martes, 14 de septiembre de 2021

Viajes en el pasado: Un funeral Tana Toraja. Isla de Sulawesi. Indonesia.

 


 


Poblado de los Tana Toraja donde se va a celebrar el funeral de una mujer de clase alta, antigua miembro del Parlamento.

De todas las cosas extrañas y situaciones que uno vive en los viajes a lo largo de este mundo, pocas pueden compararse a la asistencia a un funeral de los Tana Toraja, en la isla de Sulawesi. Ciertamente se necesita un estómago a prueba de bomba y sobre todo la convicción de que estás asistiendo a una ceremonia y a un ritual que tiene una enorme importancia para esta cultura, y que la masacre de animales que contemplas tiene una enorme carga simbólica que es necesario comprender sin echarse las manos a la cabeza.

 


Interior del poblado decorado con bandas rojas, el símbolo de la muerte.

Los Tana Toraja viven en las montañas del centro de la isla de Sulawesi y  tienen una cultura extremadamente viva que se pierde en el origen de los tiempos, Sus característicos poblados con casas de madera que semejan barcos,  están profusamente decorados y son de una gran exquisitez. Su apego a las tradiciones y a una vida comunal donde casi todo se comparte y se redistribuye les ha hecho mantenerse a  largo de los siglos como una de las culturas más unidas y de mayor éxito de Indonesia. Ni siquiera su reciente conversión al cristianismo les ha hecho olvidar sus costumbres y practicar sus numerosos rituales, entre ellos el de la muerte, que sigue siendo el motor de gran parte de su sistema social y económico de esta cultura.

 


Las cornamentas de los búfalos sacrificados en el ultimo funeral se exhiben
al frente de 
la casa y son un símbolo de status para la familia.

Los largos y “caros” rituales relacionados con la muerte son “de alguna manera” el motor económico y el escaparate social y de status de los miembros de esta cultura. Durante los funerales, que pueden durar varios días o semanas, dependiendo del poder económico de la familia, se invitan a cientos de personas, que permanecen durante días en recintos construidos para el momento, celebrando ceremonias relacionadas con el difunto, y comiendo y bebiendo a cuenta de la familia. Para esta ocasión se sacrifican decenas de animales, incluidos búfalos, que tienen un enorme valor económico. Muchas familias viven de criar estos búfalos o cerdos que se sacrifican en los funerales, y cuya carne se distribuye a miles de personas. Así el búfalo no solo acompaña y conduce  las almas de los difuntos al más  allá, sino que se convierte en un preciado bien que proporciona importantes beneficios a las familias que los crían. De esa manera el dinero de los más ricos –que deben sacrificar un gran número de estos animales durante su funeral  para demostrar su status social y su valía ante la comunidad- fluye hacia las familias menos pudientes que se benefician con la venta de los animales, a los que se trata con enorme cariño en vida, y con la carne que luego se distribuye entre todos. Los más pobres deben esperar, a veces varios años hasta reunir el dinero suficiente para celebrar los funerales de sus difuntos con dignidad. A veces algún miembro de la familia incluso debe irse  al extranjero a trabajar, para reunir el dinero. Mientras, conservan sus difuntos en sus casas y los tratan como si estuvieran vivos, lavándoles, alimentándoles simbólicamente y momificándoles poco a poco hasta que llegue el momento del funeral. Las tumbas se construyen en las laderas de las montañas y a veces se colocan imágenes del muerto llamadas "tau-tau" en balcones de piedra para que contemplen a los vivos en sus quehaceres. Durante varios años tras el fallecimiento se siguen celebrando rituales y fiestas en torno al difunto que puede tardar varios años en alejarse totalmente del mundo de los vivos. De esta manera los muertos siguen muy vivos en esta cultura y son una ejemplo para las generaciones más jóvenes.

 

Durante la temporada seca se celebran funerales casi a diario en muchas partes del territorio Toraja y los turistas son bienvenidos mientras sigan las costumbres, ya que se considera un honor para la familia que les acompañe alguien llegado desde muy lejos. Las fotos que veis en este reportaje corresponden al funeral de una mujer de una familia notable, miembro del parlamento. Los funerales duraron quince días y el día que yo asistí se sacrificaron 70 búfalos y cientos de cerdos y otros animales. El espectáculo es sin duda dantesco y no para el gusto de todos. Asistí con un guía y estaba invitado a la comida posterior y a los bailes rituales, pero siento decir que mi estómago no daba para más y tuve que marcharme por problemas intestinales, sin esperar a lo que venía después. Las fotos son un poco duras pero creo que dan una idea bastante clara de estos extraños funerales.

 




Todos estos búfalos van a ser sacrificados hoy. Al fondo los recintos construidos para contemplar el funeral.



La difunta a la izquierda, en una estatua con su imagen llamada "tau-tau". Alrededor miembros de la familia.


El conyugue con cara seria al lado del féretro.


La ceremonia comienza con el sacrificio de un búfalo blanco ( o casi). Son tan costosos que pueden llegar a valer 30 mil euros o mas.


Los animales se atan a una piedra ritual y se les deguella de un golpe certero.


Los búfalos esperan con la numeración grabada en el cuerpo. No parecen sentir el terror de lo que les espera. Hasta este momento han sido tratados con el mayor mimo por las familias que los crían



Sobran las palabras en estas escenas. 



La matanza se lleva a cabo de forma sistemática, rápida y sin mucha ceremonia


Animales esperando su destino.





Los animales serán pronto despiezados y su carne consumida en situ o repartida entre la población



Carcasas de animales por todas partes.


La familia contempla el espectáculo con cierta animación.




Los animales quedan tendidos por todas partes entre la sangre.


En otros lugares del poblado se afanan con otros animales, principalmente cerdos. 




Sacando las entrañas de un cerdo.


Ya van quedando menos animales.


Aspecto general del poblado a media mantanza.


Todavía quedan algunos animales cuando ya no puedo aguantar más y me voy.





Cementerio Toraja no muy lejos del pueblo de los funerales. En los balcones de piedra los "tau-tau" miran a los vivos.


Algunos "tau-tau" son recientes, como el de la mujer con gafas.


Antiguos ataúdes suspendidos en los sitios más inverosímiles.


Sepulturas excavadas en las paredes de roca granítica.


Idílico paisaje del territorio de los Tana Toraja.


En este pequeño pueblo se preparan para un funeral de menores dimensiones.


Arrozales y búfalos.



 

3 comentarios:

  1. Curiosa entrada amigo Jose, ritos y costumbres de otros lugares. Yo no hubiese podido aguantar tanto como lo hiciste, de hecho, las imágenes ya imponen bastante. Es su forma de vida y tradiciones y no tengo nada que objetar más bien al contrario debemos ser respetuosos con sus ceremonias y costumbres.
    Un abrazo.

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    1. Ciertamente no fue una experiencia agradable pero la región es extremadamente hermosa y cuando entiendes la importancia de esta tradición en la vida de esta comunidad, además de su capacidad para redistribuir la riqueza a todas las capas de la sociedad, te das cuenta de que no se pueden juzgarlas cosas desde afuera sin conocimiento.
      Un abrazo

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  2. Espectacular tu reportaje en tierras de Indonesia, gracias por compartir tus viajes y experiencias que siempre son enriquecedoras e interesantes.
    Un abrazo.

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