martes, 14 de junio de 2022

Ocho arbustos de primavera que florecen bien en la Barrosa y que son adecuados para cualquier jardín del norte.

 


Celindo en uno de los cierres de la Barrosa

Los arbustos de primavera son una pieza fundamental en el jardín atlántico, ya que llenan los parterres y borduras de flores durante un tiempo que va desde Marzo a mediados de Junio y conviven muy bien con bulbos  y cualquier otra planta perenne de floración temprana.  Algunos como el Celindo o la Deucia, se llevan cultivando durante siglos en los huertos de los pueblos y sus flores se siguen utilizando para adornar las iglesias durante Mayo, el mes de las flores en el norte. Casi todos se propagan extremadamente bien por esquejes, crecen en cualquier lugar fértil, al sol o semi sombra y necesitan una poda más o menos drástica tras la floración. La mayoría florecen en blanco o rosa, colores que combinan muy bien con casi todas las plantas que florecen en esta época del año. Cualquiera puede cultivarlos o reproducirlos sin ningún coste, ya que basta una pequeña rama de cualquiera de ellos, tomada en otoño y plantada en tierra arenosa, para que eche raíces en unos meses. Eso sí, hay que tener paciencia hasta que adquieran un tamaño adecuado. Si se podan un tercio de las ramas, se pueden mantener durante decenas de años con gran vigor, así que tienen todas las ventajas y apenas ningún inconveniente.

 

Philadelphus coronarius (Celindo). Original del sur de Europa se lleva cultivando desde tiempo inmemorial en Italia y desde ahí debió distribuirse a casi toda Europa desde hace siglos ya que crece asilvestrado en muchos países. Es un arbusto caducifolio de 1 a 3 metros con hojas apuntadas y flores de un blanco lechosos de unos tres centímetros. Estas flores desprenden un potente aroma que recuerda al azahar y se utiliza abundantemente en la decoración de los templos europeos desde la Edad Media. El cultivo es extremadamente fácil y conviene podarlo todos los años. Suele crecer de una forma algo desordenada con ramas arqueadas, así que una poda de formación es básica para darle una forma más armoniosa. Florece desde principios a finales de Mayo y prefiere una situación soleada. En el norte no precisa riego en todo el año y tan solo necesita una tierra medianamente drenada para florecer todos los años.

 


Celindo en floración. El perfume de las flores recuerda al del azahar.


Deutzia scabra (Deucia). Este arbusto, como el anterior, de la familia de las Hidrangeaceas, es también muy común en los huertos y jardines de Asturias al menos desde el siglo XX. La familia de las Deutzias comprende más de 50 variedades, aunque la primera que se empezó a cultivar en los jardines fue la Deutzia scabra que, proveniente del Japón y China, llegó a Inglaterra hacia 1830 y de allí se extendió al resto de Europa. También alcanza unos tres metros de altura. Las ramas son arqueadas y las flores se desarrollan en panículas de un blanco intenso o rosado. También es un arbusto muy fácil de mantener y propagar. Desde hace años existen múltiples variedades, algunas de flor doble y de mayor tamaño, se venden abundantemente en casi todos los viveros de Europa.  Tiene un olor ligero, menos perfumado que el Celindo. Crece bien al sol o en semi sombra, en casi cualquier lugar. Otro arbusto muy fácil de mantener y seguro, que florecerá año tras años sin tregua.

 


Las flores de la Deutzia tiene tintes rosados y un ligero perfume.




Viburnum –opulus, plicatum, lantana, tinus- (Viburno, Bola de nieve). Es un arbusto muy utilizado en jardinería desde hace bastante tiempo. Originario de las zonas templadas del hemisferio norte es un arbusto de la familia de las Caprifoliaceas. En la Barrosa cultivo 4 variedades de Viburno, uno de ellos de hoja perenne.

Viburnum opulus (Bola de nieve) el más común de todos. Crece muy bien en el norte, especialmente en tierra arcillosa y húmeda. Se cultiva por sus grandes flores en forma de pompón de un blanco de nieve. Florece con profusión, sin perfume, y sus flores son muy duraderas. Muy fácil de cultivar y reproducir y muy presente también en huertos y jardines desde hace bastantes años.






Vinurnúm lantana: Parecido al anterior, aunque las flores son en forma de panículas de color blanco, que más tarde se convierten en bayas rojas. Igual de fácil de cultivar y reproducir que el anterior. Durante el otoño, las hojas de ambos arbustos tienen una fuerte coloración carmín, lo cual acentúa su atractivo.


Viburnum plicatum mariessi. Es un arbusto procedente de China muy utilizado en jardinería. La variedad “mariessi” es un arbusto muy llamativo, que crece por niveles, a modo de pagoda. Florece con unas panículas de un blanco inmaculado, muy vistosas y duraderas. Apenas necesita poda más que un ligero mantenimiento. Crece bien al sol o en semi sombra en terreno fértil. Es un arbusto algo más delicado que los anteriores y algo más difícil de reproducir. Un arbusto muy útil al lado de una pared o debajo de otros árboles más grandes. Hay variedades de flor rosada también.





Viburnum tinus (Durillo). Es un arbusto de hoja perenne, al contrario que los anteriores. Muy popular como seto. Florece antes, entre Enero y Abril. Sus flores son muy olorosas. Se puede utilizar en topiaria, para darle forma, ya que admite muy bien la poda. En la Barrosa los utilizo principalmente en forma de bolas para dar estructura al jardín.

 

Spiraea nipponica Snowmound. Es un arbusto nativo del Hemisferio Norte, con casi 300 variedades, las más comunes proceden de Japón y China. Dentro de las Spiraeas que florecen en blanco está esta variedad “Snowmound”. Crece de uno a dos metros en casi cualquier lugar fértil. Crece en forma de montículo, con ramas arqueadas que se llenan de pequeñas flores sin olor en Mayo. Muy fácil de cultivar y reproducir. Conviene podar tras la floración y  se le puede dar forma de bola ya que las flores salen en madera nueva cada año. Otro arbusto muy útil en el jardín de primavera.



Weigela florida. Es un arbusto de la familia de las Caprifoliacea procedente de Asia (China y Japón). Muy utilizado en la jardinería desde hace bastante tiempo, crece hasta los dos metros de altura y florece entre Abril y Mayo profusamente. Hoy existen numerosas variedades, la mayoría híbridos, y con flores que van del rojo al rosa. También existen variedades con hojas variegadas o púrpura. Extremadamente fácil de cultivar y reproducir en casi cualquier tierra y situación. Aunque necesita el sol para florecer, los de hoja variegada prefieren la semi sombra para que sus hojas no se quemen. Otro arbusto muy útil en el jardín de primavera.

 



Weigela florida y Viburnum opulus.


Wiegela florida variegata.


Physocarpus opulifolius “Little devil”. El Physocarpus es un arbusto originario de Norte América que últimamente se ha popularizado mucho en los jardines, dado el gran número de variedades con hojas de diferentes colores que van del purpura al amarillo limón o incluso con variegaciones y mezclas de varios colores. Crece bien en casi cualquier parte, incluyendo la sombra total. Aguanta temperaturas extremas y se reproduce con gran facilidad. La variedad Little Devil es una forma más o menos enana y que alcanza un metro de altura. Tiene flores pequeñas de color rosado que llenan sus hojas arqueadas en Mayo. Se puede podar hasta la base para incrementar el color de la hoja, o dar podas ligeras. En la Barrosa las hojas aguantan todo el invierno sin caerse, como si fuera perenne, lo que da una idea de su resistencia al frío. Un arbusto novedoso que llama la atención en cualquier jardín.







Cornus Kousa (Cornejo coreano). Este pequeño arbolito o arbusto (en la Barrosa parece que no va a crecer más de los dos metros) proviene del este de Asia y, aunque crece principalmente en terrenos ácidos y húmedos, parece haberse adaptado al terreno arcilloso del jardín después de bastantes años, ya que crecieron de unas semillas que compré por Internet. Florecen en blanco intenso, aunque las flores van volviéndose rosa después de un tiempo. Duran algo más de un mes, mientras van convirtiéndose en bayas de color rojizo que se comerán los pájaros en otoño. Es un arbolito muy vistoso y ya hay variedades de varios colores y varios tamaños de flor. Si el terreno de tu jardín no es ácido, crecerá con bastante lentitud. No le gusta demasiado el sol así que se puede plantar en semisombra o debajo de otro árbol más grande. La mejor forma de reproducirlo es por semillas que se pueden comprar por Internet en muchas partes. No necesita poda alguna.





Crataegus laevigata "Paul`s Scarlet" (Espino rojo). Este pequeño espino rojo que puede llegar a los 4 o 5 metros de altura, es uno de los mejores arbolitos (también se puede cultivar como arbusto) de floración primaveral que conozco y, ciertamente, llamará la atención en cualquier jardín, por su intensa floración roja. Es fruto de numerosos cruzamientos realizados en Inglaterra durante el siglo XIX. Yo compré el primero de ellos hace ya unos 15 años y he realizado numerosos injertos en espinos nativos de floración blanca, muchos de los cuales he regalado. En la Barrosa quedan dos que florecen profusamente cada primavera, entre Abril y Mayo. Crecen bien en casi cualquier terreno, al sol o en semisombra. Conviene podarlos en invierno para darles una forma redondeada y controlar la altura. Se puede comprar en Viveros o hacer injertos sobre cualquier espino de los que crecen con profusión en el norte del país en casi cualquier parte. Un arbolito muy recomendable por su crecimiento contenido, su floración, el color de la hoja amarillo intenso de sus hojas en otoño y la ausencia de enfermedades.









martes, 7 de junio de 2022

Ruta desde el Parque de Anaga (Cruz del Carmen) a Punta Hidalgo (Tenerife)

 


Caminando por el Parque de Anaga, Reserva de la Biosfera.

En los años ochenta, cuando yo residía en Tenerife,  no existía tal cosa como el Parque rural de Anaga, Reserva de la Biosfera por la Unesco desde tan solo desde 2015, pero recuerdo perfectamente que, cuando me embargaba la nostalgia y el recuerdo de las montañas de Asturias, solía conducir hasta el macizo de Anaga y perderme por alguno de sus bosques de “laurisilva”, sintiendo el roció empaparme la cara y la niebla envolviendo los fantasmales brezos arbóreos cubiertos de líquenes, los acebos o las hayas. Entonces respiraba feliz porque me recordaba a mi tierra y adoraba la enorme belleza de ese bosque que no ha cambiado durante milenios.  Hoy, al fin, las islas se han llenado de parques y reservas naturales, y las rutas de montaña son uno de los grandes atractivos del turismo en casi todas las islas. Es un gran tributo a su extraordinaria naturaleza, una apuesta por el valor de su paisaje y una enorme atractivo para los millones de visitantes que, además de playas, pueden disfrutar de un paisaje y de una forma de vida únicos.



Barrancos y terrazas de cultivo cerca de Carboneras.

 El parque natural de Anaga con algo más de 45 mil hectáreas de bosque de laurisilva, tiene una antigüedad estimada de unos 6/9 millones de años y es una reliquia viva del Terciario. Es un bosque único, del que quedan muy pocos restos en Europa, y cumple una enorme función por su acumulación de agua, flora autóctona y animales, además de por su belleza. Nada más entrar en uno de estos bosques, nos asombra esa extraordinaria conjunción de árboles de troncos retorcidos, líquenes y helechos, además de la humedad y frescura que se respira. Situado a unos 950 metros de altura, en la parte norte de la isla, aún quedan un buen  número de pueblos y caseríos perdidos entre la vegetación y los barrancos, que hasta no hace mucho sobrevivían de sus rebaños de cabras y de una escasa agricultura en terrazas muy productivas, construidas en empinadas laderas cuyo acceso pone los pelos de punta a cualquiera. En los años ochenta frecuenté algunos de estos pueblos a los que entonces todavía no había llegado el turismo ni por asomo. Hoy no han cambiado mucho, pero si es cierto que el turismo ha traído muchos recursos y la vida debe ser bastante mejor de la que yo recordaba.

 


Cuevas abandonadas y vegetación cerca de Chinamada.


Sendero rodeado de chumberas en dirección a la costa.

El parque de Anaga cuenta con un buen centro de visitantes donde te dan información sobre todas las rutas posibles, además de los correspondientes mapas. Se han restaurado decenas de caminos con varios siglos de antigüedad y se han construido otros nuevos. La mayoría de ellos conducen hacia la costa o hacia la ciudad de la Laguna, antigua capital de la isla. Hay rutas para todos los gustos y capacidades. La que yo he hecho en esta ocasión lleva desde el lugar llamado Cruz del Carmen, donde se sitúa uno de los centros de interpretación, hasta la costa en Punta del Hidalgo, un lugar antiguamente desolado y muy aislado en la parte norte de la isla. Son unos doce kilómetros de caminos con un importante desnivel y que cubren una gran variedad de paisaje  de una gran belleza. El desnivel y los abruptos caminos te dejan bastante extenuado pero creo que merece la pena y está al alcance de casi todo el mundo. En la ruta hay una desviación hasta el pueblecito de las Carboneras que esta vez no hice ya que lo conocía de muchos años atrás, pero si atraviesa el caserío de Chinamada, un pueblo donde la mayoría de los habitantes viven en casas cueva y que lleva habitado desde hace cientos de años, desde mucho antes de la conquista en 1506. La flora cambia permanentemente y aunque febrero no es el mejor momento para ver plantas en flor, si he encontrado algunas que os pongo en estas fotos. Espero que disfrutéis conmigo de esta ruta y os animéis a hacerla si visitáis Tenerife.



Turistas caminando por el parque de Anaga.



Tras media hora caminando por el oscuro bosque de laurisilva, se sale a la luz cerca de Casas del Río.


Sonchus canariensis una planta arbusto de la familia de las Asteraceae.



Pequeños pueblos y caseríos perdidos por los barrancos.



Esta preciosa campanulácea se llama Canarina canariensis y abunda por toda la ruta.


Otra planta que se encuentra en la ruta y florece en color salmón es esta Isopléxis canariensis. Todas son plantas autóctonas.



Un caserío abandonado antes de llegar a Chinamada.



Las chumberas o tuneras, tan abundantes en las islas, son plantas invasoras, y se trajeron para el cultivo de la cochinilla en el siglo XIX, un insecto del que se obtenía un tinte muy valioso para la industria textil.



Sendero bordeado de Sonchus y Oxalis pes-caprae. Desde aquí ya se ve el mar.



Otra planta muy vistosa en el camino, Pericallis tussilaginis.



Vista del poblado en cuevas de Chinamada.


Pequeño drago en Chinamada.



Las casas en Chinamada tiene una parte exterior y otra excavada en la misma roca.



Plaza e Iglesia de Chinamada.


Casas y terrazas de cultivo. Estas pequeñas terrazas pueden dar hasta tres cosechas de patatas al año.



Camino excavado en la roca y paredes de piedra volcánica.



Desde Chinamada, se puede ver al fondo el mar y Punta Hidalgo, pero aún quedan un par de horas de camino.






Camino y terrazas de cultivo que descienden hasta el mar.


Roque de los Pinos. Al fondo se ven terrazas de cultivo en lugares casi inaccesibles.


Aspecto del camino de bajada, bordeado de vegetación.



El camino discurre a gran altura sobre los barrancos.


Al fondo Punta Hidalgo, cubierto de invernaderos. Aunque durante siglos fue un lugar inhóspito y pobre, hoy gracias a la abundancia de agua en el barranco, ha florecido la agricultura y el turismo.
 


Tabaiba cubierta de líquenes, lo que indica la abundancia de humedad, a pesar de la aparente sequedad del terreno.



Paisaje de rocas volcánicas cubiertas de vegetación en las cercanías de Punta Hidalgo. Cardones (un tipo de Euphorbia) y tabaibas son parte importante de la flora de esta zona.





Camino excavado en la roca, en dirección a la costa.


Roques al lado del mar, en la llegada a la costa.






Mirando hacia atrás. Durante siglos este fue el único camino de los habitantes de este zona costera para llegar a la capital de la isla, La Laguna.