jueves, 29 de abril de 2021

Monjes y monasterios en Myanmar (antigua Birmania)


 


Un grupo de niños-monje regresan de su petición diaria de limosnas.

En Myanmar, con unos 55 millones de habitantes, el 90% de la población es budista y, en su mayoría, practicantes y creyentes. En pocos lugares del mundo se puede encontrar una población tan respetuosa e imbuida de los preceptos y creencias de la religión budista, que en gran parte determina su forma de comportarse ante la vida y su aceptación de las numerosas desgracias que les caen encima. Después de 30 años de dictadura militar y de corrupción rampante, continúan siendo uno de los países más pobres del mundo (ocupan el puesto 157 de 196 países en PIB por habitante) y de los más bajos en cuanto al Índice de Desarrollo por su mala calidad de vida o por las escasas posibilidades de hacer  negocio (171 de 196 países).


Un monasterio en las montañas y dos niños monjes en cuclillas.

 

Difícil desentrañar la mirada de este niño
monje y su extraña tranquilidad.
A pesar de todos estos datos tan negativos desde el punto de vista económico y social,  uno no siente malestar cuando viaja por el país. La mayoría de la gente es extremadamente respetuosa, amable y, aparentemente, feliz. Esto en gran parte se debe al amparo y a  la red social tejida por los monasterios y monjes budistas durante siglos, además de a las enseñanzas de esta religión que promueve la aceptación de las adversidades de la vida y el sufrimiento como una especie de prueba a través de la cual se obtienen créditos de “hechos buenos” de cara a una reencarnación más ventajosa en el futuro. No tengo muchos conocimientos sobre la religión budista pero sé que es bastante diferente del resto de las grandes religiones monoteístas. En general el budismo promueve una forma de vivir y comportarse más respetuosa con uno mismo, con los demás y con todos los seres vivos del planeta. También un despego de la riqueza y bienes terrenales a los que considera transitorios y engañosos. A pesar de que, en la mayor parte de los países del entorno, la religión budista va perdiendo importancia en un mundo cada vez más preocupado por la supervivencia y la acumulación de bienes, el escaso desarrollo y contacto con el exterior de Myanmar ha mantenido a su población en una especie de limbo, al menos hasta hace poco.




Esas extrañas bolas doradas son pequeñas figuras de Buda que los visitantes van cubriendo de delgadas láminas de oro puro, una de las ofrendas más frecuentes en templos y monasterios.


En Myanmar hay  más de 50 mil monasterios activos repartidos por todo el país, incluso hasta en los pueblos más insignificantes. Muchos de ellos funcionan como escuelas y centros de salud. Ellos llegan donde no llega el estado ofreciendo ayuda, alimentación y refugio a quien se acerque a sus puertas. Casi todos los habitantes masculinos del país pasan varios meses de estancia en un monasterio al cumplir los 7/8 años. Quien no lo hace a esa edad, lo puede hacer de nuevo al cumplir los 20. Además, muchos hombres adultos, en cualquier estado, pasan temporadas en monasterios, meses o a veces años, con el fin de descansar o meditar sobre su vida. (También hay monjas budistas en Myanmar aunque su número no llega a las 60 mil). Los monjes se busca su sustento saliendo cada mañana a pedir “limosnas u ofrendas”. Para los habitantes del país es un honor y un deber ofrecer cada día a sus monjes un poco de comida o dinero para su mantenimiento. Se calcula que hay alrededor de medio millón de monjes que han tomado los hábitos de forma definitiva. Casi todos se rigen por los mismos preceptos y la gente los respeta profundamente. Los antiguos reyes y dirigentes del país siempre fueron extremadamente respetuoso con sus monjes. Incluso las Juntas militares que han gobernado el país en los últimos años trataron de mantener esta relación creando un Ministerio para los Asuntos religiosos y haciendo grandes donaciones a los monasterios más importantes. Sin embargo, cuando un buen número de monjes se aliaron con el pueblo en las sucesivas revueltas pidiendo democracia, no dudaron en encarcelarlos, torturarlos y en algunos casos hacerlos desaparecer. Últimamente las relaciones con la Shanga (una especie de Concilio de abades que rige la estructura religiosa budista) no han sido muy buenas y el general Min Aung Hlaing, comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, no ha escatimado esfuerzos en repartir dinero y ofrendas a manos llenas por los monasterios con el fin de que los monjes no participaran, esta vez, en la últimas revueltas a favor de la democracia. Parece que de momento ha tenido éxito ya que apenas se han visto monjes en las últimas manifestaciones que dejaron cientos de muertos. Aquí os dejo unas cuantas imágenes de monasterios y monjes que uno se encuentra por el camino cuando se visita este país.



Un diminuto monasterio-escuela en una zona rural



Una estupa vigila el trabajo de los plantadores de arroz.






Un niño monje cruza delante de la tienda del pueblo.



A unos pocos metros del pueblo hay un campo llenos de estupas antiguas cubiertas de vegetación. Construir una estupa es uno de los mayores honores a los que puede llegar un habitante del país. Hay decenas de miles por todas partes.



La forma de una estupa es una manifestación del Buda histórico y cada parte tiene un significado espiritual.



Cielo de atardecer y una de mil estupas.


Pequeño santuario en medio de una charca de lotos.


Un muchacho del pueblo viene a depositar unas flores de loto a la imagen de Buda.


Dos niños monjes salen en bicicleta a comprar algo.

Este monasterio en la cima del monte Popa se llama Taungkalat y es uno de los más sagrados del país.



Se asciende al monasterio a través de cientos de escaleras y pasadizos llenos de monos a la espero de ofrendas comestibles.


Entrada al monasterio en la base de la montaña.




Peregrinos cubriendo con láminas de oro las estatuas de Buda.


El monasterio de Myoe Daung cerca de Mandalay fué construido enteramente de madera de teca a principios del XVIII. 267 postes de madera de más de 60 metros lo sostienen sobre el suelo.


Las puertas de entrada y el interior están bellamente decorados.


El polvo que se acumula en el interior no apaga el dorado de sus altares.



Un grupo de niños asiste a clase en el interior del monasterio.



La decoración de las puertas es magnífica, sin embargo el deterioro es palpable y el mantenimiento es casi nulo. Hay miles de monasterios de teca como este repartidos por todo el país. 



Este monje parece meditar sobre la transitoriedad de la vida  al lado de una preciosa escalera de caracol.



El monasterio tiene varias torres en forma de pagoda.



Monasterio al lado del lago Inle rodeado de flores de loto. De sus tallos se obtiene una fibra más preciada y suave que la seda. La tela obtenida se utiliza en las ropajes ceremoniales de los monjes.



Flores de loto.


En el monasterio Maha Ganayon los dos mil monjes que lo habitan hacen filas para comer  antes de las doce del mediodía. Por la tarde ya no pueden comer hasta el día siguiente.. Es una pena, pero se ha convertido en un espectáculo turístico. 


Sorprende la humildad y tranquilidad con la que aceptan esta rutina en absoluto silencio.





Monjes en el interior del comedor. La mayoría son hombres jóvenes rondando los veinte años. Algunos tomarán los hábitos de forma definitiva, otras regresarán a sus casas para continuar con sus vidas después de unos meses de aprendizaje en el monasterio.


4 comentarios:

  1. Me ha encantado este reportaje, las fotografías son preciosas. Besos.

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  2. Gracias Teresa. Me alegro que te hayan gustado las fotos.
    Un saludo

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  3. Muy ineteresante. Las fotos son preciosas. Se puede apreciar la paz en los rostros de las personas que aparecen.
    Un abrazo

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  4. Gracias Mónica. Me alegra que veas esa paz en los rostros de las personas que se ven en algunas fotos.
    Un abrazo.

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