jueves, 18 de octubre de 2018

Algunas bayas silvestres comunes en el concejo de Aller


Zona alta del Concejo de Aller. Al fondo el pico Torres (2.106 m). En primer término tres acebos con bayas.
 

El otoño es tiempo de bayas y en esto zona montañosa de Asturias, el concejo de Aller, abundan las bayas silvestres. Estas son las más comunes.

La bayas del acebo (Ilex aquifolium) son venenosas para los seres humanos.
 
                             Ilex aquifolium (acebo, carrascu)

El acebo es uno de los arbustos de bayas más conocido en todo el mundo por su asociación con la Navidad, incluso en países donde nunca han visto ninguno. Es un arbusto/árbol de hoja perenne que crece fundamentalmente en las zonas de montaña de Europa y norte de Africa. Es un árbol de crecimiento lento y porte piramidal que alcanza unos diez metros de altura con el tiempo. Sus hojas son duras, de color verde oscuro brillante y el borde algo ondulado y con espinas. La flores en primavera son blancas y diminutas pero solo producirán bayas los árboles hembra.
Antes de su asociación con la Navidad, fue un árbol sagrado para los celtas, y sus ramas se utilizaban durante el solsticio de invierno para atraer la buena suerte en la época más oscura y fría del año.
Sus bayas son venenosas para los humanos pero no para algunos animales que se sirven de ellas para sobrevivir al largo invierno. Es un árbol con una importante función biológica ya que sirve de refugio y alimento a muchos animales salvajes. La madera no es muy útil ya que se pudre con facilidad.
En Aller crece con facilidad en toda la zona montañosa formando a veces espesos bosques donde se refugia el urogallo. Es fácil de cultivar y se poda con facilidad con lo cual es útil en jardinería. En la Barrosa hay varios acebos recortados en forma de bolas y pirámides. Suele crecer con facilidad de semillas (las mismas bayas) aunque a veces tardan varios años en germinar.

Los acebos pueden alcanzar los 10 metros de altura.

 

                       Vaccinium uliginosum subsp. microphyllum (arándano silvestre negro)

Arbusto de arándano azul con la coloración otoñal de las hojas.
El arándano silvestre es otra de las bayas más comunes en este concejo. Crece en las laderas de las montañas siendo más común a partir de los 800 metros donde fructifican con generosidad casi todos los años. Es un arbusto de porte bajo, aunque puede alcanzar los 80 cm de altura, de hoja perenne y ramas débiles. Crecen en grupos formando una espesa alfombra en zonas de tierra de turba o tierra ácida.
Es un arbusto extremadamente útil para la fauna salvaje ya que no solo aprovechan sus dulces bayas azules sino también la hoja en forma de pasto. Las bayas son de tamaño más pequeño que los especímenes cultivados de procedencia americana. Es una fruta deliciosa y extremadamente beneficiosa para la salud. Las bayas se pueden comer directamente de las plantas o hacer con ellas mermeladas y licores. En Aller es una costumbre recolectar estas bayas a finales de Agosto o en Septiembre en los puertos de montaña.
En los últimos años se ha extendido el cultivo de esta fruta en Asturias (vaccinium corymbosum) y en Aller hay al menos una finca que los produce. El arbusto se puede utilizar en jardinería por su porte agradable y su coloración roja en otoño, aunque se necesita una tierra extremadamente ácida.

 



                   Crataegus monogyna (espino blanco, espino albar).

Bayas de espino albar (Crataegus monogyna) de sabor dulce y astringente.
El espino blanco es un arbusto o árbol muy común en todo el concejo de Aller.  Puede alcanzar los 10 metros de altura con el tiempo y crece en casi todos los lugares, sin importar mucho el tipo de terreno. Es un árbol de hoja caduca y de floración blanca en primavera y bayas rojas en otoño. Las frutas de estos arbustos espinosos han sido utilizadas por los seres humanos como alimento y medicina en muchas culturas. Son antioxidantes y se utilizan para mejorar el flujo sanguíneo. Aquí nunca se han cosechado las bayas que tiene un sabor dulce y un poco astringente, aunque si las flores, con la que se hacen infusiones. El árbol es extremadamente útil para los animales, especialmente aves que construyen sus nidos y se refugian en sus ramas espinosas, además de consumir sus bayas.
La madera del espino albar es extremadamente dura y resistente y al árbol se utiliza frecuentemente como cierre para fincas. Es un árbol de crecimiento lento y con el tiempo adquiere una forma retorcida y sinuosa muy atractiva. Se puede utilizar en jardinería aunque hay Crataegus de flores más grandes y coloración roja mucho más atractivos. En la Barrosa hay dos Crataegus laevigata  Paul Scarlet.

Las ramas del espino albar son retorcidas y espinosas.

 

                         Sambucus nigra (sauco común, xabú )

Bayas negras del sauco. Comestibles en mermelada y llenas de vitaminas y antioxidantes.
Es un arbolito o arbusto muy común en casi toda Europa y aquí en Aller crece con profusión al borde de los caminos, en solares abandonados y cerca de riachuelos. Es un árbol de corteza suberosa y ramas con una medula blanquecina. Florece  en grandes racimos blancos que luego se convierten en bayas negruzcas. Es caducifolio y aunque su madera no tiene ninguna utilidad y se considera más bien maleza, si se han utilizado sus flores y sus bayas durante siglos en muchas partes de Europa, sobre todo por sus propiedades medicinales . Con las flores se hacen bebidas y tés útiles para aquellos que tienen problemas de retención de líquidos. Las bayas deben cocerse bien antes de consumirse en jaleas o mermeladas. El resto de la planta, hojas y corteza es venenosa para los humanos y animales. Las bayas son un gran alimento para las aves de todo tipo.
El sauco común tiene poco valor como ornamental pero ya se han producido ejemplares extremadamente atractivos para jardinería tanto del Sambucus nigra como del racemosa, con colores y forma de las hojas extremadamente delicados.
 

                        Rosa canina (rosal silvestre o escaramujo)

Escaramujos del rosal silvestre.
El rosal silvestre, o escaramujo, es otra de las plantas autóctonas que crece con profusión en Asturias. De él provienen todas las variedades de rosales ornamentales utilizados hoy en jardinería. En primavera se llena de unas delicadas y fugaces flores que van desde el blanco al rosa, y que, a finales de verano, dan paso a los frutos, los escaramujos. Éstos permanecen en las ramas hasta bien entrado el invierno, cuando ya se han caído todas las hojas.
Los escaramujos, de color naranja o rojo, son un gran elemento decorativo de nuestros montes, además de constituir una fuente importante de alimento para muchos pájaros y mamíferos a finales de verano y en otoño, cuando ya la comida escasea. Estos frutos tienen una gran cantidad de vitamina C y con ellos se pueden elaborar mermeladas o licores,  aunque no tenemos esta tradición en Asturias.
 
Las escaramujos tienen una alta concentración de vitamina C.

 

 

                 Sorbus aucuparia (serbal de los cazadores, cafreno)

Las preciosas bayas rojas del serbal de los cazadores. Un buen comestible para las aves en otoño.
El serbal que aquí llamamos cafreno, es un precioso árbol que llena los montes de Aller con sus coloridas manojos de  bayas de color coral en otoño, al  tiempo que sus hojas amarillean. Es un árbol caducifolio de tamaño mediano que puede alcanzar los 15-20 m., de corteza blanco grisáceo y hojas compuestas y lanceoladas. Crece en las montañas entre los 1200 y 1900 m. de forma individual, y rara vez forma bosques. En el concejo de Aller suele plantarse al lado de las cabañas en las majadas de verano, principalmente por tradición y por su atractivo.
Los frutos son comestibles pero tienen un sabor ácido y la presencia de taninos las hace desagradables. Además son algo tóxicos, consumidos en crudo. Tienen propiedades astringentes y son ricos en vitamina C por lo que han sido empleadas contra el escorbuto y en algunos países europeos, se hace mermelada y jalea de estas bayas. Son importantes en la alimentación invernal de las aves, en especial los mirlos y zorzales.
Es un árbol muy decorativo en jardinería aunque prefiere los climas fríos. También hay otras especies de serbal más atractivas, con hojas variegadas o muy finas, tipo “dissectum”. También producen bayas más grandes y de otros colores.

Serbales y Acebos en la montaña asturiana.


Las bayas del Serbal perduran en las ramas después de caídas las hojas.
 
                             Prunus espinosa (endrina)

Bayas azuladas del endrino utilizadas para la producción del conocido licor "Pacharán".
El endrino es un arbusto espinoso y enmarañado que crece con profusión en las laderas secas del concejo de Aller y que resulta muy atractivo pos sus bayas azules de sabor agridulce y astringente. Es un arbusto caducifolio que puede alcanzar los 2 o 3 metros de altura. En primavera produce unas florecillas blancas, muy olorosas, pero es en otoño cuando llama la atención por sus bayas.  Este fruto antioxidante con el que se puede hacer jaleas o mermeladas se recolecta en Asturias para producir licores caseros, aunque es en el país vasco donde se ha comercializado con el conocido nombre de “Pacharán”. Desde la antigüedad se han conocido su valor medicinal y se ha utilizado en diferentes preparados para combatir dolores intestinales. No lo he visto utilizar en jardinería aún.

 
Arbusto de endrino cargado de bayas azules.
    Ribes alpinum (grosellero de montaña)
Bayas de grosellero de montaña.

 
El grosellero de montaña es un arbusto de tamaño medio que suele crecer en los montes de Aller, a menudo en peñascales o cerca de arroyos. No es un arbusto excesivamente abundante y suele  encontrarse a menudo en grupos de varios arbustos en zonas determinadas. Suele tener las ramas retorcidas por el viento y la nieve y, aunque es obvio que esta en la base de todos los groselleros cultivados, tanto las hojas como los frutos son más pequeños,  por lo que, a veces, cuando aún no han salido las bayas, son difíciles de reconocer. Las bayas son bastante más amargas que las cultivadas y las aves  las consumen de mala gana, cuando ya no quedan arándanos u otras bayas más dulces. En los puertos de montaña de Aller se encuentran a veces al lado de las cabañas de los pastores, que solían gastar bromas a los visitantes dándoselas a comer y viendo la cara que ponían, estos debido al amargor de la fruta.
 
Ribes alpinum en una zona de montaña.
 


jueves, 11 de octubre de 2018

Viajes en el pasado. Nepal, 1997. Trekking del Anapurna.


Vista del Daulaghiri, 8167 m., en uno de los pocos días de cielos despejados.

No soy montañero ni nada parecido. Desde muchacho suelo caminar por los montes de Asturias y poco más. Los picos y lugares altos me dan bastante vértigo. En 1997, en Nepal, antes de que hubiera teléfonos móviles e Internet, los que viajábamos a esos países lejanos solíamos juntarnos en los bares a escribir postales e intercambiar información. En una bar de Katmandú alguien me convenció de que el Trekking del Anapurna era relativamente fácil, al menos la mitad del recorrido, y se podía hacer sin guía ni porteador. Son ocho días de caminata, y a lo largo de todo el trayecto hay pequeñas aldeas donde se puede pasar la noche en pensiones o casas particulares y comer.  Bastan unas botas y un chubasquero, ya que el verano europeo se corresponde con el monzón, y suele llover un rato todos los días. El paisaje es espectacular y uno va viendo algunos de los picos más altos de planeta como los Anapurna y el Daulaghiri. Hasta aquí parecía bastante fácil y sin pensarlo dos veces cogí un autobús hasta Pokhara. Allí se saca el permiso de trekking y se organizan un poco las cosas.
Recorrido del Trekking del Anapurna que hice.

Parecía fácil pero todo lo que podía salir mal salió y fue una de las experiencias más duras de mi vida de viajero, que pudo rozar la tragedia. Llovió a mares casi todos los días, con lo cual pasé todo el viaje empapado y aterrorizado al cruzar arroyos con el agua hasta la cintura. Me perdí un par de veces. Cogí un gripazo con fiebre alta y me cuidaron en una casa particular durante tres días. Tuve fuertes dolores de cabeza por culpa de la altura para la que no estaba aclimatado, pero conseguí terminar el recorrido. No tenía otro remedio. Una vez comenzado ya no hay vuelta atrás. Y si, también disfruté de uno de los paisajes más hermosos que uno puede imaginar y a ratos pude vislumbrar las cabezas nevadas de algunos de los picos más altos del planeta. Algunos de los lugares y vistas que yo fotografié entonces ya no existen o han cambiado considerablemente. Hoy vuelan a Jomson varias avionetas y helicópteros al día y hay hoteles de 4 estrellas con conexión a Internet. También han construido una pista hasta el templo de Muktinah, a casi 4.000 metros de altura, a donde llegan los turistas en jeeps y camionetas y supongo que los teléfonos móviles tienen cobertura durante gran parte del recorrido. Es el progreso, sin duda, aunque me alegro de haber visto estos lugares cuando todavía dejaban algo para la imaginación.
Permiso obligatorio de trekking.
En el plano se ve el recorrido que hice. Llegué a Jomson en un destartalado helicóptero soviético e inicié la caminata en solitario por el terrible y desolado desfiladero de Kali Gandaki, el más profundo del planeta. Dos días después llegué hasta el templo de Muktinah, el lugar más alto del recorrido a casi 4.000 metros de altura. Continué senda arriba hasta divisar el paso de Thorung-la, y di la vuelta ya que no estaba preparado para cruzar el paso con nieve. Regresé a Jomson entre lluvias torrenciales tras cruzar varios arroyos con el agua helada hasta la cintura y al día siguiente estaba enfermo. Continué hasta Tukuche  con fiebre alta. Decidí quedarme en una casa un par de días a descansar y pasé tres días en la cama atendido por una amable anciana que me atiborró de sopa picante y tisanas de hierbas. Recuperado, inicié el largo recorrido de varios días  hasta Pokhara. Me sentía débil, la mochila pesaba como el plomo y me faltaba la respiración. Crucé bosques de rododendros y decenas de puentes colgantes sobre arroyos desbordados. Continuó lloviendo casi a diario. A veces me cruzaba con porteadores que subían o bajaban a toda velocidad cargados con sus cestas  y siempre me ayudaban a cruzar los arroyos o me indicaban atajos. Un día se me hizo de noche. Me había equivocado en un cruce de caminos. Un pastor me encontró y, más asustado que yo, caminó conmigo hasta dejarme en una casa en el camino correcto. El resto ya es historia como se suele decir.
El helicóptero hasta Jomson..
En total fueron doce días de caminata, ya que el recorrido sube y baja constantemente. La preciosidad del paisaje fue un consuelo, sin duda, aunque reconozco que fui un imprudente. Nunca más volví a hacer un trekking en solitario en un lugar desconocido. Desde entonces Nepal ha sufrido un terrible terremoto que destruyó muchos de los monumentos que yo admiré en aquel viaje. La misma familia real fue tiroteada en su totalidad por uno de sus miembros, uno de los hijos del rey, que después se suicidó, pero la vida continúa. Nepal es uno de los países más hermosos y remotos de este planeta y sus gentes son extremadamente amables. Un lugar para visitar, sin dudarlo dos veces.
Estas fotografías son diapositivas escaneadas y la calidad no es muy buena pero sirven para hacerse una idea de ese viaje del que haré otras entradas más adelante.
Porteadores en el terrible desfiladero del Kali Gandaki. A la vuelta las lluvias del monzón habían incrementado el agua del rio notablemente.

Caravana con porteadores y mulos.



El pueblo de Kagbeni, al lado del río Kali Gandaki donde pasaré la primera noche.
Mujeres en los huertos cerca del pueblo, saludando muy risueñas.

Caminando al amanecer en dirección a Muktinah.

La aldea de Ranipauwa donde pasaré la segunda noche a 3.700 m.

 

Las casas de Ranipauwa con sus banderas de oración en los tejados.

Aquí hay varias pensiones muy primitivas. En los alrededores se cultiva cereal de secano. Es el último pueblo antes del paso de Thorong-La a 5.400 m. El paisaje es extremadamente seco y árido. A la noche las temperaturas son cercanas a bajo cero.

Campesinos recogiendo cereal.

Niñas en el pueblo al atardecer.
Caminando a la mañana siguiente en dirección al templo de Muktinah, cercano al paso de Thorong-la.
Detrás de las montañas más cercanas, asoman la cabeza algunos picos nevados.


Templo de Muktinah, un lugar de peregrinación sagrado para budistas e hinduistas a 3.800 m.

El templo es famoso por sus 108 caños de agua helada, y los peregrinos van mojándose en cada uno de ellos para lavar sus  pecados.

El valle en dirección al paso de Thorong-la.
Camino de la aldea.

Una calle en el pueblo de Tukuche.

 

En una de estas humildes casas cuidaron de mi durante tres días mientras estuve enfermo y con fiebre. El hijo, un niño de unos 12 años, hablaba algo de ingles. Uno de los bienes más preciados de la casa era una gran piedra de sal envuelta en una tela que la mujer sacaba ceremoniosamente para las comidas.

Uno de los muchos puentes colgantes que tuve que cruzar.

Bosque de Rododendros.

Terrazas de arroz a gran altura.

Algunos puentes colgantes, mojados, con las barandillas muy baja, y balanceándose con cada pisada, me causaban auténtico terror.
Los arroyos bajan con una enorme fuerza a causa de las lluvias constantes.

El paisaje de montaña y los pueblos asentados en rellanos es impresionante.
Las cascadas de agua se despeñan por todas partes.


 
Cadenas de montaña y alguno de los Anapurna con sus cabezas nevadas.

Desde una pequeña pensión donde pasé la noche, el macizo del Daulaghiri al fondo.

Mi única foto del viaje, con los Anapurna, Machapuchare y otros picos.