viernes, 9 de diciembre de 2016

Caminos de otoño

Camín del Regueru (Corraina´l quentu)
Decía F. Kafka que "la vida es como un camino de otoño. Tan pronto como se barre vuelve a cubrirse de hojas". Aún así , hay pocas cosas más hermosas en estas fechas que los caminos de otoño que rodean, cruzan y envuelven los pueblos y aldeas asturianas. Sobre todo porque tienen nombre y porque han sido transitados durante cientos de años por personas que con su vida a cuestas iban y venían de un lugar a otro. Todos los caminos llevan a alguna parte, sin duda. A veces tan solo a un prado perdido en medio del bosque. Otras a una pequeña aldea con las casas en ruinas y en absoluto silencio. Muchos de los caminos hace tiempo que se han cubierto de maleza y son intransitables. Otros se mantienen a duras penas, nadie sabe porqué, después de haber sido hollados durante generaciones y abandonados después a su libre albedrio. Todos tienen una belleza especial. Caminar sobre ellos produce en el viajero esa sensación de llevar el tiempo a sus espaldas. !Tanto pesa el tiempo!. Nada hay más hermoso que sentir tus pasos sobre la hojarasca seca en medio del silencio del bosque ....y recordar el paso del tiempo. Os animo a recorrerlos. 
 
Camín de la fuente la Maea.

Camín del Reteyeru.

Camín de la Viesca (casería)

Castaño quemado por un rayo en el Camín de Conforcos.

Camín Conforcos-Cuérigo (antigua ruta del camino de Santiago por Aller)

Establo en el camino de Conforcos a Llamas.
Camín de Llamas a Conforcos (Mata real)

Camín de Llamas a Conforcos.

Camín de Cuérigo a Llanos (Camín del Ende)

Camín de Llamas a Cuérigo (orilla del río Aller)
Camín de Valdeberruga (caserío)

Caserío de Valdeberruga (vacío)

Casas en Valdeberruga.

Hórreo en Valdeberruga.

Camín del Paciguelo.
 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Momentos de otoño en la Corraina´l quentu

En medio de los árboles y de la empinada ladera aparece el tejado de la Corraina´l quentu.
Para aquellos que llevan siguiendo este blog desde hace unos meses probablemente vieron en primavera una entrada sobre este lugar: una casería típica en la montaña asturiana. Es una finca con una cabaña, establo para el ganado y varios prados que pertenece a mi familia y que recuerda aquella época en que casi todos los habitantes de esta zona dependían del ganado para sobrevivir.
 
Esa época ya ha pasado y muchas de ellas están ahora abandonadas y con las paredes de sus cabañas y establos en ruinas. Durante la época del boom inmobiliario algunas caserías por esta zona se vendieron a gente joven de las grandes ciudades: Madrid y Barcelona que pensaron en rehabilitarlas para pasarse temporadas aquí en la montaña asturiana, en contacto con la naturaleza. Desgraciadamente son pocas las que tuvieron una vida mejor. Muchos de aquellos que compraron estas propiedades se fueron también con la caída del ladrillo y ya no volvieron más. Así son las cosas en este país.

La Corraina todavía sobrevive, a duras penas, la invasión de la maleza y el abandono, aunque los prados ya no son lo que eran. Es un terreno seco y empinado con unas vistas magníficas a los puertos de montaña de Vegarada y San isidro. Alrededor de la cabaña hace años que mantengo algunos arbustos recortados como veis en las fotos. En otoño el paisaje tiene esa melancolía que produce los colores amarillentos de las hojas y la luz sesgada que ilumina los prados y las montañas lejanas. Este año el otoño ha sido más lluvioso de lo habitual con lo cual las hojas nunca alcanzaron esos colores dorados de otras veces. Luego llegó la nieve, demasiado temprano, y los árboles se desnudaron en pocos días. Os dejo unas fotos de algunos momentos de este otoño. Espero que os gusten.

Camino con fresnos y piceas recortadas.

Más arbustos recortados incluyendo varios acebos en forma de bola.


La parte en torno a la cabaña está separada del resto de los prados por una "seve" de madera para que el ganado no  entre en esta parte.
 

 
Entrada a la cabaña y fuente.
 


 
En torno al establo hay una parra salvaje muy antigua.

Establo para el ganado.


Cerezo de gran tamaño en medio de uno de los prados.


Vista de la cabaña. Al fondo el macizo del Pico torres con nieve caída estos días.

El árbol de hoja roja es un liquidambar plantado muy pequeño hace años.

Fresnos y piceas recortadas.

Caballos pastando.

Este liquidámbar tiene una magnífica coloración otoñal y ha sobrevivido sin ningún cuidado en un terreno extremadamente seco en verano.

Fresnos centenarios.


El pico Torres a través de uno de los fresnos.
 


Interior de la cabaña.

 
Las montañas nevadas del fondo es el Puerto de Vegarada.

El Torres (2.104 metros) es la montaña emblemática del concejo de Aller por su forma piramidal casi perfecta.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hayedos y setas

Bosque de hayas (fayeu)
En las parte alta del concejo de Aller y cerca del Jardín de la Barrosa, son comunes los hayedos en la parte sombría de las laderas de la montaña. En general las hayas en estas latitudes, suelen crecer a partir de los 600 metros de altura y llegar hasta los 1.400 metros. Por debajo de ese nivel lo común son los bosques de castaño o de roble. El haya (Fagus silvatica, "faya" en asturiano) crece bien en toda la cordillera Cantábrica y en los Pirineos siendo más escasa en el resto del país.
 
Es un árbol que puede alcanzar gran altura, mas de 40 metros, y un tronco considerable, a menudo retorcido por las
Fagus silvatica atropurpurea en mi jardín.
inclemencias del tiempo. En zonas húmedas crece con bastante rapidez y sus raíces se extienden, bastante superficiales, por debajo del mantillo de hojas, incluso en terrenos bastante pobres. Los bosques de hayas suelen tener un sustrato bastante ácido, lo que impide que crezcan otras plantas en el sotobosque, todo lo más musgos y helechos, así que son fáciles de caminar. Tienen un encanto difícil de resistir, especialmente en otoño, cuando uno camina sobre el mullido lecho de hojas y los rayos de sol penetran las copas doradas, pero también en los días de niebla y lluvia cuando las formas de los árboles se difuminan y parecen flotar con una misteriosa luz interior.  Conviene no meterse en solitario en uno de estos bosque ya que es muy fácil extraviarse en el interior. Se pierden muy pronto las referencias y pronto todos los árboles nos parecen iguales.

Las hayas se utilizan en jardinería de muchas maneras: como setos, como árboles recortados o  ejemplares únicos de gran tamaño e incluso bonsáis. Se adaptan con bastante facilidad a cualquier terreno. En los países de Centroeuropa los setos de haya son magníficos y necesitan muy poco mantenimiento. También hay hayas con hojas variegadas o de color  púrpura, lo cual añade atractivo para diferentes usos.

La madera de haya es suave y ligera, de color claro. En esta zona se ha utilizado tradicionalmente para la fabricación de madreñas (zuecos de madera que aún se usan diariamente en muchos pueblos), yugos, utensilios de cocina o muebles. No aguanta muy bien la intemperie así que no se  utiliza en el exterior. En la actualidad apenas se utiliza comercialmente más que para leña de chimeneas (IKEA se ha comido la mayor parte de las mueblerías que trabajaban esta madera) lo cual es una pena pero tal vez por eso se conservan hoy en día decenas de hectáreas de estos bosques.

Hace unas semanas acompañe a unos amigos que recogían setas en un bosque de hayas cerca de Cardeo, y aunque yo solo conozco unas pocas variedades de setas y además no había muchas, el paisaje recompensa la caminata. Aquí os dejo algunas fotos.

Un haya de buen tamaño al fondo en el jardín.

Las tres hermanas. (hayas recortadas)

Dos aprendices de bonsái (fagus silvatica)

Dentro del bosque



 
Las setas crecen con rapidez en los troncos muertos y el lecho de hojas caídas.
Recogiendo setas.
Seta no comestible entre musgo.
Setas no comestibles. Desconozco la especie.



Tronco cubierto de líquenes.
 





Cabaña para el ganado.