miércoles, 14 de septiembre de 2022

Parque Nacional de Garajonay. Isla de la Gomera. 2022

 


Un rayo de sol se filtra entre los árboles en el camino hacia el Cedro (Parque de Garajonay)


La primera vez que visité la Gomera fue en 1980, durante mi primer año en las islas Canarias, y el parque de Garajonay estaba aún en proyecto. De ese viaje recuerdo unas carreteras tan inverosímiles que en muchas curvas había que hacer maniobra, con mucho cuidado, y con el temor constante de despeñarse por algún profundo barranco. La bajada al mítico Valle del Gran Rey, en un autobús destartalado, ponía los pelos de punta al más templado. Al final del valle había unos pocos hippies acampados en una playa de arena negra tomando el sol desnudos. Al amanecer solíamos caminar por los caseríos del estrecho valle, entre pequeñas casas de piedra y  huertos de palmeras y vegetales. Casi siempre había algún muchacho que subía con los pies descalzos palmera arriba y bajaba con un recipiente de savia con el que hacían el famoso sirope o, una vez fermentado, un licor dulzón que te dejaba atontado. El valle era lo más parecido al paraíso que yo había visto nunca.

 


Los líquenes reflejan la escasa luz del atardecer.

Hoy la isla ha cambiado tanto que casi no parece la misma y, ciertamente, ha cambiado para mejor, mucho mejor. Sin duda uno de los mejores aciertos ha sido preservar ese 10% de los bosques que coronan la isla en este enorme parque de Garajonay, hoy Patrimonio de la Humanidad y reserva de la Biosfera, un lugar único y con una vegetación tan exuberante que en nada tiene que envidiar a la mejor selva húmeda del mundo, para mí, el Parque Nacional de Monteverde en Costa Rica. Salvando la distancia se parecen bastante. Tan solo faltan los quetzales y los monos. Bromas aparte Garajonay es un lugar para perderse en solitario y sentarse a contemplar como la luz va jugando con los retorcidos troncos de los árboles y la niebla esfuma los contornos de los líquenes y los helechos. Sentir la húmeda respiración de las hayas y brezos en la penumbra del bosque es algo que uno debe experimentar alguna vez en la vida. Sentir la fragilidad de toda esa belleza que te rodea, incluido tú mismo, te hace ver el mundo y el futuro de otra manera.

 


Vista desde uno de los numerosos miradores que bordean el parque.


El parque de Garajonay ocupa toda la parte superior de la isla y tiene numerosas entradas y decenas de senderos y rutas para caminar. Una pequeña carretera lo bordea y lo cruza en varios lugares así que es muy accesible. Esta vez tan solo hice un par de rutas pero uno puede pasar semanas siguiendo numerosos caminos marcados hacia los pueblos de las medianías o incluso hasta cerca de la costa. Conviene seguir siempre los senderos marcados ya que es relativamente fácil perderse si uno se sale de los caminos. La vegetación forma lo que se llama un bosque de laurisilva, un bosque húmedo y templado, de especies perennes, que en el terciario cubría casi todo Europa y hoy tan solo quedan unos pequeños retazos en las islas de la Macaronesia. Entre las especies arbóreas destacan los laureles, viñátigos, acebos y durillos. Los árboles a menudo están cubiertos de líquenes y bajo sus copas crecen diferentes especies de helechos. En este tipo de bosque la humedad es constante y la temperatura varía muy poco. Estos árboles recogen las gotas de lluvia de las nieblas que a menudo los cubren y por lo tanto son fundamentales para la vida y el sustento de los habitantes de la isla. El parque tiene un buen centro de interpretación y varios lugares donde sentarse a descansar y comer. En los extremos más bajos aún se pueden ver restos de caseríos, en su mayor parte ya abandonados. He disfrutado mucho haciendo fotos aunque no es fácil dada la poca luz en muchos casos y como casi siempre por no ser lo suficiente previsor para llevar un trípode. Aun así espero que os gusten estas fotos y os animo a visitar este precioso parque.



Vista desde la carretera que conduce al parque.






Desde la misma carretera ya se pueden contemplar magníficas vistas del tupido bosque.



Arboles cubiertos de líquenes al lado de la carretera.






Sonchus aucalis de flor amarilla y Erica arbórea en plena floración
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Arboles cera de Laguna Grande.



    Área recreativa de Laguna Grande.


En esta gran pradera abierta de Laguna Grande hay varias esculturas de madera. mesas y lugares de descanso. También un buen restaurante donde probar comida de las islas.



Desde Laguna Grande partes varios senderos fáciles que permiten ver una parte del bosque de laurisilva. También hay buenos carteles explicativos con las distintas variedades de árboles y plantas endémicas de este tipo de bosque.







En las aberturas más soleadas, a menudo al lado de la carretera se el Tajinaste azul endémico de las islas. 



Magníficos ejemplos de árboles cubiertos de líquenes y musgos.






Pequeños senderos llevan por diferentes rutas y conviene tener claro a donde se quiere ir. Hay buena información al principio de cada ruta.



La ruta llamada bosque del Cedro es una de las más hermosas y uno de los pocos lugares donde se pueden ver arroyos con agua.





Esta ruta lleva a través de algunos caseríos con viviendas que parecen abandonadas en su mayor parte.





Sotobosque con helechos: Dryopteris Oligodonta.



Ermita de Lourdes en medio del bosque.





Saliendo ya en dirección a la costa.


Roque de Agando un monolito de 1246 m. que se puede ver desde muchas partes de la isla.


Pequeños caseríos en las laderas que se acercan a la costa.



Tras abandonar el bosque, una vista de la costa de la Gomera.




martes, 6 de septiembre de 2022

Viajes en el pasado: Indonesia. Yogyakarta y el templo budista de Borobudur.


 


Desde la estupa de Borobudur el verde valle de Kedu envuelto en la niebla.

He hecho tres viajes a Indonesia, el cuarto país más poblado del planeta, y apenas he visto una pequeña porción de este enorme archipiélago de mayoría musulmana, pero con una extensa cultura budista, hinduista, animista e incluso cristiana a sus espaldas. Con 260 millones de habitantes, es sin duda el país culturalmente más variado que existe en el planeta y uno de los más extensos. Su población se haya esparcida por una decena de grandes islas como Bornero, Sumatra,  Sulawesi o Papúa y cientos de otras islas pequeñas. Desde el punto de vista turístico el único lugar que llama la atención es la isla de Bali, que sin duda recibe varios millones de turistas internacionales al año, pero el resto de este enorme país es muy poco visitado por el resto del mundo occidental a pesar de sus enormes atractivos culturales y paisajísticos.

 


Estudiantes hacen de guías y practican inglés entre sonrisas.


Una de las numerosas estatuas de Buda.

Hoy quiero mostraros unas pequeñas pinceladas de Yogyakarta, la antigua capital cultural de la isla de Java y el precioso templo de Borobudur, el mayor templo budista que se conoce, y que se encuentra a unos pocos kilómetros de esta ciudad. Esta ciudad de tipo medio (unos 300 mil habitantes), fue durante unos pocos años capital del país, siendo poco después sustituida por Jakarta. La ciudad aún conserva un régimen especial, siendo la única donde el actual sultán aún mantiene un cierto poder político. Se la considera un gran centro cultural de la antigua cultura budista, de las artes, las letras, la música, la educación y todos los oficios artesanales relacionados con ese pasado. Aún conserva un buen número de monumentos, incluido el kraton o palacio del sultán, y a unos pocos kilómetros en el valle de Kedu, llamado el jardín de Java, se hallan los templos de Borobudur y de Pranbanam auténticas joyas de la cultura budista construidos durante los siglos VIII al XII.

 

La estupa de Borobudur, Patrimonio de la Humanidad, es el mayor templo budista del mundo. Se sabe relativamente poco de su construcción, situada entre 750 y el 850, durante la dinastía Sailendra. Es una gigantesca pirámide de forma cuadrada con una base de 118 metros por lado y seis niveles cuadrados que van disminuyendo de tamaño, y dos redondos que culminan en un templo central donde se encontraba una gigantesca estatua de buda hoy desaparecida.   La estructura tiene forma de mándala y representa la cosmología budista y la naturaleza de la mente. En su construcción se utilizaron más de 55.000 metros cúbicos de piedra y en sus paredes se tallaron varios miles de paneles en relieve que narran toda la historia y creencias de la cultura budista. Sus numerosas capillas se adornaron con más de 500 estatuas de Buda. Escaleras y pasadizos comunican los distintos niveles y el recorrido implica un largo peregrinaje y aprendizaje de las creencias y conocimientos de esta religión o filosofía. Nada está construido al azar y todo en ese gigantesco templo tiene un significado.  Desde el punto de vista arquitectónico es de una asombrosa perfección, hasta el punto de que los numerosos terremotos y erupciones volcánicas que ha habido desde su construcción apenas la han deteriorado. Una muestra de su ingenio son los cientos metros de cunetas y gárgolas y que instantáneamente drenan el agua de las enormes tormentas del monzón. A pesar de su enorme importancia, los templos del valle del Kedu se abandonan hacia el siglo XV, cuando gran parte de la población del país se convierte a la fe musulmana. Algunos arqueólogos hablan también de alguna erupción volcánica que hizo inviable la agricultura en el valle durante un tiempo.


En las calles de Yogyakarta gran parte del transporte es de tracción animal.

A principios del XIX, durante la colonización británica, el templo fue redescubierto por el gobernador inglés Thomas Raffles quien comenzó las primeras labores de excavación de la estupa que se hallaba cubierta por ceniza volcánica y una espesa vegetación al modo de las pirámides mayas. Se tardaron varias decenas de años en descubrirla por completo y durante este tiempo desaparecieron algunas estatuas y grabados. Hoy es uno de los monumentos más visitados del país y sin duda una de las grandes maravillas arqueológicas del mundo. Espero que os gusten estas fotos.

 


El kratón o palacio del actual sultán que hace funciones de gobernador.



El palacio funciona como museo y centro cultural.



La orquesta del palacio en una de sus recitales de música clásica.


Exposiciones del palacio.


La estupa de Borobudur está construida sobre una colina.


La estupa tiene forma piramidal con varios niveles y cientos de capillas en cada lateral.



Las paredes laterales de los pasadizos están totalmente cubiertas de bajorrelieves.


Escaleras de acceso a los pisos superiores.


Dos muchachas me hacen de guía y ciertamente saben muchas cosas sobre el templo.



Entrada a la parte superior donde se hallaba una gran estatua de Buda hoy desaparecida.


Estas pequeñas estupas  se repiten en los niveles superiores.



Dos muestras de los cientos de bajorrelieves que cuentan episodios de la cultura y la religión budista.





El paisaje entorno a la estupa es de una gran belleza también.





Escenas en las calles de Yogyakarta. La ciudad aún conserva numerosos edificios coloniales.






Motos y tuk-tuks en una calle de la ciudad.



La ciudad es un centro del batik, lujosas telas pintadas a mano con motivos geométricos en su mayoría..



El ambiente en las calles es muy agradable y apenas hay turismo extranjero.





Un mercado de la ciudad.