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Magnolio Soulangiana y Prunus Pissardii en flor. |
Acabo de
regresar de mi viaje de invierno. Justo cuando me fui, la Barrosa aparecía
cubierta de nieve que apenas duró un par de días, como ocurre casi siempre en
estos últimos años. No ha vuelto a nevar, pero si ha llovido mucho a lo largo
de estos meses y el jardín rezuma agua por todas partes. En la parte baja, una
película acuosa cubre la hierba, y la tierra arcillosa se convierte en una
pasta de barro, muy acorde con el nombre de esta finca. Parece imposible que
las raíces de muchas plantas no se pudran con tanta humedad, y sí algunas
desaparecen, pero la mayoría, incluyendo árboles y arbustos, arces japoneses y
numerosas plantas perennes no parece importarles demasiado. Al contrario,
crecen sin control y tan pronto las temperaturas se atemperan comienzan a lanzar
sus brotes de forma frenética. Es la primavera que puja por todas partes,
especialmente tras este invierno relativamente cálido y lluvioso. En esta nueva
realidad climática, Asturias se “tropicaliza” a pasos agigantados. ¿Quién iba a
pensar, hace apenas 10 años, que las Colocasias, esas plantas tropicales de enormes
hojas, iban a crecer sin inmutarse en la zona de montaña donde está situado
este jardín? No solo prosperan, sino que
amenazan con convertirse en un problema por su propagación descontrolada.
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Magnolia liliflora nigra. |
Practicar la jardinería
implica no solo un aprendizaje continuo, sino aceptar los retos del día a día y
los comportamientos, a menudo dispares, de cada planta según cambia la
climatología y el medio natural. Ya no hay verdades inmutables sobre cómo debe
cultivarse una planta, el tipo de tierra que necesita o el clima. Cuando planté
los primeros arces japoneses en la Barrosa, cada invierno era una hecatombe. Las
ramas y los troncos se partían con la nieve y las enormes heladas de primavera quemaban
las hojas sin compasión. Tan solo un par de ellos sobrevivieron de aquellos
primeros años. Hoy, al contrario, crecen y prosperan sin importarles lluvias o
sequías en esta tierra arcillosa. Lo mismo pasaba con los Liquidambar, Magnolios, Prunus, Cercis y alguno más. El cambio climático
ha dulcificado los extremos de temperatura de la montaña asturiana pero también
los ha hecho más imprevisibles, y la sequía acecha todos los veranos y otoños.
Cada temporada de jardinería es un auténtico enigma. Esa es la realidad.
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Prunus incisa Kojo no Mai. |
Los Magnolios
de flor están imponentes esta semana. Las cabezas de los Narcisos apuntan por
todas partes y se propagan de forma indiscriminada. No así los tulipanes que
son un manjar para los roedores y para ese amo del jardín, el tejón, que campa
a sus anchas cuando le viene en gana, y a pesar de que me afano en cerrarle el paso
siempre encuentra algún lugar nuevo por donde entrar. Hace tiempo que ya no
planto tulipanes. Este año he comprado algún Eléboro nuevo, una planta difícil de
conseguir hasta hace poco en Asturias y que florece durante varios meses desde
Febrero y se adapta muy bien a este clima. Todo apunta a que va a ser una
primavera espectacular, aunque también de una carrera implacable contra el
crecimiento desordenado de las malas hierbas. Así está la Barrosa esta semana.
Espero que os guste.
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Parterre junto a la casa. |
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Magnolio y Narcisos. |
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Arces y Forsithya. |
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Prunus japoneses de flor rosada. |
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Eléboro y Camelia. |
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Brezo y Narcisos. |
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Bergenias en el estanque. |
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Viburnum y Prunus. |
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Forsithya y Chaenomeles japónica. |
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En blanco un ciruelo común. |
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Berberys "Sunjoy Gold" y Euphorbia mirsynites. |
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Ciclámenes. |






















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