaros. A pesar de todo, hoy en día, casi 4 millones de personas viven en la parte no tan planificada de los barrios exteriores de la gran ciudad a la que ningún turista llega, ni le quedan ganas para ir (la ciudad fue en principio diseñada para un máximo de 500 mil personas). Todos nos alojamos en el barrio de los hoteles (y centros comerciales) diseñado así desde el principio. Cada actividad en su sitio. Nada de mezclar las cosas.



Os dois Guerreiros, de Bruno Giorgi en la Plaza de los  tres Poderes.

Plano de Lucio de Costa para Brasilia semejando un pájaro con las alas extendidas.

La utópica Brasilia se construyó durante la legislatura del optimista presidente socialista Juscelino Kubitschek, aunque hacía ya siglos que se pensaba que la capital de Brasil debía trasladarse hacia el interior del país, con el fin de mover el desarrollo económico hacia el centro.  La construcción de la nueva capital se llevó a cabo en apenas unos cinco años. En 1960 la mayor parte de los edificios gubernamentales estaban ya terminados y los primeros funcionarios comenzaron a trasladarse allí. Toda la ciudad tiene un gran componente simbólico como la gran plaza de los tres poderes donde confluyen el poder ejecutivo, legislativo y judicial. Juscelino pretendía eliminar las clases sociales y crear un mundo igualitario a imagen de su capital. Apenas 4 años después, en 1964, los militares tomaron el poder y Brasil dio un gran bandazo en otra dirección. (Algo parecido ocurre ahora, tras el gobierno de Lula y sus seguidores, viene un presidente de derechas y el país da otro bandazo nadie sabe muy bien hacia donde), de nuevo la utopía se queda por el camino.

                                          Paisaje en el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros.

Parque nacional Chapada dos Veadeiros. Justo casi por la misma época, en 1961, Juscelino crea este parque nacional en una antigua área de extracción de oro, con el fin de proteger el paisaje del Cerrado y con ello miles de especies de plantas y animales en peligro de extinción, alguno de ellos endémicos de esta región semidesértica. Está a poco más de 200 kilómetros de Brasilia, apenas un paseo en este enorme país. Es un lugar de plantas extrañas y formaciones rocosas de una gran antigüedad y belleza. Abunda además el agua y una gran cantidad de riachuelos cruzan el parque de un lugar a otro formando barrancos y cascadas (cachoeiras). Solo se puede visitar en grupos y con guía, así que, aunque me hubiera gustado tener más tiempo para ver con detenimiento la extraordinaria flora, apenas pasamos unas pocas horas caminando por el parque, aunque si tuvimos tiempo para bañarnos en el río de aguas amarillentas y trasparentes entre cientos de pequeños pececillos. Espero que esta fotos os ilustren un poco esta parte de Brasil.

 


Sede del Congreso nacional  en Brasilia.



Palacio de Justicia o del Poder Judicial.



Plaza de los tres Poderes.


Catedral metropolitana de Brasilia.


Interior de la Catedral.


Exterior del Santuario de Juan Melchor del Bosco.


Interior del Santuario.


Palacio presidencial de la Alvorada.



Plaza de los tres Poderes.


Puente Juscelino Kubitschek


Bloques de viviendas para funcionarios.





Memorial JK (mausoleo y museo dedicado a Juscelino Kubitschek)






El presidente Kubistchek y Fidel Castro durante la inauguración de Brasilia.





Torre de la TV.


Avenidas vacías en la zona hotelera.


Otra vista de la ciudad desde la torre de la TV.


Caminando por el Parque de Chapada dos Veadeiros.


Bosques de Vellozia squamata una planta endémica de esta zona.


Cachoeira.


El Rio Preto a su paso por el parque.


Otra extraña planta: Paepalanthus speciosus


Las flores de la Vellocia squamata son espectaculares.


Floración de la Sophora tomentosa, un arbusto de unos 3 metros de la familia de las Fabaceae.





Cristales de cuarzo que bien podrían pasar por diamantes esparcidos por el suelo.


Otra de las Cachoeiras del rio Preto.


Yo en el centro con dos brasileros del grupo.


Bañándonos en una de las Cachoeiras.


La transparencia del agua es asombrosa.



domingo, 6 de septiembre de 2020

A finales de Agosto “Helenium autumnale”

En el macizo central, Heliopsis scabra, Helenium autumnale y Rudbeckia Goldsturm, entre otras.


 
El “Helenium” es una planta bien conocida en los jardines europeos, aunque no tanto en nuestro país. Es una de las plantas que cultivé de semillas el año anterior y, ciertamente, florece con profusión desde hace un par de semanas en la Barrosa. El Helenium pertenece a la familia de las Asteracea y es otra de esas plantas procedentes de las praderas americanas y del sur de Canadá que se adapta extremadamente bien a los jardines atlánticos europeos, donde crece bien al lado de Echinaceas, Rudbeckias y hierbas ornamentales que forman la base de los llamados “herbaceous borders” tan comunes en los jardines naturalistas de estos últimos años. La variedad que crece en la Barrosa es el “Helenium autumnale Rotgold hybrid”. Es una planta vigorosa que alcanza algo más de un metro de altura, con hojas lanceoladas y firmes y, en un solo año, forma una mata bastante consistente. La floración varía del amarillo al rojo granate. Las flores no son muy grandes, pero permanecen en la planta durante al menos seis semanas. La planta no es muy exigente en cuanto al tipo de suelo, pero si conviene plantarla al sol y regarla con cierta frecuencia durante el verano, al menos cada dos o tres días. No suele ser atacada por plagas ni caracoles y, si se corta un tercio de los tallos a finales de primavera, no necesita sujeción durante la época de floración, ya que los tallos son bastante firmes. Dicen que suele durar al menos unos cuatro años, aunque conviene dividir las matas para rejuvenecerlas cada dos años, más o menos. Eso lo comprobaré en los próximos años. En la Barrosa crece al lado de la “Heliopsis scabra” con la que combina extremadamente bien, aunque esta comienza la floración un mes antes. Definitivamente es una planta que ha llegado para quedarse. Dicen que conviene no cortar los tallos hasta la primavera siguiente, aunque la experiencia me dice que, dado el tamaño de las matas, corren el peligro de que la nieve tumbe la planta y deje las raíces al aire, un problema bastante común en los jardines del norte, así que lo más seguro es podar los tallos a la mitad, antes de que llegue la nieve.


Helenium autumnale "Rotgold hybrid"

Las floraciones de Agosto han sido buenas en la Barrosa, en parte porque apenas ha llovido, y los días han sido cálidos y luminosos. Es cierto que en el norte solemos quejarnos, casi de forma continua, de la sequía, y de que apenas llueve durante los meses de verano como lo hacía antes, pero lo cierto es que las plantas quieren sol y poca lluvia. Los episodios de temperaturas altas, por encima de los treinta grados, han sido más bien escasos, al contrario que en el resto del país y, hace un par de semanas, tuvimos dos días de lluvia que sirvieron para rejuvenecer las plantas y los frutales. Las coloraciones de otoño se avecinan espectaculares, así como la cosecha de frutales.

Esta variedad de Helenium cambia de color del amarillo al rojo. Aquí al lado de la Dalia "Bidhop of York".


Al lado de los Helenium veréis Rudebeckias, Echinaceas, Salvias, Dalias, Cannas y los Delfinium floreciendo por segunda vez este año. En el estanque, los nenúfares llevan floreciendo ininterrumpidamente desde Junio, y las hojas de la Alocasia han alcanzado un tamaño espectacular, algo que nunca había visto aquí. Espero que os gusten estas fotos de estas últimas semanas en el jardín de la Barrosa.


Esta matas de Rudebeckias alcanzan más de dos metros de altura.







Helenium y Rudbeckias.

Rudebeckia "Goldsturm", otra de las Asteraceas americanas que crece bien en la Barrosa.

"Rudbeckia fulgida "Herbstonne", son tan vigorosas que no hay forma de controlar su crecimiento excesivo y floración. 





A los Agapantos no les gusta demasiado el clima de la Barrosa. Nunca florecen como debieran.

Canna atropurpurea y Rudbeckia.

Crocosmia "Emily Mackenzie"

Echinacea y Aster.

Macetas con Salvia "Amistad" y algunas crasas.

Definitivamente esta Heliopsis scabra  "Bleeding hearts" es la planta mas florífera que ha crecido en la Barros hasta ahora.

Euphorbia myrsinites y otras herbaceas.

La Salvia "Amistad" contrasta bien con los Helenium.

Macetas con Salvias, Achillea "Terracota" y Senecio.

Las Heliopsis siguen dando flores dos meses después del inicio de la floración. 

Dalia "Double Delight" en el huerto.

Helenium y Gauras.

Cannas y Rudebeckias. 

Los Delfinium han florecido de nuevo detrás de las Cannas.

En el macizo central, mezcla de floraciones.

Los Anthirrinum son tambien incosmbustibles al lado del Líriope y Carex variegata.

Helenium y Salvia "Amistad".

Gauras al lado del invernadero de los tomates.



Dalia y Echinacea purpurea.

Echinaceas, Salvias y Crocosmia.

Los Nenufares siguen floreciendo y a finales del verano.

Las hojas de la  Alocasia tiene ya un tamaño espectacular, al lado de las otras plantas acuáticas.