miércoles, 10 de enero de 2024

El templo de Tofuku-ji, justo antes de la explosión otoñal.

 


Vista de uno de los puentes de madera antes de llegar al templo.

En estos tiempos de climatología tan imprevisible, uno propone y la naturaleza dispone. Debería haber llegado a Japón en pleno “momiji”, pero el el tiempo tan caluroso de este otoño del 23, ha retrasado los cambios de coloración de las hojas, al menos un par de semanas, así que no ha sido posible ver este templo en su mejor momento. A cambio de eso tengo una visita relativamente tranquila y con muy poca gente, lo que probablemente será imposible dentro de un par de semanas, ya que Tofuku-ji es uno de los templos más visitados para ver el cambio de coloración de las hojas en otoño. Un “mar” de 2.000 arces japoneses crece con profusión en torno al templo situado al lado de un riachuelo cruzado por varios puentes de madera desde los que se contempla este río de color espectacular.



Jardín de rocas del templo Tofuku-ji

Este gran templo situado al sur de Kioto, en el distrito de Higashiyama, fue fundado en 1236 por el poderoso clan Fijiwara. Su nombre combina el de dos grandes templos de Nara, Todai-ji y Kofuku-je y durante muchos años fue uno de los mayores templos zen de Kioto, sede de la secta budista Rinzai. Como casi todos los templos, Tofuku-ji sufrió numerosos incendios y destrucciones a lo largo de los siglos siendo reconstruido una y otra vez, aunque en el proceso se perdieron un buen número de edificios y hoy su tamaño es mucho  más reducido. La parte central del templo, donde se encuentra la residencia del abad, fue reconstruida por última vez en 1890, y parte de los jardines fueron rehabilitados en 1930 por el famoso paisajista Shigemori Mirei. Es uno de los pocos  “hojo” rodeado de jardines en los cuatro lados, cada uno de ellos con un paisaje totalmente diferente. El que está orientado al sur es el más conocido y sus cuatro rocas gigantes representan las islas Elysias rodeadas de un mar de grava, mientras al otro lado, cinco montículos de musgo simbolizan las cinco montañas sagradas del budismo. Shigemori dio un toque moderno a los tres jardines restantes con figuras geométricas de azaleas recortadas o una especie de tablero de ajedrez de piedra y musgo en uno de los lados

 


Jardín en el Kaisando Hall.

Un poco más arriba está el Kaisando Hall, que sirvió de mausoleo al primer abad del templo con un espectacular jardín en ambos lados, con preciosas linterna de piedra, un bosque de arces, arbustos con  bayas y otros con formas recortadas. También se puede visitar otro jardín de menor tamaño en torno a una casa de té.

 


Pasadizos y puentes sobre el mar de arces.

 El entorno del templo es un gran bosque de arces que crecen en las laderas de un barranco.  Se puede cruzar de un lado a otro a  a través de varios puentes cubiertos de madera oscura con varios balcones y contemplar los tejados de los diferentes edificios sobresalir sobre las copas de los árboles que empiezan a cambiar de color. Sin duda una vista muy hermosa. Espero que os gusten estas fotos.


Cruzando la puerta de entrada al templo Tofuki-ji.


Jardín de piedra seca y musgo en uno de los lados de la residencia del abad.


El jardín sur es uno de los más espectaculares jardines zen de Shigemori Mirei.



Montículos representando las cinco montañas sagradas del budismo.



Las Gigantescas piedras de pie simbolizan las 4 islas Elysias. Las hondas en la grava representa el mar.




Jardín abstracto de las azaleas  en otro de los lados.


Puente sobre el barranco.


En este lado, Shigemori ha realizado un jardín geométrico de musgo, simbólico del paisaje rural japonés.


Puerta de entrada al jardín de la casa de té.


Azaleas recortadas y una gran vasija de piedra.



El jardín desde la veranda de la casa de té.






"Sarcandra glabra" un arbusto de bayas que veo por primera vez.



Colores otoñales en el jardín de la casa de té.


Jardines de musgo y arces con una gran lápida.


Un pino negro trabajado durante años para adquirir esa espectacular forma retorcida de las ramas.


Bosque de Arces japoneses.


Pasadizos de madera en torno al barranco.


Dentro de un par de semanas estos bosques de arces habrán alcanzado una coloración excepcional, pero yo ya no estaré aquí para contemplarlo.






miércoles, 3 de enero de 2024

El templo Kinkaku-ji, o Templo dorado, el icono más representativo de Japón.

 


El templo Kinkaku-ji o Pabellón dorado reflejándose en el lago.

Casi todo el mundo ha visto alguna vez una reproducción del Templo Dorado del Japón en algún lugar. Es sin duda el icono más conocido de este país, al igual que el Taj Mahal lo es de la India o Notre Dame de Francia, por poner algún ejemplo. Es sin duda uno de esos edificios tan emblemáticos, que trasciende culturas y lugares para convertirse en un modelo  estético de belleza y perfección. Al contemplar su reflejo en el lago tuve, al instante, la misma sensación  que me embargó ante el Taj Mahal: una especie de escalofrío que te recorre el cuerpo y la mente ante la sublime belleza de un edificio y un lugar creado por la mano de un hombre de una increíble genialidad. Todas las culturas humanas son diferentes y a lo largo de la historia han producido obras asombrosas, pero tan solo unas pocas en el mundo nos producen esa sensación de vértigo y éxtasis.  Al menos así me he sentido yo.



Lago en torno al templo con varias islas simbólicas de la filosofía zen.

Kinkaku-ji  fue construido en 1397 para servir como  villa de descanso para el Shogun Ashikaga Yoshimitsu. Al fallecer el shogun, su hijo decidió transformar el edificio y los alrededores en un templo zen y ofrecerlo a la secta budista Rinzai. El edificio fue destruido, como muchos otros, durante la guerra Onin en el siglo XV y reconstruido poco después. En 1950, se produjo otro hecho que causó la destrucción del templo de nuevo. Hayashi Yoken, un joven novicio que tenía las facultades mentales mermadas, prendió fuego al templo causando su destrucción. El edificio fue reconstruido de nuevo, en poco tiempo, de forma exactamente igual al anterior. Muchos templos en Japón han sufrido una suerte similar a lo largo de los siglos, ya que al ser construidos totalmente de madera, son pasto del fuego con mucha facilidad, pero casi siempre los artesanos japoneses han sido capaces de reconstruirlos de nuevo, a menudo con los mismos materiales y la misma técnica que llevan utilizando durante siglos. Si bien los edificios se queman con facilidad el paisaje suele perdurar y los jardines, incluidos lagos, árboles, cascadas, islas y piedras, probablemente lleva ahí cientos de años. Este edificio no sería tan hermoso sin este entorno de lagos, pequeñas islas y árboles cuidados durante cientos de años de la misma manera, hasta alcanzar esa forma retorcida que refleja mejor que nada y nadie el paso del tiempo y de la historia.



Reflejos dorados en el musgo y pinos retorcidos semejando bonsáis.

El templo cuenta con varios edificios para residencia del abad y los monjes, dos lagos y un buen trecho de bosque que se pierde entre las montañas. El pabellón central recubierto con delgadas láminas de oro, tiene tres alturas y guarda en su interior estatuas de Buda y reliquias. Está coronado por un pájaro dorado. El ave fénix símbolo de la inmortalidad. El jardín y las islas en el interior de los lagos tienen una gran simbología en la filosofía zen y han servido de modelo durante siglos. Los árboles, principalmente pinos, cultivados y dados forma con  la técnica “niwaki” son de una gran belleza estética. A pesar de la gran afluencia de turistas la visita es muy ordenada y hay tiempo suficiente para disfrutar del templo y de su entorno sin mucho agobio. Espero que os gusten estas fotos y podáis algún día visitar este hermoso lugar.

 


Entrada al templo Kinkaku-ji




Vista general del templo sobre el lago.


Los pinos negros o pino japonés que rodean el templo juegan un enorme papel como símbolo del poder y de la inmortalidad.


Queda un único Iris en flor pero en primavera salen de las aguas llenando el lago de color.




Un pabellón de madera oscura sobresale del templo para la contemplación del lago.


Pinos negros trabajado durante decenas de años con la técnica "niwaki"




Pabellón del abad del monasterio.


Otra imagen del templo y un escultórico pino negro.



Parte posterior del templo


Residencia de los monjes.


Lago superior o Lago Anmin.


Pequeña cascada en el camino hacia la casa de Te.


El musgo parece reflejar el color dorado del templo.


Arroyo de piedras.



Arce y linterna en el lago superior.


Casa de te con tejado de paja en la parte más alta del jardín.


En la parte más alta del jardín crecen arces y camelias.



Una familia caminando por el jardín.



El templo desde la distancia con el ave fenix que corona el tejado.


Ultima imagen, desde la colina, del icónico Pabellón dorado reflejándose en el lago.