lunes, 16 de marzo de 2026

La Barrosa se despierta del invierno.

 


Magnolio Soulangiana y Prunus Pissardii en flor.

Acabo de regresar de mi viaje de invierno. Justo cuando me fui, la Barrosa aparecía cubierta de nieve que apenas duró un par de días, como ocurre casi siempre en estos últimos años. No ha vuelto a nevar, pero si ha llovido mucho a lo largo de estos meses y el jardín rezuma agua por todas partes. En la parte baja, una película acuosa cubre la hierba, y la tierra arcillosa se convierte en una pasta de barro, muy acorde con el nombre de esta finca. Parece imposible que las raíces de muchas plantas no se pudran con tanta humedad, y sí algunas desaparecen, pero la mayoría, incluyendo árboles y arbustos, arces japoneses y numerosas plantas perennes no parece importarles demasiado. Al contrario, crecen sin control y tan pronto las temperaturas se atemperan comienzan a lanzar sus brotes de forma frenética. Es la primavera que puja por todas partes, especialmente tras este invierno relativamente cálido y lluvioso. En esta nueva realidad climática, Asturias se “tropicaliza” a pasos agigantados. ¿Quién iba a pensar, hace apenas 10 años, que las Colocasias, esas plantas tropicales de enormes hojas, iban a crecer sin inmutarse en la zona de montaña donde está situado este jardín?  No solo prosperan, sino que amenazan con convertirse en un problema por su propagación descontrolada.



Magnolia liliflora nigra.

Practicar la jardinería implica no solo un aprendizaje continuo, sino aceptar los retos del día a día y los comportamientos, a menudo dispares, de cada planta según cambia la climatología y el medio natural. Ya no hay verdades inmutables sobre cómo debe cultivarse una planta, el tipo de tierra que necesita o el clima. Cuando planté los primeros arces japoneses en la Barrosa, cada invierno era una hecatombe. Las ramas y los troncos se partían con la nieve y las enormes heladas de primavera quemaban las hojas sin compasión. Tan solo un par de ellos sobrevivieron de aquellos primeros años. Hoy, al contrario, crecen y prosperan sin importarles lluvias o sequías en esta tierra arcillosa. Lo mismo pasaba con los Liquidambar, Magnolios,  Prunus, Cercis y alguno más. El cambio climático ha dulcificado los extremos de temperatura de la montaña asturiana pero también los ha hecho más imprevisibles, y la sequía acecha todos los veranos y otoños. Cada temporada de jardinería es un auténtico enigma. Esa es la realidad.



Prunus incisa Kojo no Mai.

Los Magnolios de flor están imponentes esta semana. Las cabezas de los Narcisos apuntan por todas partes y se propagan de forma indiscriminada. No así los tulipanes que son un manjar para los roedores y para ese amo del jardín, el tejón, que campa a sus anchas cuando le viene en gana, y a pesar de que me afano en cerrarle el paso siempre encuentra algún lugar nuevo por donde entrar. Hace tiempo que ya no planto tulipanes. Este año he comprado algún Eléboro nuevo, una planta difícil de conseguir hasta hace poco en Asturias y que florece durante varios meses desde Febrero y se adapta muy bien a este clima. Todo apunta a que va a ser una primavera espectacular, aunque también de una carrera implacable contra el crecimiento desordenado de las malas hierbas. Así está la Barrosa esta semana. Espero que os guste.

 


Parterre junto a la casa.




Magnolio y Narcisos.


Arces y Forsithya.



Prunus japoneses de flor rosada.



Eléboro y Camelia.





Brezo y Narcisos.



Bergenias en el estanque.









Viburnum y Prunus.








Forsithya y Chaenomeles japónica.



En blanco un ciruelo común.


Berberys "Sunjoy Gold" y Euphorbia mirsynites.






Ciclámenes.

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